jueves, 31 de marzo de 2016

Francisco Javier Éder: Lima del s. XVIII


El año 1751 desembarcaba en el puerto del Callao un joven sacerdote jesuita húngaro. Su destino eran las misiones en la región amazónica sureña del entonces Virreinato del Perú, una región poco conocida, desdeñada por las autoridades españolas (no había minas de oro ni plata), insidiada por los portugueses traficantes de esclavos, llena de peligros por las enfermedades, las fieras y las desconfiadas tribus indígenas. Ahí permaneció casi 17 años y nos ha dejado un valiosísimo testimonio sobre las culturas amazónicas de esa región.
Francisco Javier Éder nació en Banská Stiavnica, en 1727 (entonces parte del Reino de Hungría, hoy en Eslovaquia). Se hizo jesuita a los 15 años y llegó en 1751 al entonces Virreinato del Perú, siendo designado para las misiones en la región de Moxos (hoy Beni, Bolivia).
Estuvo en Lima, de paso hacia la actual Bolivia, y recorrió dos veces el centro y sur del actual Perú, pero sus observaciones más valiosas son sobre la parte amazónica en la actual frontera entre Bolivia y Brasil, donde describe las creencias y costumbres de los distintos grupos indígenas así como las novedosas plantas, insectos y animales que encontró en aquella región.
Éder estuvo en aquella misión hasta que se decretó la expulsión de los jesuitas, y en abril de 1768 tuvo que emprender el viaje de retorno a Europa, a su patria, donde pocos años después murió (Banská Bystrica, 17 abril 1772).
De vuelta en su patria, Éder había empezado a componer, a petición de amigos, su “Descriptio Provinciae Moxitarum in Regno Peruano”, en la que intentó volcar todos sus recuerdos y experiencias de sus años como misionero en tierras americanas.
Pero, por desgracia, la obra de Éder quedó inacabada (muchas secciones, especialmente de la segunda parte, son casi meras anotaciones de temas que seguramente pensaba desarrollar, a veces en desorden) e inédita debido a su repentina muerte.
Mapa de la región de Moxos, dibujado por Binder a partir de un dibujo de Éder, que aparece en la edición de 1791. Imagen de Gallica, BNF.

El jesuita János Molnár tradujo al húngaro y publicó algunos extractos (1783-1804). En 1791 el jesuita Pál Mako publicó en latín una versión abreviada de las secciones que encontró mejor acabadas y que le parecieron más interesantes y políticamente correctas (esta es la edición que puede hallarse en Internet y es la que uso aquí). (Nota agregada el 30/12/2016: ayer he hallado en Internet el manuscrito original del padre Éder y debo decir que la edición de Malko es una pálida sombra de lo que escribió Éder, al menos respecto a esta sección. Pronto espero publicar secciones del manuscrito original).
En 1888 el obispo y estudioso Nicolás Armentia publicó una traducción al castellano de la edición abreviada.
En época actual el historiador Josep Barnadas ( 2014) publicó una traducción al castellano basada en el manuscrito original, con una erudita introducción e índices, pero sin texto latino (Cochabamba, Revista Historia Boliviana, 1985). En 2009 se ha publicado una traducción del original latino al francés por Joseph Laure, por desgracia tampoco presenta el texto latino (Missionnaire en Amazonie. Récit du dix-huitième siècle d'un jésuite au Perou, en Bolivie et dans les réductions indiennes, París, Harmattan). Solo algunos capítulos en latín-francés han sido publicados en la revista Acta Ethnographica Hungarica.

A continuación algunos pasajes que reflejan como quedaron Lima y los limeños retratados en la mente curiosa de este jesuita húngaro. Todos los textos son de la edición de 1791, de la primera parte, capítulo primero. Conservo la ortografía que aparece en esa edición.

El emplazamiento de la urbe limeña es agradable en sí mismo pero le agrega más gracia el verdor de los árboles, huertos y campos existentes, así como por las aguas del río derivadas por medio de canales por todas partes.
Situs limanae urbis tum per sese amoenus est, tum haud parvam consequitur gratiam a virore adsitarum arborum, hortorum et camporum, ab aquis item e fluvio canalium ope quaqua versus derivatis.
Además la cercanía de [otros] poblados, ante todo el puerto del Callao, distante a solo dos leguas, hace que Lima abunde de productos de todo género, no solo americanos, sino incluso europeos.
Vicinitas porro oppidorum, cumprimis autem portus Callao, duabus duntaxat leucis sejuncti, illud efficit ut Lima, non americanis modo, sed etiam europaeis mercibus generum omnium [p. 9] abundet.
Y la tierra no respondería con avaricia al agricultor, si no fuese que toda la energía de sus pobladores se consume únicamente en la minería.
Neque gleba ipsa avare responderet colono, nisi omnis incolarum industria unice in eruendis metallis consumeretur.

Luego enumera dos azotes que flagelan Lima: los terremotos y el “inmenso ejército” de piques (o niguas, una especie de pulga que se introduce bajo la piel, especialmente en los pies).
Luego anota que aunque dentro de sus muros podrían vivir 600 mil habitantes, sin embargo la población no supera las 60 mil personas. Y agrega sobre la diversidad racial:

..... Entre ellos se estima que son unos seis mil los españoles sin ninguna mezcla racial con los indígenas.
[p. 10] .... Hos inter hispani, nulla sanguinis communione cum barbaris permisti, ad sex mille censentur.
Aquellos, que proceden de matrimonios mixtos entre españoles, indios y africanos, forman la restante multitud que es de tal variedad de colores y nombres que es difícil incluso enumerarlos.
Reliquam turbam illi conficiunt, qui e confusis hispanorum, indorum ac aethiopum conjugiis orti sunt, tanta colorum et nominum varietate ut vel enumerare operosum sit.

Luego observa que las casas están hechas de madera a causa de los frecuentes terremotos y que los techos son planos y sin ninguna clase de mortero a causa de la ausencia de lluvias.
Y sobre las calles y el tránsito:

..... Las calles no están adoquinadas; por eso, para evitar el polvo, así como el ardor del sol, y los hostiles insectos, todos, incluso los pobladores poco adinerados, conducen carros que tienen solo dos ruedas y tirados por un mulo.
[p. 11] ... Plateae caementis instratae non sunt; quare ad vitandos pulveres, solis item ardorem, et infesta animalcula, omnes, etiam mediocris fortunae incolae, praejuncto mulo, vectantur essedis, duabus duntaxat rotis instructis.
El número de tales vehículos fácilmente supera los seis mil.
Numerus hujusmodi vehiculorum sex mille facile aequat.

Y sobre el gusto de los limeños por el arte y su generosidad con los artistas extranjeros:

Respecto a la índole de los limeños, ella está inclinada a todo el saber.
Quod ad limanorum indolem adtinet, est ea ad omnem humanitatem informata.
Admirablemente entienden de pintura, música y las demas artes, y en las que ellos ignoran, acogen a los peritos en ellas con peculiar benevolencia, incluso munificencia.
Mire capiuntur pictura, musica ceterisque artibus, quas cum ipsi ignorent, peritos earundem [p. 12] peculiari benevolentia, immo etiam munificentia, complectuntur.
..... En verdad los limeños merecen esta dignísima alabanza: que todos ellos auxilian con empeño a esta clase de forasteros.
..... Habent enim limani hoc laude dignissimum: quod hujusmodi advenis certatim omnes opitulentur.

Luego describe el lujo de las casas y la ostentación que se hace en los convites “in Europa ipsa inaudito”, y la gran cantidad de adornos y objetos de oro y plata, así como las exorbitantes sumas que las mujeres gastaban en arreglarse.
Le sorprende la vivacidad de ingenio de los niños:

...... A menudo son de ingenio precoz, de modo que los niños de cinco o seis años no tienen menos raciocinio que los nuestros de diez años.
[p. 14] .... Ingenio plerumque sunt praecoce, ita ut quinquennes aut sexennes pueri bilustribus nostris usu rationis non cedant.
No es nada raro que los más aventajados acaben las letras y la filosofía a los trece años de edad, e incluso que hagan defensas públicas.
Literas mansuetiores una cum philosophia tertio decimo aetatis anno absolvere, ac publice etiam propugnare, res est minime infrequens.

Lamenta el autor que este ingenio se pierda y que todo se consuma en la minería y el comercio.
Por último destaca la atracción hacia lo novedoso:

..... Si algo nuevo se importa de Europa, sean unos cuchillos o unas tijeras más elegantes, sean unas cajitas de una forma todavía no vista, y otras mercaderías de ese tipo, verás a toda la ciudad, como sacudida de sus bases, acudir en masa.
[p. 15] .... Siquid ex Europa advehatur novi, si cultelli vel forficulae politiores, si pyxides formae nondum visae, et aliae idmodi merces, videas urbe tota, veluti sedibus emota, concursari.
Nadie se siente contento si no ha obtenido, al precio que sea, alguno de aquellos objetos deleitables.
Nemo se felicem reputat sine rebus hujusmodi ludicris, quantovis pretio, redimendis.
Este autor vio un cofrecito, hecho de cartón, y que entre nosotros sería de poquísimo valor, que fue adquirido al precio de ciento sesenta florines.
Vidit autor noster pyxidem, e papyro confectam, ac apud nos vilissimam, redemtam fuisse pretio florenorum centum sexaginta.


viernes, 26 de febrero de 2016

Año 1238: la capitulación de Valencia


El rey Jaime I, el Conquistador, podemos decir que fue “el hombre adecuado en el momento adecuado” para que los cristianos acabaran con el dominio musulmán en casi toda la zona mediterránea peninsular.
En 1218, siendo apenas un niño de 10 años, Jaime I se libró de la tutela y recibió las riendas del reino de Aragón. Y desde muy joven tuvo un proyecto que seguiría hasta su muerte: arrebatar territorios a sus vecinos musulmanes. La idea era común entre los reinos cristianos de la península pero fue gracias al talante y talento de Jaime y a las circunstancias favorables que en unas décadas (1228-1266) pudo arrebatar Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, Valencia y Murcia.
La circunstancia favorable fue la muerte del califa Abu Yusuf Yaqub “el Victorioso” ( 1199) y la ineptitud de sus sucesores que no supieron frenar el empuje de sus enemigos en la Península ni en el norte de África. La gota que colmó el vaso fue cuando en 1224 el ineptísimo Abdallah al-Adil asesinó al también inepto pero legítimo califa. Su ascenso al poder abrió una brecha mortal entre los musulmanes que apoyaban al usurpador y los que lo combatían. En Valencia, el gobernador Abu Zayd se puso en contra, luego cedió, pero al final fue destituido (1229) y reemplazado por Abu Yumail Zayyán. El despechado Zayd no tardó en pasarse al bando de Jaime y poner a su servicio todo su poder, influencia y contactos. Era el momento oportuno.
El hombre providencial fue Jaime: un poco de talento militar, muchísima habilidad diplomática (o simple astucia) y sobre todo una gran confianza en que Dios le había dado esa misión. Supo capear varias revueltas de sus nobles; con préstamos, botines y promesas mantuvo a flote una economía exhausta por sus campañas militares; tuvo que hilar fino y a veces engañar para movilizar tropas durante largas campañas; supo ganarse (o simplemente corromper) las autoridades musulmanas para conseguir la rendición de muchas ciudades; puso las bases para una convivencia (que a priori parecía imposible) entre sus súbditos musulmanes y cristianos; con gran previsión no buscó depredar los territorios ganados sino que buscó conservarlos y hacerlos prosperar, los dotó de leyes, fueros y propia personalidad política.
Y como soporte de toda este inmenso esfuerzo, talento y equilibrismo político, en cada decisión y ante cada obstáculo, encontramos su terca convicción que Dios le ha entregado todas esas tierras, y por tanto que él debe seguir adelante porque al final le espera necesariamente la victoria. Su convicción fue tan fuerte que entusiasmó y arrastró tras de sí, a veces contra toda lógica, a sus partidarios, acalló y paralizó a aquellos nobles que veían con fastidio o temor sus grandes proyectos con poca ganancia para ellos, e incluso parece que causó mella en la mentalidad fatalista de sus enemigos musulmanes.
Y entre tantas tierras y ciudades conquistadas, Jaime no ocultó que la joya de su corona, la presa más anhelada, fue la ciudad de Valencia: “la mellor terra e la pus bella del mon” (Llibre 128, 2). La ciudad que, cuando temió perderla, lloró (Llibre 168, 6), se enfureció (Llibre 214, 7), pasó noches angustiado (Llibre 237, 1), durante su asedio recibió una flecha en la cabeza (Llibre 266, 4) y cuando por fin vio su señera ondear en Valencia, descabalgó y, mirando hacia oriente, lloró y besó la tierra “per la gran merce que Deus Nos hauia feyta” (Llibre 282, 2).

Batalla del Puig. Temple sobre tabla de Marzal de Sas. En el Victoria and Albert Museum de Londres. Foto de Wikipedia.

Tras cinco meses de asedio, perdida toda esperanza de auxilio exterior y empezando a escasear los víveres, Zayyán, el último gobernante musulmán de Valencia, aceptó rendirse y abrir las puertas de la ciudad. Los detalles de la negociación nos lo ha relatado el mismo Jaime en su "Llibre dels Fets", y puedes leerlo en mi edición de la sección relativa a la conquista de Valencia (actualmente disponible solo en Amazon: visita mi Librería Medieval). Además un ejemplar de la carta de capitulación, escrita en latín, también ha llegado hasta nuestros días, y que exponemos a continuación.

Pergamino nº 734: Capitulación de Valencia
1. Nos, Jaime, por gracia de Dios rey de los aragoneses y del reino de los mallorquines, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier, prometemos a vos, rey Zayyán, nieto del rey Lobo e hijo de Modef, que vos y todos los moros, tanto varones como mujeres, que quieran salir de Valencia, que se vayan y salgan salvos y seguros con sus armas y con todos sus bienes muebles que quieran sacar y llevar consigo, bajo nuestra palabra y nuestra protección, y que estén fuera de la ciudad desde el presente día hasta pasados veinte días seguidos.
Nos, Iacobus, Dei gratia rex aragonum et regni maioricarum, comes Barchinone et Urgelli et dominus Montispesulani, promitimus uobis Çayen regi, neto regis Lupi et filio de Modef, quod uos et omnes mauri, tam uiri quam mulieres, qui exire uoluerint de Valencia, uadant et exeant salui et securi cum suis armis et cum tota sua ropa mobili quam ducere uoluerint et portare secum, in nostra fide et in nostro guidatico, et ab hac die presenti quod sint extra ciuitatem usque ad uiginti dies elapsos continue.
2. Además queremos y concedemos que todos los moros que quieran permanecer en el término de Valencia, se queden salvos y seguros bajo nuestra palabra, y que se pongan de acuerdo con los que poseerán las tierras.
Preterea uolumus et concedimus quod omnes illi mauri qui remanere uoluerint in termino Valencie, remaneant in nostra fide salui et securi, et quod componant cum dominis qui hereditates tenuerint.
3. Ítem, aseguramos, y os damos firme tregua por Nos y todos nuestros vasallos, que de aquí a 7 años no haremos por tierra ni por mar daño, mal o guerra, ni permitiremos hacerlo contra Denia, ni contra Cullera, ni en sus términos. Y si quizás lo hiciese alguno de nuestros vasallos o cortesanos, le haremos enmendar íntegramente, según la magnitud del daño.
Item, assecuramus, et damus uobis firmas treugas per Nos et omnes nostros uassallos, quod hinc ad VII annos dampnum, malum uel guerram non faciemus per terram nec per mare, nec fieri permitemus in Deniam, nec in Cuileram, nec in suis terminis. Et si faceret forte aliquis de uassallis et hominibus nostris, faciemus illud emendari integre, secundum quantitatem eiusdem maleficii.
4. Y para que firmemente se atienda, cumpla y observe todas estas cosas, Nos personalmente juramos y hacemos jurar a don Ferrando, infante de los aragoneses, nuestro tío, y a don Nuñez Sanchez, nuestro pariente, y a don Pedro Cornel mayordomo [del reino] de Aragón, y a don Pedro Fernández de Azagra, y a don García Romeu, y a don Rodrigo de Lizana, e a don Artal de Luna, y a don Berenguer de Entenza, y a don Guillermo de Entenza, y a don Atorella, y a don Assalit de Gudal, y a don Fortún Aznares, y a don Blasco Maza, y a Roger conde de Pallars, y a Guillem de Montcada, y a Ramón Berenguer de Ager, y a Guillem de Cervelló, y a Berenguer de Eril, y a Raimundo Guillem de Ódena, y a Pere de Queralt, y a Guillem de Sant Vicenç.
Et pro hiis omnibus firmiter atendendis, complendis et obseruandis, Nos in propria persona iuramus et facimus iurare dominum Ferrandum, infantem aragonum, patruum nostrum, et domnum Nunonem Sancii, consanguineum nostrum, et domnum P[etrum] Cornelii, maiorem domus aragonum, et domnum P[etrum] Ferrandi de Açagra, et domnum Garciam Romei, et domnum Rodericum de Liçana, et domnum Artallum de Luna, et domnum Berengarium de Entença, et G[uilielmum] d'Entença, et domnum Atorella, et domnum Assallitum de Gudal, et domnum Furtunii Açnariç, et domnum Blascum Maça, et Rogerium comitem pallariensem, et Guillermum de Montecatano, et R[aimundum] Berengarium de Ager, et G[uillermum] de Ceruilione, et Berengarium de Eril, et R[aiumundum] G[uillermum] de Odena, et Petrum de Queralt, et Guillermum de Sancto Vincencio.
5. Ítem, nosotros, Pierre por la gracia de Dios arzobispo de Narbona, y Pere arzobispo de Tarragona; y nosotros los obispos Berenguer de Barcelona, Bernardo de Zaragoza, Vidal de Huesca, García de Tarazona, Ximeno de Segorbe, Ponç de Tortosa y Bernat de Vich, prometemos que cumpliremos y haremos cumplir todas las cosas arriba dichas, en cuanto esté en nuestra mano y podamos de buena fe.
Item nos P[etrus] Dei gracia narbonensis, et P[etrus] terrachonensis, archiepiscopi; et nos Berengarius barchinonensis, P[?] cesaraugustanus, V[italis] oscensis, G[arcia] tirasonensis, Eximinus segobricensis, P[oncius] dertusensis et B[ernardus] uicensis, episcopi, promitimus quod hec omnia supradicta faciemus atendi et atendemus, quantum in nobis fuerit et poterimus bona fide.
6. Y yo, Zayyán, el antedicho rey, prometo a vos, Jaime, por gracia de Dios rey de Aragón, que os entregaré y daré todos los castillos y villas que hay y tengo de esta parte del Júcar, dentro de los antedichos 20 días, exceptuados y retenidos para mí dos castillos: a saber, los de Denia y Cullera.
Et ego, Çayen, rex predictus, promito uobis Iacobo, Dei gracia regi aragonum, quod tradam et reddam uobis omnia castra et uillas que sunt et teneo citra Xuchar, infra predictos scilicet XX dies, abstractis et retentis mihi illis duobus castris, Denia scilicet et Cuilera.
7. Dado en Ruzafa, durante el sitio de Valencia, el 4º día antes de las calendas de octubre, en la era [hispánica] de 1276.
Datum in Roçafa, in obsidione Valentie, IIII kalendas octobris, era Mª. CCª. LXX. sexta.
8. Sig+natura del escriba Guillermo, el cual por mandato del señor rey, en lugar de su canciller don Berengario, obispo de Barcelona, escribió esta carta, el día y año antedicho, con las palabras sobrescritas en la quinta línea.
Sig+num Guillermi scribe, qui mandato domini regis pro domino Berengario, barchinonensi episcopo cancellario suo, hanc cartam scripsit loco, die et era prefixis, cum literis suprapositis in quinta linea.

Este valioso documento se encuentra en el Archivo de la Corona de Aragón. Barcelona. Cancillería Real. Pergaminos, Jaime I, Serie general nº 734. En la web del Portal de Archivos Españoles, en el “Inventario dinámico”, su ficha aparece en el 1695.
Este documento, aunque parezca increíble, no está digitalizado, y no he podido consultarlo directamente. [Nota febrero 2023: ya está disponible y lo he revisado: solo he hecho un par de pequeños retoques]. Para establecer el texto latino he usado las transcripciones que otros han hecho:
1) Francisco Diago, Anales del Reyno de Valencia, Valencia 1613, t. 1, f. 316r - 317r.
2) Memorias de la Real Academia de la Historia, t. 5, Madrid 1817, apéndice a la Disertación de Martín Fernández de Navarrete, p. 166 - 167. Texto del archivero Juan Sans de Barutell que lo confrontó en 1802.
3) Jaime Villanueva, Viage literario a las iglesias de España, Madrid 1831, vol. 17, p. 331 - 332.
4) Charles Romey, Histoire d'Espagne, París 1858 (2ª edición), t. VI, p. 466.
5) M. Flotats - A. de Bofarull, Historia del rey de Aragón don Jaime I, Valencia 1848, p. 265-266.
6) A. Huici - M. Cabanes, Documentos de Jaime I de Aragón, Valencia - Zaragoza 1976, vol. II, doc. nº 273. A través del Arxiu Virtual Jaume I de la Universitat Jaume I.


Pergamino de la capitulación de Valencia


Notas:
En n. 1 se habla de un plazo de 20 días para dejar la ciudad, un plazo poco probable y que está en contradicción con lo que dice el Llibre 280, 2 que se concedió un plazo de 5 días, y que de hecho salieron en solo tres días (Llibre 283, 1). La explicación puede estar en el n. 6 donde el plazo de 20 días se refiere a entregar todas las villas y castillos de la región, lo cual es más lógico.
En el n. 5 el manuscrito pone P[etrus] como obispo de Zaragoza.Pero esto es un error porque Bernardo de Monteagudo fue obispo de Zaragoza entre 1236-1239. Por eso en el texto de Diago y Romey ponen B[ernardus], y así traduzco.
En el n. 7 la fecha es 28 de setiembre y aparece el año 1276 según la llamada “era hispánica”, que era un sistema de datación introducido por los visigodos y que tomaba como punto de partida el año 716 ab Urbe condita, es decir, el año 38 antes de Cristo. Este sistema se usó en los reinos peninsulares durante buena parte de la Edad Media. Por lo tanto si restamos 1276 - 38 = 1238.
En el n. 8 tenemos la nota de quien redactó el documento. Era habitual que al final se indicase cualquier alteración hecha por el mismo escriba (borrado, añadido, sobrescritura, tachado) para garantizar la autenticidad del documento y que en el futuro no fuese alterado. El añadido sobre el quinto renglón es la frase: "per terram nec per mare".

jueves, 28 de enero de 2016

La leyenda de la Papisa Juana (IV): redención


Este es el cuarta (y última) entrada que dedicamos a la leyenda de la Papisa Juana. Hemos visto los testimonios escritos más antiguos que se conservan y su multiforme desarrollo a lo largo del s. XIV, cuando alcanzó su máximo auge. No repasaremos las primeras voces críticas en el s. XV y las primeras refutaciones formales del s. XVI y su reaparición en el mundo protestante.


Ilustración del “De claris mulieribus” de G. Boccaccio, f. 73v, Berna 1539 (E-rara).
Para este última entrada he escogido una versión de la leyenda que aparece en una hoja agregada a un manuscrito del s. XIV, según dice el editor del Chronicon de Martín de Opava: “haec leguntur alia manu conscripta in schedula assuta in cod. 8” (i. e. biblioth. regiae Berolinensis, mss. lat. 4, n. 70, f. 141v - 224v, s. XIV).
Lo peculiar de esta versión de la leyenda es que aquí Juana no muere en el parto, sino que entra a un convento donde vive en penitencia, afirmando el autor que en su tumba se obran muchos milagros, y que incluso su hijo llegó a ser obispo.
Es el más sorprendente desarrollo de la leyenda y (creo yo) expresión genuinamente popular. Aquí el final de castigo es reemplazado por la redención: el oyente no quiere el final trágico y desesperado de la heroína; es más agradable pensar que ella se arrepintió y pudo ver a su hijo convertido en obispo, e incluso que Dios la perdonó, prueba de lo cual son los milagros obrados en su tumba: engañó a todo el mundo, destacó en sabiduría, ocupó el papado, y al final también logró evitar el castigo divino: es el encumbramiento del ingenio, de nuestra ingenua fe que de algún modo, sea lo que sea que hagamos o nos ocurra, al final siempre nos libraremos y todo saldrá bien. Nos gusta condenar enfáticamente el mal, y se espera que tras el delito llegue un castigo, pero cuando el gusto popular detecta que el delito consiste básicamente en tomarle el pelo a los ricos, sabios, santurrones y poderosos, en el fondo simpatiza con la heroína y quiere que viva y triunfe.

Interpolación (fin del s. XIV o principios del XV) en el Chronicon de Martín de Opava, en MGH, SS, t. 22, p. 428-429.
Aquí no se debe olvidar que Juan, el inglés, maguntino de cuna, se sentó [en la sede papal] ... años, 5 meses y 4 días; y [después la sede] estuvo vacante 1 mes y 3 días.
Hic pretermittendum non est quod Iohannes Anglicus, nacione maguntinus, sedit annis ...., mensibus 5, diebus 4; et cessauit mense 1, diebus 3.
Ella, siendo una muchacha, fue llevada a Atenas por un amante suyo. Ahí vistió ropa de hombre de modo que todos la creyeron varón.
Hec, puella existens, a quodam suo amasio Athenis ducta. Ibi in habitu hominis conuersa ita quod ab omnibus masculus crederetur.
De tal modo progresó en las artes liberales y en el estudio de las ciencias que no tenía igual en ningún saber.
In arcium liberalium studio et aliis scienciis sic profecit quod parem in omni sciencia non inueniebat.
Y, viniendo a Roma, enseñaba de modo tan egregio la tercera parte del trivio que los maestros de retórica de Roma se consideraban discípulos de él entre todos los filósofos.
Romamque ueniens, triuii partem terciam sic egregie legebat quod, inter philosophos, urbis Rome rethorice magistri sibi discipuli censebantur.
Y en el cuadrivio mostraba su excelencia no solo de palabra sino por la realización de muchas maravillas. Por su arte y consejo muchos prodigios se hacían en Roma.
In quadriuio uero non tantum sermone sed plurium mirabilium opera se excellentem monstrabat. Cuius arte et concilio multa de mirabilius Rome fiebant.
Finalmente este, elegido papa por unanimidad, superaba a sus predecesores en saber, conducta y obras.
Hic tandem unanimiter in papam electus, sciencia, moribus et gestu predecessoribus preminebat.
Pero al fin, vencida por la fragilidad femenina, fue preñada por cierto diácono, secretario suyo.
Tandem tamen, fragilitate feminea deuicta, a quodam dyacono, secretario suo, impregnata est.
Y ya que ignoraba el tiempo del parto, mientras venía del Laterano hacia San Pedro, en la vía que lleva al Coliseo, asaltada por los dolores del parto, parió en medio del camino.
Et cum ignorasset tempus partus, ueniendo de Laterano uersus Sanctum Petrum, in uia que ducit ad Colliseum, angustiis partus correpta, in media uia peperit.
En memoria de lo cual hasta hoy permanece una inscripción en piedra, y aquella vía se llamó “calle de la papisa”.
Cuius memoria in lapidibus sculpta usque hodie manet, uocatusque uicus ille “uicus papisse”.
Ella, tras ser recluida en un convento y tomar los hábitos, vivió tan entregada a la penitencia que su hijo llegó a ser obispo de Ostia.
Ipsa uero, in continenti deposita et religionis habitu suscepto, tam diu sub penitencia uixit, quod filius eiusdem episcopus Hostiensis effectus est.
Ella, viendo en sus últimos días que iba a morir, ordenó que se le enterrase en el lugar que parió.
Que, cum ad dies ultimos se morituram uidisset, precepit se in eo loco quo peperit, sepeliri.
Pero su hijo, no queriendo tolerar tal cosa, trasladando su cuerpo a Ostia, la enterró de modo honorífico en la iglesia mayor. Y por los méritos de ella hasta el día de hoy Dios opera muchos milagros.
Quod tamen filius eius nolens tolerare, corpus eius, apud Hostiam deferens, in maiori ecclesia honorifice tumulauit. Cuius meritis Deus usque in hodiernum diem plurima operatur miracula.
Pero ya que la genealogía de las mujeres no se inscribe en la historia sagrada, por eso en las crónicas ella no es enumerada entre los papas.
Sed quia mulierum genealogia in sacra scriptura non texitur, ideo in cronicis inter papas non enumeratur.

La vida de la papisa Juana tachado en un ejemplar de la historia papal de Plátina. Hasta ese punto llegó el celo de algunas autoridades eclesiásticas. Pero una leyenda no se puede borrar así.