lunes, 26 de enero de 2015

Un Cuento Medieval

Una fría y oscura noche en los Andes un pastor cuidaba su rebaño, acurrucado bajo una enorme peña para protegerse del viento. Se apagaban las brasas del pequeño fuego que había encendido, cuando de improviso se plantó ante él un ladrón armado con un largo machete. Su escopeta estaba demasiado lejos y sabía que antes de robarle el rebaño el forajido le quitaría la vida. Se incorporó a prisa pero su adversario le impedía cualquier posibilidad de fuga. Entonces el pastor grito con voz potente “Orcotunán, zambo al cuello”. El atacante sorprendido vaciló un instante y miró alrededor. El pastor volvió a gritar más fuerte aún: “Orcotunán, zambo al cuello”. El otro ya alzaba el afilado machete para herirlo, cuando en ese instante de entre las sombras saltó con un rugido sordo una sombra que atenazó mortalmente del cuello al ladrón: era “Orcotunan”, el fiel, inteligente y feroz perro guardián del pastor.
Este relato nos lo narraba (y casi escenificaba) mi padre, como ocurrido a su abuelo. Al hacerlo se insertaba en una tradición narrativa milenaria. Si nos fijamos solo en los relatos cortos, podemos destacar en Grecia las “fabulas”, protagonizadas por animales y objetos inanimados que arrojan una enseñanza moral, como las famosas atribuidas a Esopo. Por otro lado la “mitología” y la “épica”, en el umbral entre la fe y lo ficticio, con multitud de relatos cortos sobre las andanzas de dioses y héroes, por lo general para dar una visión cosmológica, o para adoctrinar moralmente. más adelante, en época romana destacaron las “anécdotas” que narrando un suceso básicamente real, pero casi siempre literariamente retocados, resaltan el carácter de un personaje y además suelen contener un mensaje moral (Véase entrada 16/XI/2011; 18/VI/2012;  26/VIII/2014).
Junto a esos géneros del pasado, en la Europa medieval apareció, sobre todo en autores religiosos, el relato “ejemplar”: un supuesto suceso que mostraba el premio a la virtud y el castigo a la impiedad (Véase entrada 30/X/2012; 28/XI/2012). También floreció la hagiografía, en la que mártires, vírgenes y eremitas relevaban la mitología pagana con sus milagros y hazañas sobrehumanas (véase entrada 4/XII/2013; 22/I/2014). Junto a esos relatos de corte religioso o moralizante, surge las múltiples formas del “cuento”: relatos breves cuya función principal es simplemente entretener (haciendo reír, llorar, admirar o temblar) y en el que los demás elementos religiosos, morales, políticos, históricos, ocupan un puesto meramente decorativo. Por ahí pueden desfilar reyes, princesas, guerreros, moros, judíos, papas, monjes, campesinos, demonios, monstruos, asesinatos, traiciones, heroísmo, realidad, ficción, con la única finalidad de mantener atrapada la audiencia. En el cuento se mezcla lo cotidiano con lo maravilloso: un campesino puede llegar a rey, una mujer es elegida papa, en el huerto de casa puede haber un tesoro enterrado, un pillo puede engañar al demonio. Los límites de lo histórico, lo real y lo posible se mezclan y diluyen con lo fantástico
A veces estos relatos perderán su naturaleza inofensiva original y se convertirán en arma para criticar o ensalzar personajes o instituciones, como por ejemplo el relato de la papisa Juana (véase entrada 25/X/2014), que originalmente debió ser un cuento etiológico para ilustrar e impresionar a los peregrinos que visitaban Roma, y que poco a poco saltó de la ficción y se convirtió en una denuncia contra la corrupción del papado. Otras veces un argumento fecundo en manos hábiles se desarrolló hasta convertirse en “galaxias literarias” como ocurrió con los múltiples relatos sobre Arturo, Roldán y Robin Hood, y su larga galería de personajes secundarios.
Conrado II al saber el destino del niño, ordena matarlo. Ilustración en un manuscrito del s. XIV de la “Nuova Cronica” de Giovanni Villani (Wikimedia Commons).

Veamos ahora un cuento inspirado en la sucesión del emperador germánico Conrado II († 1039) por su hijo Enrique III († 1056). En la realidad fue una sucesión pacífica de padre a hijo, pero en la ficción las cosas fueron más interesantes. El cuento tuvo tanto éxito que tiempo después muchos historiadores medievales creyeron que era cierto.

Gotifredus Viterbensis, Pantheon, 34, en MGH, SS, t. 22, p. 243.

El emperador Conrado II no perdonaba a ninguno que quebrase la paz. Por eso el conde Lupoldus, violador de la paz, temiendo que lo matase el emperador, huye a un lejanísimo bosque y ahí solo con su mujer se escondía en una cabaña.
Conradus imperator Secundus nulli uiolatori pacis parcebat. Unde comes Lupoldus, uiolator pacis, timens occidi ab imperatore, fugit in siluam remotissimam, ibique cum uxore sua solus in tugurio latitabat.
Sucedió que el emperador tras una cacería se alojó ahí por casualidad; y aquella noche la condesa dio a luz un niño.
Contigit imperatorem ex uenatione sua fortuito casu illuc diuertisse; et ea nocte peperit comitissa masculum.
Al llorar este, una voz del cielo dijo: “¡Oh emperador! este niño será tu yerno y heredero”.
Quo uagiente, uox de celo ait: “O imperator! infans iste erit tibi gener et heres”.
Tras oír tres veces esa voz, el emperador se alza al amanecer y a dos criados que halló les dijo: “Id y matad aquel infante [y presentadme su corazón]”.
Hac uoce tertia uice audita, surgit imperator diluculo, et inuentis duobus suis famulis, dixit: “Ite et occidite illum infantem [et cor ipsius representate michi]”.
Aquellos van, cogen al infante, pero apiadados de él, no lo matan, sino que lo ponen sobre un árbol y lo abandonan. En cambio al rey le presentan el corazón de una liebre en vez del corazón del infante. Y el rey los recompensó.
Qui euntes, accipiunt infantem, sed miserti ipsius, non occidunt, set super arborem ponunt atque relinquunt. Regi autem representant cor leporis pro corde infantis. Rex autem eos remunerauit.
Más tarde un duque que pasaba por ahí, encuentra el niño, se lo lleva y lo adopta como hijo.
Transiens postea inde dux quidam, inuenit et deportat infantem, et adoptat eum in filium
Mucho tiempo después el emperador ve en casa del duque al muchacho, y sospecha que sea aquel que mandó matar, y lo toma como vasallo.
Imperator longe post in domo ducis uidet puerum, et habet suspectum ne sit ille quem precepit occidi, et assumit eum quasi pro cliente.
Y le ordena que lleve a la reina una carta suya , en la que ordenaba a la reina que, una vez leída la carta, lo hiciese matar.
Et precipit ut ad reginam litteras suas portet, in quibus precipiebat regine ut, uisis litteris, faciat eum occidi.
El muchacho lo hace ignorando el asunto, y se hospeda en casa de un sacerdote que, mientras él dormía, le sustrajo y abrió la carta.
Puer autem rem ignorans pergit, et in domo sacerdotis hospitatur qui, ei dormienti, litteras subripuit et aperuit.
Y vista ahí la muerte del muchacho, escribió otra carta de este modo: “Cuando veas a este muchacho, oh reina, de inmediato dale nuestra hija en esposa, si amas tu vida”. Y esta carta la volvió a poner en la bolsa del muchacho.
Et uisa ibi morte pueri, alias litteras scripsit in hunc modum: “Cum uideris hunc puerum, o regina, statim da ei filiam nostram in uxorem, sicut diligis uitam tuam”. Et istas litteras reposuit in marsupium pueri.
El muchacho partió sin saber nada; y así de inmediato le fue entregada la hija del rey.
Puer nescius abiit; et ita filia regis statim tradita est ei.

En otra versión el final es narrado con más detalle.

Martinus Oppaviensis, Chronicon Pontificum et Imperatorum, en MGH, SS, t. 22, p. 467
Y después de cierto tiempo el rey lo envió con un carta a la emperatriz, escribiéndole que ella, bajo pretexto de darle una gracia, el día que el joven llegase ante ella, lo estrangulase en secreto.
Et post aliquod tempus misit eum cum litteris ad imperatricem, scribens ut ipsa, sub optentu gracie sue, eo die quo ipse iuuenis ad ipsam ueniret, ipsum occulte suffocaret.
Pero mientras el joven iba de camino, al reposar en casa de un presbítero, mientras él dormía, el presbítero rebuscando su llamativa bolsa, vio la carta del emperador y abriéndola con cuidado la cambió para bien.
Sed iuuene iter agente, cum in domo cuiusdam presbiteri quiesceret, presbiter ipso dormiente curiosam ipsius bursam pertractans, litteras imperatoris conspexit et illas caute aperiens, illi feliciter conmutauit.
Pues borrando “que ese mismo día muera “, puso “que ese mismo día se case con mi hija”.
Nam abraso “ipso die moriatur”, reposuit “ipso die filia mea tradatur”.
Lo cual fue hecho, aunque con gran sorpresa de la emperatriz, a causa de tan imprevisto y sorprendente mandato.
Quod et factum est, licet cum magna ammiracione imperatricis propter tam subitum et stupendum mandatum.
Al saber eso el emperador se quedó atónito. Pero después que averiguó que su verdadero padre, al que el creía campesino, había sido un noble conde, se mitigó su dolor.
Quod imperator percipiens obstupuit. Sed postquam inuestigauit illum uerum ipsius patrem nobilem comitem fuisse, quem rusticum credebat, dolor ipsius mitigatus est.
Este Enrique, después que sucedió a Conrado, construyó un gran monasterio en el lugar de su nacimiento.
Qui Henricus, postquam Conrado successit, in loco natiuitatis sue magnum construxit monasterium.




lunes, 24 de noviembre de 2014

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán

Gonzalo Fernández de Córdoba († 1515) fue el genial militar al cual se debe en gran parte los resonantes éxitos de los Reyes Católicos, primero en la Guerra de Sucesión contra Juana “la Beltraneja” (1475 – 1479), luego en la conquista del reino musulmán de Granada (1482 - 1492), y principalmente en su expansión en el sur de Italia (1494 – 1498 y 1501 – 1504), que es donde pudo demostrar todos sus dotes como estratega. Desde joven fue una persona carismática, lo cual complementaba con su gran liberalidad que era “no solo por encima de su condición social, que era débil, sino incluso por encima de la razón humana”. Su hermano mayor asustado ante tales derroches le escribió para que dejase tales locuras. Gonzalo de inmediato le respondió diciendo: “Hermano Alfonso ciertamente no me arrebatarás la magnanimidad que me dieron los dioses, insinuando el vano temor de la pobreza futura”.
En su vejez, siendo ya primer virrey de Nápoles, también recaerán sospechas sobre sus manejos financieros, esta vez por un airado Fernando el Católico, al ser informado por los cuestores reales que existía gran disparidad entre el gasto real y el justificado. Gonzalo simplemente dijo que al día siguiente presentaría unas cuentas más detalladas. En efecto al día siguiente presentó un escrito en el que solo había dos rúbricas pero con el cual los números cuadraban perfectamente: uno era el dinero dado en limosnas a pobres, sacerdotes y monjas, y el otro dado en secreto a espías con el cual se habían ganado batallas y conquistado el reino de Nápoles. “Entendiendo la argucia, Fernando impuso silencio al infame asunto”.
El Gran Capitán tras la batalla de Ceriñola encuentra el cadáver de su rival Luis de Armagnac. Cuadro al óleo de Federico de Madrazo

Como es habitual con los grandes personajes, alrededor de sus hechos reales se entretejieron dichos y anécdotas que exaltaban su personalidad. Una de esas historias populares era el supuesto amor platónico entre la reina Isabel y Gonzalo, la cual fue recogida por su primer biógrafo, y que fue contemporáneo, el historiador italiano Paolo Giovio († 1552), el cual escribió la biografía hacia el 1525 (aunque no fue publicada hasta 1549). Posteriormente otros autores en diferentes idiomas lo repetirán. Incluso algunos tratarán de buscar esa supuesta mutua atracción entre ambos a los años juveniles. Giovio no dice nada al respecto, pero quizás esa idea la sacaron otros autores de una mala interpretación del pasaje donde Giovio dice que Gonzalo “a regina tenerius adamari”. Teniendo en cuenta que “tener, tenera” puede significar “joven”, algunos pudieron traducir mal y entender que Gonzalo “era amado por la reina desde joven”. O quizás simplemente fue producto de una elucubración basada en la efectiva cercanía de Gonzalo en los círculos cercanos a Isabel.
Un hecho que es indudable es que, al menos tras la muerte de Gonzalo, esos rumores existían, aunque coincidiendo en que se habría tratado de un amor “cortés”, es decir aquella devoción casta, aunque erótica, exaltada en la literatura medieval.

Paolo Giovio, Elogia Illustrium Virorum Vitae, De Vita et Rebus Gestis Consalui Ferdinandi Cordubae Cognomento Magni, Florencia 1549, lib. 1, p. 182-183. (También he tenido en cuenta la edición de Florencia 1551).


No careció aquella victoria de un memorable prodigio, pues no mucho antes que se entregase Granada, saltando la llama desde un candelabro nocturno y atizada por el soplo de la brisa, lamiendo poco a poco las cortinas, devoró de tal modo la tienda de la reina que la espaciosa estancia regia se incendió antes que pudiesen socorrerla echando cubos de agua, quemándose casi todo el ajuar de las habitaciones.
Non caruit ea victoria memorabili ostento; nam non multo antequam Granata dederetur, ex nocturni luminis candelabro flamma emicans et ventilata aurae flatibus, vela sensim lambens, reginae tabernaculum ita corripuit vt regia magni ambitus tentoria priusquam allatis hydriis succurri posset, incenderentur concrematoque toto penitus lectorum instrumento.
La reina casi desnuda se arrojó fuera, y no le quedó absolutamente nada de los selectos adornos femeninos de su ajuar de lino con que cubrirse; pero el rey aunque asustado, tras superar el miedo, en la brillante llama vio un buen presagio de la victoria alcanzada.
Regina fere nuda in apertum se proriperet, nec ei quicquam ex muliebri secretiore cultu linteae suppellectilis quo se contegeret, omnino relinqueretur; rege quidem exterrito, sed mox extra metum posito, paratae victoriae ex elucente flamma omen accipiente.
Entonces Gonzalo, viendo ocasión de alcanzar el favor de la reina, mandó a su mujer [María] Manrique, que estaba en el vecino castillo de Íllora, que entregase a la reina, despojada de toda la necesaria gala de túnicas y mantas, todo lo que ella tuviese de su ajuar nupcial, y la abundancia de trajes de lino del trabajo casero de muchas criadas bordando.
Tum Consaluus, parandae ab regina gratiae occasionem agnoscens, Mauricam vxorem, in proximo Hilorae castello considentem, admonuit vt reginae, toto tunicarum et lodicum necessario ornatu exutae, quicquid ipsa haberet ex mundo maritali, et domestico multarum ancillarum acu pingentium labore linteae vestis copiam largiretur.
No faltó en la opulenta casa de esta generosa mujer más esplendida (si es posible decirlo) que su liberalísimo esposo, cosas para cumplir el deber de una inmensa y pronta generosidad por encima de la expectativa de Gonzalo y el deseo de la reina. Pues en la ofrenda se mandaron rápida y oportunamente tantos y tales adornos femeninos que se pensaría que podían igualar la opulencia regia.
Non defuere in opulenta domo apud generosam foeminam (si dici fas est) ipso coniuge liberalissimo splendidiorem, quae supra spem Consalui votumque reginae immensae atque expeditae liberalitatis munus implerent. Dono enim celerrime opportuneque transmissa sunt tot et tanta muliebris vsus ornamenta vt regiae opulentiae aequari posse censerentur.
Entre ellos habían cortinas de preciosas telas y trabajo, con juntas reticulares, bordado por doquiera con oro y adornado con púrpura en todos los bordes, dignísimos de lechos nupciales de reyes.
In his erant pretiosi operis textilisque materiae conopaea, reticularis commissuris, insutoque passim auro et purpura vndique limbos depingente, nuptialibus regum thoris dignissima.
Y la reina hasta tal punto contempló con mirada feliz los elaborados detalles de camisas, túnicas, mantas y pañuelos de toda clase finísimamente bordados, que aunque juzgándolo un inestimable derroche de arte precioso y delicado, sobre todo quedó admirada por la diligencia y celeridad, ya que esos dones parecían como si hubiesen sido oportunamente previstos y hechos hace muchos años en vista de aquel incendio.
Sed interularum, tunicarum et lodicum sudariorumque omnis generis scitissime acu pictorum operosas amoenitates vsque adeo regina laetis oculis mirata est vt, quum sumptum subtilissimae pretiosaeque artis inaestimabilem iudicaret, vna maxime diligentiae et celeritatis admiratione teneretur, vt ea dona tanquam in eum incendii casum multis ante annis opportune prouisa atque elaborata crederentur.
Al llegar Gonzalo la reina le dijo en broma cariñosamente que el repentino azar del incendio le había redundado a ella en gran beneficio, porque desde su incendiada tienda el inoportuno fuego había invadido con rapaz violencia la casa del mismo Gonzalo.
Superueniente autem Consaluo regina cum eo his erga eum verbis blande iocata est, repentinum eius incendii casum sibi magno commodo cessisse, quod ab incenso tentorio suo importunus ignis in ipsius Consalui domum rapaci violentia peruasisset.
Aquella generosidad, siendo un don inesperado, de tal modo obligó el ánimo de la reina que ella en todas sus conversaciones no dudaba en alabar efusivamente a Gonzalo y anteponerlo a todos en cuanto a valor y gentileza, hasta el punto que muchos creyeron que Gonzalo era amado tiernamente por la reina; sin embargo ella era de una indudable e invencible castidad, y Gonzalo mismo acababa todas las bromas con insigne modestia.
Ea liberalitas, inexpectato munere, reginae animum ita obstrinxit vt ea omnibus sermonibus vnum Consaluum virtutis atque elegantiae nomine cunctis praeferre effuseque laudare non dubitaret, vsque adeo vt nonnulli Consaluum a regina tenerius adamari crederent; quanquam ea esset certissimae atque inpenetrabilis pudicitiae, et ipse Consaluus iocos omnes insigni verecundia terminaret.

sábado, 25 de octubre de 2014

La Leyenda de la papisa Juana (I): las fuentes más antiguas

Una mujer sumamente inteligente, disfrazándose de hombre, logra infiltrarse en la jerarquía católica y alcanzar la tiara pontificia, pero en el ápice de su gloria ocurre un hecho inesperado: durante una procesión la heroína da a luz un niño ante el estupor de todos y muere. Solo el trabajo colectivo de la fantasía popular fue capaz de crear esta versión medieval y femenina de Ícaro que desafía con ingenio los límites celestiales infranqueables, pero que en el mismo momento en que parece haber triunfado, de improviso lo natural y lo sobrenatural se conjugan para hacer fracasar tal osadía.
El lector moderno encontrará sobre este argumento muchos artículos, pero por desgracia casi ninguno (por no decir abiertamente ninguno) se detiene con seriedad sobre los pilares en los que se funda este relato, es decir los textos latinos más antiguos que lo transmiten. La atenta lectura y comparación de los testimonios más antiguos arrojará una luz más clara.
Antes hay que declarar que debe descartarse la presencia de esta leyenda en el Chronicon del monje irlandés Marianus Scotus († 1082), en la Chronica del monje benedictino Sigebert de Gembloux († 1112), en el Liber Pontificalis del  bibliotecario francés Petrus Guillermus († c. 1142), en la Chronica del obispo alemán Otón de Freising († 1158), en la Chronica del benedictino Richardus Pictaviensis († 1173), en el Pantheon del capellán imperial Gotifredus de Viterbo († c. 1198), y en los Otia Imperialia del erudito Gervasio de Tilbury († c. 1235). Me ha parecido oportuno citar nominalmente estos autores, porque todavía en muchísimos artículos se les sigue citando como fuentes de la leyenda de la papisa, a pesar que desde el s. XIX se sabe con absoluta certeza que la leyenda fue agregada en esas obras por otras manos posteriores entre el s. XIV-XVI.

Ilustración del s. XV de la papisa Juana, en J. Enikel, Weltchronik, Cod. Pal. Germ. 336, f. 203r. (Foto de Wikipedia).
 Los textos genuinos más antiguos que recogen esta leyenda por escrito y que han llegado hasta nosotros son de la segunda mitad del s. XIII. El orden en que los cito no prejuzga ninguna relación de dependencia.
A) La primera edición (a. 1250) de la Chronica Universalis Mettensis verosímilmente fue escrita por el dominico Jean de Mailly († c. 1260), y en el manuscrito más antiguo la leyenda no aparece en el cuerpo del texto sino al pie de la página que se ocupa de los papas y emperadores de finales del s. XI. Esta nota fue escrita por una mano distinta a la que escribió el cuerpo, y es difícil saber si fue hecha con aprobación del autor o posterior a su muerte, pero en cualquier caso fue añadida poco antes o después de la muerte del autor. Sea quien sea quien la añade, no lo agrega como un hecho cierto sino que está por verificar.

Chronica Universalis Mettensis, en MGH, SS, t. 24, p. 514:
Indaga sobre cierto papa, o más bien papisa porque era mujer, que simulando ser hombre, por la agudeza de su ingenio fue hecho notario de la curia, luego cardenal, y finalmente papa.
Require de quodam papa, uel potius papissa quia femina erat, et simulans se esse uirum, probitate ingenii factus notarius curie, deinde cardinalis, et tandem papa.
Cierto día, al subir al caballo, parió un niño. Y de inmediato atados sus pies por la justicia romana, es arrastrado de la cola de un caballo, y apedreado por el pueblo a lo largo de media legua.
Quadam die, cum ascenderet equum, peperit puerum. Et statim romana iusticia ligatis pedibus eius, ad caudam equi tractus est, et a populo lapidatus per dimidiam leugam.
Y donde murió, ahí fue sepultado. Y ahí está escrito: “Oh Pedro, padre de padres, tendrás que mostrar el parto de la papisa”.
Et ubi obiit, ibi sepultus fuit. Et ibi scriptum est: “Petre, pater patrum, papisse prodito partum”
Inmediatamente después fue instituido el ayuno de las cuatro témporas, que se llama “ayuno de la papisa”.
Sub ipso institutum fuit ieiunium quatuor temporum, et dicitur “ieiunium papisse”.
Nota: “Prodito” es un imperativo futuro, un matiz del latín para indicar una acción que debe seguir cumpliéndose en el futuro. Su significado es el de “revelar, dar a conocer, hacer público algo”.
Las témporas eran tres días (siempre caían miércoles, jueves y viernes) de ayuno y se realizaban 4 veces al año, más o menos según las 4 estaciones (= tempora).
Abajo a la izquierda puede verse la anotación de la leyenda en la Chronica Universalis Mettensis, BNF Ms. lat. 14593, f. 259r.
 B) El Tractatus de Diversis Materiis Praedicabilis del dominico francés Etienne de Bourbon († 1261), una obra que no es histórica sino una recopilación de historias edificantes para usar en la predicación al pueblo, también incluye esta leyenda. El autor no específica cuál es su fuente, pero muchos estudiosos afirman (quizás demasiado a prisa) que lo copió de la Chronica Universale Mettensis, apoyados en las semejanzas de ambos textos.

Etienne de Bourbon, Tractatus de Diversis Materiis Praedicabilis, pars 5 (De dono consili), art.: de prudentia, (BNF, Ms. lat. 15970, f. 574r).
Ocurrió una admirable audacia, mas bien locura, hacia el año del Señor 1100, según dicen las crónicas.
Accidit autem mirabilis audacia, immo insania, circa annum Domini MC, ut dicitur in cronicis.
Cierta mujer erudita e instruida en el arte de persuadir, asumiendo ropas masculinas y fingiendo ser un hombre, vino a Roma.
Quaedam mulier litterata et in arte monendi edocta, assumpto uirili habitu et uirum se fingens, uenit Romam.
Y dotada de tanto empeño como erudición, es hecha notario de la curia, después, con ayuda del diablo, cardenal, después papa.
Et tam industria quam litteratura accepta, facta est notarius curie, post, diabolo procurante, cardinalis, post papa.
Ella estando encinta, al subir *, parió. Al saber esto la justicia romana, tras atarle los pies a las patas de un caballo, es arrastrada fuera de la urbe, y a media legua fue lapidada por el pueblo.
Hec impregnata, cum ascenderet *, peperit. Quod cum nouisset romana iustitia, ligatis pedibus eius ad pedes equi, distracta est extra urbem, et ad dimidiam leucam a populo lapidata.
Y donde murió, ahí fue enterrada. Y sobre la lápida puesta sobre ella se escribió este verso: “Impide, Padre de padres, que se difunda el parto de la papisa”.
Et ubi fuit mortua, ibi fuit sepulta. Et super lapidem super eam positum scriptus est uersiculus: “Parce, Pater patrum, papisse prodere partum”.
He aquí a que detestable final conduce tan temeraria audacia. Tales son similares al diablo que quiso hacerse semejante al Altísimo e igualar su grandeza.
Ecce ad quam detestabilem finem ducet tam temeraria praesumptio. Tales sunt similes dyabolo qui uoluit sibi usurpare similitudinem Altissimi et sublimitatem equalare Eius,
Nota: Etienne ha omitido en *: “al caballo” (= equum).
Parce” está en imperativo y “prodere” en infinitivo.

C) La primera edición de la Chronica Minor Auctore Minorita Erphordiensi fue escrita por un anónimo fraile franciscano de Erfurt (Turingia), el cual escribió hasta el a. 1265.

Chronica Minor de Erfurt (c. 1265) MGH, SS, t. 24, p. 184
Hubo otro antipapa, cuyo nombre y años de gobierno se ignora.
Fuit et alius pseudopapa, cuius nomen et anni ignorantur.
En verdad era una mujer según declaran los romanos de buen aspecto, gran sabiduría y, en apariencia, de vida ejemplar. Ella se ocultó con ropa masculina hasta que es elegida papa.
Nam mulier erat ut fatentur romani et eleganti forme, magne sciencie et, in ypocrisi, magne uite. Hec sub uirili habitu latuit quousque in papam eligitur.
Y ella durante el papado quedó embarazada, y estando preñada el demonio públicamente en una audiencia reveló el hecho ante todos, gritando al papa este verso: “Oh papa, padre de padres, tendrás que mostrar el parto de la papisa”.
Et hec in papatu concepit, et cum esset grauida, demon in consistorio publice coram omnibus prodidit factum, clamans ad papam hunc uersum: “Papa, pater patrum, papisse pandito partum”.
Nota: “Pandito” es un imperativo futuro, cuyo significa básico es “desplegar, extender, abrirse” y también “dar a conocer, hacer público”. Puesto en boca del diablo por su doble sentido entre blasfemo y obsceno. “Partus” significa la acción de parir, pero también el fruto del parto, es decir la criatura.

D) La historia versificada Weltchronik del poeta vienés Jansen Enikel († c. 1290) también pertenece a esta grupo de textos primarios de la leyenda, pero no lo incluyo porque al estar escrito en alemán medieval sale de nuestro campo.  De todos modos es un texto que no ofrece ningún dato, pues se limita en sus versos a mostrar la paradoja de una mujer (sin dar su nombre) que llega a ser papa. La papisa junto con Silvestre II, que el autor considera siervo del diablo, son puestos como ejemplo de papas indignos. El texto puede verse en: Jansen Enikel, Weltchronik, V, 22285 – 22320, en MGH, Dt. Chron., t. 3, p. 434.

El parto de la papisa. Boccaccio, De Mulieribus Claris, Spencer Collection Ms 033, f. 69v. (Foto de Wikipedia).
Comparación entre los textos
Las semejanzas entre los relatos A) y B) son evidentes, y a partir de esto se afirma que la Chronica Universalis es la primera y única fuente escrita que canalizó la leyenda, y por tanto todos los demás escritos serían reflejo o deformación de ella.
Sin embargo la comparación de A) y B) muestra que hay diferencias que no se pueden explicar con esa hipótesis.

A) Chronica Universalis
B) Tractatus de Etienne
… por la agudeza de su ingenio ….
… erudita e instruida en el arte de persuadir ...

… vino a Roma.
…. apedreado por el pueblo a lo largo de media legua.
…. es arrastrada fuera de la urbe, y a media legua fue lapidada por el pueblo.
“Oh Pedro, padre de padres, tendrás que mostrar el parto de la papisa”.
“Impide, Padre de padres, que se difunda el parto de la papisa”.

Es notable que en A) faltan dos elementos claves de la leyenda: que ella había estudiado y que era extranjera, pues ese vuelo previo a su llegada a Roma es esencial para construir la figura de la heroína y entender su triunfo y glorificación. Es evidente que estos dos elementos Etienne no los pudo tomar de A), y es demasiado suponer que él mismo, al compilar su voluminosa recolección de anécdotas (más de 600 folios), en un rapto genial trazó dos líneas básicas de la leyenda.
Más sencillo y verosímil es pensar que Etienne está copiando, pero no la Chronica Universalis, sino otro texto muy similar, la verdadera primera fuente escrita de la leyenda.
La tercera diferencia parece que confirma esta nueva hipótesis, pues ahí se nota claramente que es Etienne que resume o copia mejor la fuente. Es más lógico el relato que dice que fue llevada a media legua de distancia de la ciudad para ser apedreada ahí, y no que fue apedreada a lo largo de media legua. (Pero hay que notar que en B la frase “cum ascenderet” ha omitido por descuido “equum”, que le da pleno sentido. Es el único pasaje en que A se muestra superior a B).
En este momento incluso podemos pensar que A) copió a B), y no al revés. Sin embargo la cuarta diferencia quizás nos lleve más allá. Ambos epitafios son muy diferentes. El epitafio de A es una cruel burla contra el pontificado, que parece fuera de lugar en un epitafio. En cambio el epitafio de B es más coherente con el tenor del relato: es una piadosa y avergonzada súplica a Dios. Aquí también la jerarquía queda mal parada, pero a nadie le importa aquí las consecuencias teológicas, sino que la atención sigue en la heroína. Ella sigue siendo la protagonista. Es el remate final de su epopeya: ya ha pagado caro su osadía, pero su sombra alargada sigue estremeciendo a la jerarquía. Esta conclusión además sirve para explicar que el hecho no se haya difundido por los canales oficiales. Así mientras más se niegue, más firmemente se arraigará la leyenda en la mente de todos.
El epitafio de A), muy similar al de C), puede interpretarse como un error fortuito al transcribir el relato, cambiando “parce”, por “Petre”, y “prodere” por “prodito”, lo cual habría forzado una nueva interpretación del final.
Otra explicación sería que A) y C) siguen una tradición muy parecida pero con un final distinto al de B). De hecho C) muestra un final bastante distinto, donde desaparece la muerte de la heroína y es el demonio quien le roba el papel protagonista. Lo curioso es que en C) la frase final tiene pleno sentido, pero ya no como epitafio, sino puesta en boca del diablo.
Podemos pensar entonces que el final de A) y C) proviene de otra fuente. Esa otra tradición no tiene porque ser escrita, pues ya que la leyenda gozaba de gran popularidad debían existir distintas versiones orales. Por lo tanto los tres textos que han llegado a nosotros parecen revelar un panorama más complejo y variado.
Pienso que el estudio de la transmisión escrita de los siglos siguientes mostrará que ese rico “humus creativo popular” continuó enriqueciendo con detalles y variantes el núcleo de la leyenda, en pugna o simbiosis con los que quisieron fijarla por escrito y a veces instrumentalizarla (y en esto me parece indudable que el primero es Etienne). Pero eso lo veremos en detalle en otra ocasión.

En conclusión la comparación de los textos más antiguos nos muestra que la transmisión escrita fue más compleja, pues todos escriben en un arco de pocos años y las variantes no se pueden explicar únicamente por una fuente escrita anterior perdida, aunque sin duda ella debió existir. Parece que la leyenda tenía un sustrato oral más variado y extendido que su reflejo en las fuentes escritas. La puesta por escrito sirvió para perennizar la leyenda, pero al mismo tiempo la sometió al “lecho de Procusto” de la ideología de los redactores, los cuales, al copiar, cambiar, o suprimir, intentaron encauzar la “carga explosiva” de la leyenda a sus propios intereses. Siglos después podemos decir que ellos fracasaron en tratar de cabalgar e instrumentalizar la poderosa leyenda fraguada de la inagotable, incesante y variada imaginación popular.