martes, 26 de abril de 2016

La Eliana: Historia de un nombre


La Eliana (en valenciano: L'Eliana) es un pequeño pero simpático pueblo que está a unos 20 km. de Valencia, que se caracteriza por un gran parque, casi en el centro del pueblo, y el gran número y calidad de sus restaurantes, bares, heladerías y cafeterías, que atraen visitantes de toda la comarca.
El nombre de este pueblo, o mejor dicho su etimología, nos ilustra cómo el olvido del latín, que durante siglos formó parte de la cultura de estas tierras, hace que tengamos una visión borrosa de nuestras raíces, o incluso que las perdamos de vista por completo. Y esto no vale solo para Europa, pues el mes pasado vimos que un texto latino (Éder, Descriptio Provinciae Moxitarum) es el más valioso instrumento para conocer una (todavía hoy) remota región de la amazonía boliviana.

Casa de la Juventud y Biblioteca Municipal de L'Eliana. Foto de Bgasco, en Wikimedia.

Volvamos a La Eliana. Cuando en el s. XX este pueblo quiso afianzar su identidad y conocer más sobre su pasado, surgió la pregunta sobre el origen del nombre: ¿era romano, árabe o latín medieval?
Pedro Sucías Aparicio ( 1917) creyó que venía de la unión de “Elías” y “Ana”, santos patrones de una antigua ermita del pueblo.
Francesc Almela i Vives ( 1967) veía una conexión entre “Elia Capitolina” y “Helios”, el dios del sol (conexión errónea porque esta “Elia” proviene del nombre del emperador Aelius Hadrianus que la mandó construir), e imaginaba que Eliana deriva de ahí, por el hecho que es un lugar soleado.
Gaspar Jaen Urban en su libro “Aproximación al Municipio de La Eliana” (1979) recogía otras dos explicaciones: una decía que quizás hubo una villa romana y que el propietario (se aseguraba incluso que habría sido un cónsul) tuvo una hija llamada “Helia”, de donde habría dado en llamarse a este lugar Eliana. La otra imaginaba que quizás hubo algún prior carmelita que se llamaba Elías y que fue famoso y que en su recuerdo la villa se llamó Eliana.
Joan Coromines ( 1997) en su monumental “Onomasticon Cataloniae” todavía acariciaba la idea que Eliana fuese la deformación mozárabe de un antiguo nombre latino.

Icono del profeta Elías en el desierto. Museo de Arte de Yaroslavl (Rusia). Foto de Wikimedia. Elías era considerado fundador del monacato.

La solución correcta ya la había dado el canónigo e historiador Josep Sanchis Sivera ( 1937) en su “Nomenclator Geográfico - Eclesiástico de los Pueblos de la Diócesis de Valencia” (1922) anotando que los frailes carmelitas, que fueron los que ahí establecieron el primer núcleo habitado, solían llamar “Eliana” a su propia orden, por el hecho que ellos pensaban que el profeta Elías era su fundador, e incluso usaban el sustantivo “Eliana” para designar sus conventos.
Aunque el autor apoyaba con argumentos su explicación, no tuvo mucho eco, pues Gaspar Jaen Urbano cita esta explicación como una más entre las muchas que se han dado, sin tomar partido por ninguna. Algo parecido hace Josep Montesinos en su artículo “Patrimonio Cultural y Sociedad en L'Eliana”, en L'Eliana: Historia, Geografía y Arte, Universitat de Valencia 2009. Este autor expone en p. 254 - 255 las variadas soluciones, la correcta al mismo nivel que las disparatadas, y se extravía, siguiendo a Coromines, en una imaginaria “villa Lliriana”, que en mozárabe habría tomado la forma de “Leriana” y finalmente “L'Eliana”. Es cierto que no es descabellado pensar que hubo una villa romana en el actual término del municipio (aunque primero habría que descubrirla), pero afirmar además que la villa se llamaba “Lliriana” o que ahí vivía una muchacha llamada “Helia”, es inaceptable pues eso sale directamente del sombrero de un mago o de una bola de cristal.
Actualmente, aunque entre las mejores cabezas se acepta sin vacilar la explicación de Sanchis Sivera (por ejemplo, Joan Carles Membrado Tena, Análisis y comparación semántica de los nombres de municipio de Valencia y Aragón, en Studium 18 (2012), Zaragoza, p. 38, nota 61), sin embargo entre la mayoría todavía reina la incertidumbre, alimentada por un lado por autores despistados, y por otro lado por la breve argumentación de Sanchis, que cita un solo autor en su auxilio, y que puede dejar resquicios a la duda.

El profeta Elías es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Fresco en el Monasterio de Rila (Bulgaria). Foto de Edal Anton Lefterov, en Wikimedia.

Para llenar ese vacío escribo este artículo, y mostrar por extenso lo que el canónigo valenciano dijo en breve: que los carmelitas creían que el profeta Elías (en latín: Elias/Elia/Helia) era su fundador, y que por ello usualmente aplicaban el adjetivo “elianus, eliana” a su propia orden y a todo lo relativo a ella, llegando a usarse la forma sustantivada “Eliana” para referirse a sus conventos. Y que por lo tanto no es ninguna maravilla que el convento que fundaron aquí y el territorio bajo su control se llamó “Eliana”, nombre que rápido se popularizó e impuso sobre otros.

Azulejo en el Desierto carmelita de las Palmas (Castellón)

En el s. XV encontramos el testimonio del famoso monje alemán Johannes Trithemius, De Laudibus Ordinis Fratrum Carmelitarum, c. 1494. Entre [] el número de imagen de MDZ Digitale Bibliothek.

Elías, eximio profeta del Señor, de manera correcta y católica es llamado fundador de la Orden Carmelitana, si se examina sin prejuicios sus hechos en el libro de los Reyes. En verdad se lee que él fue el primero que habitó en el monte Carmelo, de donde toman nombre los frailes carmelitas. ........
[14] Helias, propheta Domini eximius, recte et catholice fundator Carmelitane Religionis dicitur, si eius facta ex Regum voluminibus absque inuidia discutiantur. Enimuero ipse montem Carmeli primus inhabitasse legitur, a quo fratres carmelite nominatur. ........
El principal argumento de la fundación eliana es este: el testimonio del pasado .....
[17] Maximum heliane institucionis argumentum est: tertimonium antiquitatis ...
Aunque a las otras órdenes les ajusta por igual el título de eliano, en cuanto implican cambio de vida, sin embargo el nombre del lugar no concuerda.
[19] Aeque autem ceteris ordinibus titulus helianus conuenit, cui etsi conuersatio vite congruat, tamen nomen loci non concordat.

Johannes Palaeonydorus, Liber Trimerestus de Principio et Processu Ordinis Carmelitici, Mainz 1497. Entre [] el número de imagen de Digitale Sammlungen Darmstadt.

Capítulo II: Que la orden eliana o carmelita de los frailes de santa María Madre de Dios, en su desarrollo pasó por tres etapas.
[20] Capitulum II: Quod heliana seu carmelitana religio fratrum beate Dei Genitricis Marie in sua continuacione triplicem habuit statum.
En verdad estos por Elías, su patrón genérico .... justamente son carmelitas y elianos, aunque no sean llamados así ....
[23] Enimuero hi a patrono passiuo Helya ..... veraciter carmelite et helyani sunt, quanquam non ita nominentur ....
Pues no faltan adversarios de la orden eliana o carmelitana, que dicen aquella frase de Aristóteles ....
[33] Non enim desunt helyane siue carmelitane religionis aduersarii, dicentes verbum Aristotelis ...

Daniel a Virgine Maria, en su Vinea Carmeli seu Historia Eliani Ordinis, Antuerpiae 1662, p. 61, cita unos versos del poeta carmelita Baptiste Spagnoli, el Mantovano ( 1516), referidos a su orden:

.... mi familia [religiosa]
es a la vez eliana y mariana.
.... gensque
eliana simul et mariana mea est.

Egidio Leonindelicato, Giardino Carmelitano, Palermo 1600, lo recoge en italiano:

Por muchos fueron llamados frailes elianos, y esto merecidamente por respeto al autor y fundador, nuestro padre Elías ....
[p. 57] Da molti furono chiamati fratri eliani, e questo meritatamente per rispetto dell'autore e fondatore, padre nostro Elia ...

Franciscus Bonae Spei, Historico - Theologicum Carmeli Armamentarium, Antuerpiae 1669, p. 100:

El autor es Tomás de Jesús, un varón ilustre en la orden eliana por su saber y piedad...
Auctor est Thomas a Iesu, vir in eliana familia doctrina ac pietate clarus....

El jesuita Joseph Andres, Decor Carmeli, Zaragoza 1669:
.... los innumerables monasterios de la Tebaida, Palestina, Siria y Egipto, todos los cuales .... fueron [monasterios] elianos.
[p. 330] ... infinita monasteria Thebaidae, Palestinae, Syriae et Aegypti, quae ... omnia eliana fuerunt.
.... [la orden carmelita es] eliana, porque tiene a Elías, profeta santísimo como creador y fundador.
[p. 454] ... eliana, quia Eliam, vatem sanctissimum, institutorem et fundatorem habet.

Emanuel Ortigas, Discursos Predicables en los Triunfos del Carmelo, Zaragoza 1670, lo usa en numerosos pasajes, por ejemplo algunos:
p. 93: religiosamente siguían el Instituto eseno u eliano, que es lo mismo ...
p. 102: ... todos se devan a la Familia eliana esclarecida .....
p. 459: María, Señora nuestra, es fundadora y madre de la Familia eliana ...
p. 489: ... y otros varones insignes de la Religión eliana ...

Lo mismo puede leerse en Francisco María Maggio, Carmelus Marianus sive Carmelitana et Eliana Religio, Neapoli 1677, y en Giuseppe Maria Fornari, Anno Memorabile de Carmelitani, t. 2, Milano 1690, p. 215: “nostra Eliana instituzione”. También el portugués Estevam de s. Angelo, en Jardim Carmelitano, Lisboa 1741, que es traducción de la obra arriba citada de Leonindelicaro, pero que tiene amplias adiciones, en las que el autor usa con frecuencia el término “eliana”: “no anno de 527 padecei na Syria a Ordem Eliana muitas tribulaçoens”.

Si en este contexto, ponemos ahora la cita de Sanchis, entendemos todo su valor: Miguel Alfonso de Carranza, Primera Parte del Catechismo y Doctrina de Religiosos Novicios, Professos y Monias, Valencia 1605, cap. 55, p. 405: “... y ay un lindo quadro del mismo retablo, en la capilla del Noviciado deste convento, y en la capilla que tenemos en nuestra Eliana.”

Finalmente anotar que otro rastro que hasta hoy ha quedado de la devoción de los carmelitas al profeta Elías, y el uso de estos adjetivos, es el nombre femenino “Eliana”, que en el s. XV ya lo testimonia Francesc Eiximenis, Lo Llibre de les Dones, V, cap. 176 (Wittlin, p. 264): “Legim de Eliana, santa monga, que havia gran pahor de la mort ...”. Actualmente es poco usado pero todavía subsiste en Europa y especialmente en Latinoamérica. Por ejemplo tenemos a la actriz española Eliana Sánchez, a la cantante y presentadora brasileña Eliana Michaelichen Bezerra, la cantante colombiana Eliana Raventos, la pintora francesa Eliana Perinat, la botánica chilena María Eliana Ramírez, la cantante italiana Eliana Valentino, etc., etc., ¿Si vas a tener una niña ya has pensado en el nombre?

jueves, 31 de marzo de 2016

Francisco Javier Éder: Lima del s. XVIII


El año 1751 desembarcaba en el puerto del Callao un joven sacerdote jesuita húngaro. Su destino eran las misiones en la región amazónica sureña del entonces Virreinato del Perú, una región poco conocida, desdeñada por las autoridades españolas (no había minas de oro ni plata), insidiada por los portugueses traficantes de esclavos, llena de peligros por las enfermedades, las fieras y las desconfiadas tribus indígenas. Ahí permaneció casi 17 años y nos ha dejado un valiosísimo testimonio sobre las culturas amazónicas de esa región.
Francisco Javier Éder nació en Banská Stiavnica, en 1727 (entonces parte del Reino de Hungría, hoy en Eslovaquia). Se hizo jesuita a los 15 años y llegó en 1751 al entonces Virreinato del Perú, siendo designado para las misiones en la región de Moxos (hoy Beni, Bolivia).
Estuvo en Lima, de paso hacia la actual Bolivia, y recorrió dos veces el centro y sur del actual Perú, pero sus observaciones más valiosas son sobre la parte amazónica en la actual frontera entre Bolivia y Brasil, donde describe las creencias y costumbres de los distintos grupos indígenas así como las novedosas plantas, insectos y animales que encontró en aquella región.
Éder estuvo en aquella misión hasta que se decretó la expulsión de los jesuitas, y en abril de 1768 tuvo que emprender el viaje de retorno a Europa, a su patria, donde pocos años después murió (Banská Bystrica, 17 abril 1772).
De vuelta en su patria, Éder había empezado a componer, a petición de amigos, su “Descriptio Provinciae Moxitarum in Regno Peruano”, en la que intentó volcar todos sus recuerdos y experiencias de sus años como misionero en tierras americanas.
Pero, por desgracia, la obra de Éder quedó inacabada (muchas secciones, especialmente de la segunda parte, son casi meras anotaciones de temas que seguramente pensaba desarrollar, a veces en desorden) e inédita debido a su repentina muerte.
Mapa de la región de Moxos, dibujado por Binder a partir de un dibujo de Éder, que aparece en la edición de 1791. Imagen de Gallica, BNF.

El jesuita János Molnár tradujo al húngaro y publicó algunos extractos (1783-1804). En 1791 el jesuita Pál Mako publicó en latín una versión abreviada de las secciones que encontró mejor acabadas y que le parecieron más interesantes y políticamente correctas (esta es la edición que puede hallarse en Internet y es la que uso aquí). En 1888 el obispo y estudioso Nicolás Armentia publicó una traducción al castellano de la edición abreviada.
En época actual el historiador Josep Barnadas ( 2014) publicó una traducción al castellano basada en el manuscrito original, con una erudita introducción e índices, pero sin texto latino (Cochabamba, Revista Historia Boliviana, 1985). En 2009 se ha publicado una traducción del original latino al francés por Joseph Laure, por desgracia tampoco presenta el texto latino (Missionnaire en Amazonie. Récit du dix-huitième siècle d'un jésuite au Perou, en Bolivie et dans les réductions indiennes, París, Harmattan). Solo algunos capítulos en latín-francés han sido publicados en la revista Acta Ethnographica Hungarica.

A continuación algunos pasajes que reflejan como quedaron Lima y los limeños retratados en la mente curiosa de este jesuita húngaro. Todos los textos son de la edición de 1791, de la primera parte, capítulo primero. Conservo la ortografía que aparece en esa edición.

El emplazamiento de la urbe limeña es agradable en sí mismo pero le agrega más gracia el verdor de los árboles, huertos y campos existentes, así como por las aguas del río derivadas por medio de canales por todas partes.
Situs limanae urbis tum per sese amoenus est, tum haud parvam consequitur gratiam a virore adsitarum arborum, hortorum et camporum, ab aquis item e fluvio canalium ope quaqua versus derivatis.
Además la cercanía de [otros] poblados, ante todo el puerto del Callao, distante a solo dos leguas, hace que Lima abunde de productos de todo género, no solo americanos, sino incluso europeos.
Vicinitas porro oppidorum, cumprimis autem portus Callao, duabus duntaxat leucis sejuncti, illud efficit ut Lima, non americanis modo, sed etiam europaeis mercibus generum omnium [p. 9] abundet.
Y la tierra no respondería avaramente al agricultor, si no fuese que toda la energía de sus pobladores se consume únicamente en la minería.
Neque gleba ipsa avare responderet colono, nisi omnis incolarum industria unice in eruendis metallis consumeretur.

Luego enumera dos azotes que flagelan Lima: los terremotos y el “inmenso ejército” de piques (o niguas, una especie de pulga que se introduce bajo la piel, especialmente en los pies).
Luego anota que aunque dentro de sus muros podrían vivir 600 mil habitantes, sin embargo la población no supera las 60 mil personas. Y agrega sobre la diversidad racial:

..... Entre ellos se estima que son unos seis mil los españoles sin ninguna mezcla racial con los indígenas.
[p. 10] .... Hos inter hispani, nulla sanguinis communione cum barbaris permisti, ad sex mille censentur.
Aquellos, que proceden de matrimonios mixtos entre españoles, indios y africanos, forman la restante multitud que es de tal variedad de colores y nombres que es difícil incluso enumerarlos.
Reliquam turbam illi conficiunt, qui e confusis hispanorum, indorum ac aethiopum conjugiis orti sunt, tanta colorum et nominum varietate ut vel enumerare operosum sit.

Luego observa que las casas están hechas de madera a causa de los frecuentes terremotos y que los techos son planos y sin ninguna clase de mortero a causa de la ausencia de lluvias.
Y sobre las calles y el tránsito:

..... Las calles no están adoquinadas; por eso, para evitar el polvo, así como el ardor del sol, y los hostiles insectos, todos, incluso los pobladores poco adinerados, conducen carros que tienen solo dos ruedas y tirados por un mulo.
[p. 11] ... Plateae caementis instratae non sunt; quare ad vitandos pulveres, solis item ardorem, et infesta animalcula, omnes, etiam mediocris fortunae incolae, praejuncto mulo, vectantur essedis, duabus duntaxat rotis instructis.
El número de tales vehículos fácilmente supera los seis mil.
Numerus hujusmodi vehiculorum sex mille facile aequat.

Y sobre el gusto de los limeños por el arte y su generosidad con los artistas extranjeros:

Respecto a la índole de los limeños, ella está inclinada a todo el saber.
Quod ad limanorum indolem adtinet, est ea ad omnem humanitatem informata.
Admirablemente entienden de pintura, música y las demas artes, y en las que ellos ignoran, acogen a los peritos en ellas con peculiar benevolencia, incluso munificencia.
Mire capiuntur pictura, musica ceterisque artibus, quas cum ipsi ignorent, peritos earundem [p. 12] peculiari benevolentia, immo etiam munificentia, complectuntur.
..... En verdad los limeños merecen esta dignísima alabanza: que todos ellos auxilian con empeño a esta clase de forasteros.
..... Habent enim limani hoc laude dignissimum: quod hujusmodi advenis certatim omnes opitulentur.

Luego describe el lujo de las casas y la ostentación que se hace en los convites “in Europa ipsa inaudito”, y la gran cantidad de adornos y objetos de oro y plata, así como las exorbitantes sumas que las mujeres gastaban en arreglarse.
Le sorprende la vivacidad de ingenio de los niños:

...... A menudo son de ingenio precoz, de modo que los niños de cinco o seis años no tienen menos raciocinio que los nuestros de diez años.
[p. 14] .... Ingenio plerumque sunt praecoce, ita ut quinquennes aut sexennes pueri bilustribus nostris usu rationis non cedant.
No es nada raro que los más aventajados acaben las letras y la filosofía a los trece años de edad, e incluso que hagan defensas públicas.
Literas mansuetiores una cum philosophia tertio decimo aetatis anno absolvere, ac publice etiam propugnare, res est minime infrequens.

Lamenta el autor que este ingenio se pierda y que todo se consuma en la minería y el comercio.
Por último destaca la atracción hacia lo novedoso:

..... Si algo nuevo se importa de Europa, sean unos cuchillos o unas tijeras más elegantes, sean unas cajitas de una forma todavía no vista, y otras mercaderías de ese tipo, verás a toda la ciudad, como sacudida de sus bases, acudir en masa.
[p. 15] .... Siquid ex Europa advehatur novi, si cultelli vel forficulae politiores, si pyxides formae nondum visae, et aliae idmodi merces, videas urbe tota, veluti sedibus emota, concursari.
Nadie se siente contento si no ha obtenido, al precio que sea, alguno de aquellos objetos deleitables.
Nemo se felicem reputat sine rebus hujusmodi ludicris, quantovis pretio, redimendis.
Este autor vio un cofrecito, hecho de cartón, y que entre nosotros sería de poquísimo valor, que fue adquirido al precio de ciento sesenta florines.
Vidit autor noster pyxidem, e papyro confectam, ac apud nos vilissimam, redemtam fuisse pretio florenorum centum sexaginta.


viernes, 26 de febrero de 2016

Año 1238: la capitulación de Valencia


El rey Jaime I, el Conquistador, podemos decir que fue “el hombre adecuado en el momento adecuado” para que los cristianos acabaran con el dominio musulmán en casi toda la zona mediterránea peninsular.
En 1218, siendo apenas un niño de 10 años, Jaime I se libró de la tutela y recibió las riendas del reino de Aragón. Y desde muy joven tuvo un proyecto que seguiría hasta su muerte: arrebatar territorios a sus vecinos musulmanes. La idea era común entre los reinos cristianos de la península pero fue gracias al talante y talento de Jaime y a las circunstancias favorables que en unas décadas (1228-1266) pudo arrebatar Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, Valencia y Murcia.
La circunstancia favorable fue la muerte del califa Abu Yusuf Yaqub “el Victorioso” ( 1199) y la ineptitud de sus sucesores que no supieron frenar el empuje de sus enemigos en la Península ni en el norte de África. La gota que colmó el vaso fue cuando en 1224 el ineptísimo Abdallah al-Adil asesinó al también inepto pero legítimo califa. Su ascenso al poder abrió una brecha mortal entre los musulmanes que apoyaban al usurpador y los que lo combatían. En Valencia, el gobernador Abu Zayd se puso en contra, luego cedió, pero al final fue destituido (1229) y reemplazado por Abu Yumail Zayyan. El despechado Zayd no tardó en pasarse al bando de Jaime y poner a su servicio todo su poder, influencia y contactos. Era el momento oportuno.
El hombre providencial fue Jaime: un poco de talento militar, muchísima habilidad diplomática (o simple astucia) y sobre todo una gran confianza en que Dios le había dado esa misión. Supo capear varias revueltas de sus nobles; con préstamos, botines y promesas mantuvo a flote una economía exhausta por sus campañas militares; tuvo que hilar fino y a veces engañar para movilizar tropas durante largas campañas; supo ganarse (o simplemente corromper) las autoridades musulmanas para conseguir la rendición de muchas ciudades; puso las bases para una convivencia (que a priori parecía imposible) entre sus súbditos musulmanes y cristianos; con gran previsión no buscó depredar los territorios ganados sino que buscó conservarlos y hacerlos prosperar, los dotó de leyes, fueros y propia personalidad política.
Y como soporte de toda este inmenso esfuerzo, talento y equilibrismo político, en cada decisión y ante cada obstáculo, encontramos su terca convicción que Dios le ha entregado todas esas tierras, y por tanto que él debe seguir adelante porque al final le espera necesariamente la victoria. Su convicción fue tan fuerte que entusiasmó y arrastró tras de sí, a veces contra toda lógica, a sus partidarios, acalló y paralizó a aquellos nobles que veían con fastidio o temor sus grandes proyectos con poca ganancia para ellos, e incluso parece que causó mella en la mentalidad fatalista de sus enemigos musulmanes.
Y entre tantas tierras y ciudades conquistadas, Jaime no ocultó que la joya de su corona, la presa más anhelada, fue la ciudad de Valencia: “la mellor terra e la pus bella del mon” (Llibre 128, 2). La ciudad que, cuando temió perderla, lloró (Llibre 168, 6), se enfureció (Llibre 214, 7), pasó noches angustiado (Llibre 237, 1), durante su asedio recibió una flecha en la cabeza (Llibre 266, 4) y cuando por fin vio su señera ondear en Valencia, descabalgó y, mirando hacia oriente, lloró y besó la tierra “per la gran merce que Deus Nos hauia feyta” (Llibre 282, 2).

Batalla del Puig. Temple sobre tabla de Marzal de Sas. En el Victoria and Albert Museum de Londres. Foto de Wikipedia.

Tras cinco meses de asedio, perdida toda esperanza de auxilio exterior y empezando a escasear los víveres, Zayyan, el último gobernante musulmán de Valencia, aceptó rendirse y abrir las puertas de la ciudad. Los detalles de la negociación nos lo ha relatado el mismo Jaime en su "Llibre dels Fets", y puedes leerlo en mi edición (por ahora solo en catalán medieval) en este enlace: https://magisterhumanitatis/historia-medieval/llibre-dels-fets/edicion-1343-y-1380/271-280
Además un ejemplar de la carta de capitulación, escrita en latín, también ha llegado hasta nuestros días, y que exponemos a continuación.

Pergamino nº 734: Capitulación de Valencia
1. Nos, Jaime, por gracia de Dios rey de los aragoneses y del reino de los mallorquines, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier, prometemos a vos, rey Zayyan, nieto del rey Lobo e hijo de Modef, que vos y todos los moros, tanto varones como mujeres, que quieran salir de Valencia, que se vayan y salgan salvos y seguros con sus armas y con todos sus bienes muebles que quieran sacar y llevar consigo, bajo nuestra palabra y nuestra protección, y que estén fuera de la ciudad desde el presente día hasta pasados veinte días seguidos.
Nos, Iacobus, Dei gratia rex aragonum et regni maioricarum, comes Barchinone et Urgelli et dominus Montispesulani, promitimus uobis Çayen regi, neto regis Lupi et filio de Modef, quod uos et omnes mauri, tam uiri quam mulieres, qui exire uoluerint de Valencia, uadant et exeant salui et securi cum suis armis et cum tota sua ropa mobili quam ducere uoluerint et portare secum, in nostra fide et in nostro guidatico, et ab hac die presenti quod sint extra ciuitatem usque ad uiginti dies elapsos continue.
2. Además queremos y concedemos que todos los moros que quieran permanecer en el término de Valencia, se queden salvos y seguros bajo nuestra palabra, y que se pongan de acuerdo con los que poseerán las tierras.
Preterea uolumus et concedimus quod omnes illi mauri qui remanere uoluerint in termino Valencie, remaneant in nostra fide salui et securi, et quod componant cum dominis qui hereditates tenuerint.
3. Ítem, aseguramos, y os damos firme tregua por Nos y todos nuestros vasallos, que de aquí a 7 años no haremos por tierra ni por mar daño, mal o guerra, ni permitiremos hacerlo contra Denia, ni contra Cullera, ni en sus términos. Y si quizás lo hiciese alguno de nuestros vasallos o cortesanos, le haremos enmendar íntegramente, según la magnitud del daño.
Item, assecuramus, et damus uobis firmas treugas per Nos et omnes nostros uassallos, quod hinc ad VII annos dampnum, malum uel guerram non faciemus per terram nec per mare, nec fieri permitemus in Deniam, nec in Cuileram, nec in suis terminis. Et si faceret forte aliquis de uassallis et hominibus nostris, faciemus illud emendari integre, secundum quantitatem eiusdem maleficii.
4. Y para que firmemente se atienda, cumpla y observe todas estas cosas, Nos personalmente juramos y hacemos jurar a don Ferrando, infante de los aragoneses, nuestro tío, y a don Nuñez Sanchez, nuestro pariente, y a don Pedro Cornel mayordomo [del reino] de Aragón, y a don Pedro Fernández de Azagra, y a don García Romeu, y a don Rodrigo de Lizana, e a don Artal de Luna, y a don Berenguer de Entenza, y a don Guillermo de Entenza, y a don Atorella, y a don Assalit de Gudal, y a don Fortún Aznares, y a don Blasco Maza, y a Roger conde de Pallars, y a Guillem de Montcada, y a Ramón Berenguer de Ager, y a Guillem de Cervelló, y a Berenguer de Eril, y a Raimundo Guillem de Ódena, y a Pere de Queralt, y a Guillem de Sant Vicenç.
Et pro hiis omnibus firmiter atendendis, complendis et obseruandis, Nos in propria persona iuramus et facimus iurare dominum Ferrandum, infantem aragonum, patruum nostrum, et domnum Nunonem Sancii, consanguineum nostrum, et domnum P[etrum] Cornelii, maiorem domus aragonum, et domnum P[etrum] Ferrandi de Açagra, et domnum Garciam Romei, et domnum Rodericum de Liçana, et domnum Artallum de Luna, et domnum Berengarium de Entença, et G[uilielmum] d'Entença, et domnum Atorella, et domnum Assallitum de Gudal, et domnum Furtunii Açnariç, et domnum Blascum Maça, et Rogerium comitem pallariensem, et Guillermum de Montecatano, et R[aimundum] Berengarium de Ager, et G[uillermum] de Ceruilione, et Berengarium de Eril, et R[aiumundum] G[uillermum] de Odena, et Petrum de Queralt, et Guillermum de Sancto Vincencio.
5. Ítem, nosotros, Pierre por la gracia de Dios arzobispo de Narbona, y Pere arzobispo de Tarragona; y nosotros los obispos Berenguer de Barcelona, Bernardo de Zaragoza, Vidal de Huesca, García de Tarazona, Ximeno de Segorbe, Ponç de Tortosa y Bernat de Vich, prometemos que cumpliremos y haremos cumplir todas las cosas arriba dichas, en cuanto esté en nuestra mano y podamos de buena fe.
Item nos P[etrus] Dei gracia narbonensis, et P[etrus] terrachonensis, archiepiscopi; et nos Berengarius barchinonensis, B[ernardus] cesaraugustanus, V[italis] oscensis, G[arcia] tirasonensis, Eximinus segobricensis, P[oncius] dertusensis et B[ernardus] uicensis, episcopi, promitimus quod hec omnia supradicta faciemus attendi et attendemus, quantum in nobis fuerit et poterimus bona fide.
6. Y yo, Zayyan, el antedicho rey, prometo a vos, Jaime, por gracia de Dios rey de Aragón, que os entregaré y daré todos los castillos y villas que hay y tengo de esta parte del Júcar, dentro de los antedichos 20 días, exceptuados y retenidos para mí dos castillos: a saber, los de Denia y Cullera.
Et ego, Çayen, rex predictus, promito uobis Iacobo, Dei gracia regi aragonum, quod tradam et reddam uobis omnia castra et uillas que sunt et teneo citra Xuchar, infra predictos scilicet XX dies, abstractis et retentis mihi illis duobus castris, Denia scilicet et Cuilera.
7. Dado en Ruzafa, durante el sitio de Valencia, el 4º día antes de las calendas de octubre, en la era [hispánica] de 1276.
Datum in Roçafa, in obsidione Valencie, IIII kalendas octobris, era Mª. CCª. LXX. sexta.
8. Sig+natura del escriba Guillermo, el cual por mandato del señor rey, en lugar de su canciller don Berengario, obispo de Barcelona, escribió esta carta, el día y año antedicho, con las palabras sobrescritas en la quinta línea.
Sig+num Guillermi scribe, qui mandato domini regis pro domino Berengario, barchinonensi episcopo cancellario suo, hanc cartam scripsit loco, die et era prefixis, cum literis suprapositis in quinta linea.

Este valioso documento se encuentra en el Archivo de la Corona de Aragón. Barcelona. Cancillería Real. Pergaminos, Jaime I, Serie general nº 734. En la web del Portal de Archivos Españoles, en el “Inventario dinámico”, su ficha aparece en el 1695.
Este documento, aunque parezca increíble, no está digitalizado, y no he podido consultarlo directamente. Para establecer el texto latino he usado las transcripciones que otros han hecho:
1) Francisco Diago, Anales del Reyno de Valencia, Valencia 1613, t. 1, f. 316r - 317r.
2) Memorias de la Real Academia de la Historia, t. 5, Madrid 1817, apéndice a la Disertación de Martín Fernández de Navarrete, p. 166 - 167. Texto del archivero Juan Sans de Barutell que lo confrontó en 1802.
3) Jaime Villanueva, Viage literario a las iglesias de España, Madrid 1831, vol. 17, p. 331 - 332.
4) Charles Romey, Histoire d'Espagne, París 1858 (2ª edición), t. VI, p. 466.
5) M. Flotats - A. de Bofarull, Historia del rey de Aragón don Jaime I, Valencia 1848, p. 265-266.
6) A. Huici - M. Cabanes, Documentos de Jaime I de Aragón, Valencia - Zaragoza 1976, vol. II, doc. nº 273. A través del Arxiu Virtual Jaume I de la Universitat Jaume I.

Notas:
En n. 1 se habla de un plazo de 20 días para dejar la ciudad, un plazo poco probable y que está en contradicción con lo que dice el Llibre 280, 2 que se concedió un plazo de 5 días, y que de hecho salieron en solo tres días (Llibre 283, 1). La explicación puede estar en el n. 6 donde el plazo de 20 días se refiere a entregar todas las villas y castillos de la región, lo cual es más lógico.
En el n. 5 todos los autores ponen P[etrus] como obispo de Zaragoza. Sigo a Diago y a Romey que ponen B[ernardus], porque el obispo de entonces era Bernardo de Monteagudo.
En el n. 7 la fecha es 28 de setiembre y aparece el año 1276 según la llamada “era hispánica”, que era un sistema de datación introducido por los visigodos y que tomaba como punto de partida el año 716 ab Urbe condita, es decir, el año 38 antes de Cristo. Este sistema se usó en los reinos peninsulares durante buena parte de la Edad Media. Por lo tanto si restamos 1276 - 38 = 1238.
En el n. 8 tenemos la nota de quien redactó el documento. Era habitual que al final se indicase cualquier alteración hecha por el mismo escriba (borrado, añadido, sobrescritura, tachado) para garantizar la autenticidad del documento y que en el futuro no fuese alterado.