jueves, 28 de julio de 2016

Las fábulas latinas de Fedro


Los relatos en que intervienen personas, animales, dioses, plantas, montañas, etc., fueron muy comunes en todas las culturas antiguas, cuando el ser humano estaba en íntimo contacto con la naturaleza. Actualmente entre el gran público existe la tendencia a ver esos relatos como “cuentos para niños”, pero ellos no son relatos inofensivos, ni fueron creados para un entretenimiento ocioso, sino que encierran la sabiduría popular ante diversas personas y circunstancias que el ser humano debe afrontar en su vida, empezando por uno mismo.

Dibujo egipcio (s. XII a. C.) de una fábula: un gato cuida unos gansos y sus huevos. Foto de Wikimedia Commons.

En Occidente un lugar especial lo ocupó el fabulista Esopo, del cual poco sabemos con certeza, pues los diversos autores griegos y romanos nos dan información contradictoria. Si hemos de creer a los primeros (Herodoto, Aristóteles, Aristófanes, etc.) que lo mencionan, Esopo debió vivir en el s. VII a. C., oriundo de Tracia, pero que vivió en Samos, primero como esclavo, después como liberto, alcanzando celebridad entre sus contemporáneos gracias a sus fábulas con agudas cargas morales.
Actualmente es imposible determinar con exactitud el conjunto y el tenor exacto de las fábulas que compuso Esopo, pues así como su datos biográficos están confusos, también sus fábulas se modificaron y se le atribuyeron otras, de modo que cada colección que se escribió en la Antigüedad o en el Medioevo contiene distintas fábulas o con distinto tenor.

Esopo representado con rasgos africanos, pues algunos defienden que su nombre significa "etíope". Ilustración en una edición inglesa del s. XVII. Foto de Wikipedia.

En el s. IV a. C. el escritor griego Demetrio de Falero hizo una recopilación de las fábulas que entonces se atribuían a Esopo; pero esa obra se ha perdido. La recopilaciones más antiguas escritas en griego que hoy poseemos provienen, una de un cierto Babrius (hacia el s. III), un texto en que los versos están muy contaminados por elementos de la métrica latina, y otra escrita en prosa, de autor anónimo, titulada “Vida y Fábulas de Esopo” (s. II - III), también conocida como Collectio Augustana por el manuscrito medieval en el cual se descubrió.
Ya que entre los romanos Esopo fue muy popular, no es de extrañar que en el s. I un liberto llamado Fedro escribió en versos latinos una recopilación de fábulas de Esopo (Phaedri, Augusti liberti, Fabulae Aesopiae); pero su obra no nos ha llegado completa. El manuscrito más antiguo es el Rosambo o Codex Pithoeanus (s. IX), un texto plagado de erratas. En el s. IV se hizo una adaptación de la obra de Fedro a prosa latina, que es conocida como Aesopus Latinus cuyo autor se llamaba Romulus. Más tarde, a principios del s. V el escritor Aviano publicó en versos latinos una colección basada en la colección de Babrius.

"El lobo francés y el cordero siamés" en la revista inglesa Punch (1893) ironiza sobre los intentos anglo-franceses por invadir Tailandia. Foto de Wikipedia.

Veamos algunas fábulas de la colección de Fedro, tal como nos ha llegado en el manuscrito más antiguo (con las debidas correcciones de erratas). Trascribo el texto latino como si fuese prosa, pero marco con // el final de cada verso.

Libro 1, fábula 1
EL LOBO Y EL CORDERO
LUPUS ET AGNUS
Un lobo y un cordero habían ido a un mismo arroyo, empujados por la sed; en la parte más alta estaba el lobo y mucho más abajo el cordero.
Ad rivum eundem lupus et agnus venerant // siti compulsi; superior stabat lupus // longeque inferior agnus.
Entonces el ladrón, incitado por su cruel voracidad, alegó este pretexto de pleito: “¿Por qué me enturbiaste el agua que bebía?”
Tunc fauce improba // latro incitatus iurgii causam intulit: // “Cur, inquit, turbulentam mihi fecisti // aquam bibenti?”
El ovino temeroso replicó: “¿Cómo, por favor, puedo hacer lo que te quejas, oh lobo? El agua baja de ti hacia donde yo bebo”.
Laniger contra timens: // “Qui possum, quaeso, facere quod quereris, lupe? // A te decurrit ad meos haustus liquor”.
Aquel, repelido por la fuerza de la verdad: “Hace seis meses, dijo, hablaste mal de mí”.
Repulsus ille veritatis viribus: // “Ante hos sex menses, ait, maledixisti mihi”. //
Respondió el cordero: “En verdad no había nacido”.
Respondit agnus: “Equidem natus non eram”. //
“¡Por Hércules! Tu padre, dijo, habló mal de mí”
“Pater, Hercle! tuus, inquit, maledixit mihi”. //
Y así, tras atraparlo, lo despedaza con injusta muerte.
Atque ita correptum lacerat iniusta nece. //
Esta fábula fue escrita a causa de aquellos hombres que oprimen a los inocentes con razones ficticias.
Haec propter illos scripta est homines fabula // qui fictis causis innocentes opprimunt.


Libro 1, fábula 6
LAS RANAS AL SOL
RANAE AD SOLEM
Esopo vio las concurridas nupcias de un vecino ladrón, y de inmediato empezó a narrar:
Vicini furis celebres vidit nuptias // Aesopus, et continuo narrare incipit: //
Una vez, ya que el sol quería tomar esposa, las ranas alzaron su clamor hasta las estrellas.
Uxorem quondam sol cum vellet ducere, // clamorem ranae sustulere ad sidera. //
Sobresaltado por el griterío, Júpiter pregunta la causa de la protesta.
Convicio permotus quaerit Jupiter // causam querelae.
Entonces una habitante del estanque: “Ahora, dijo, uno solo seca todas las charcas y nos obliga a morir miserables en un lugar árido. ¿Qué ocurrirá, si procrea hijos?”
Quaedam tum stagni incola: // “Nunc, inquit, omnes unus exurit lacus // cogitque miseras arida sede emori. // Quidnam futurum est, si crearet liberos?”

libro 2, fábula 3
ESOPO A UNO SOBRE EL ÉXITO DE LOS MALVADOS
AESOPUS AD QUEMDAM DE SUCCESSU IMPROBORUM
Un hombre, herido por el mordisco de un perro bravo, arrojó al agresor un pan mojado en su sangre, pues había oído que era un remedio para la herida.
Laceratus quidam morsu vehementis canis, // tinctum cruore panem immisit malefico, // audierat esse quod remedium vulneris. //
Entonces Esopo dijo así: “No vayas a hacer esto a todos los perros, ya que nos devorarán vivos, cuando sepan que tal es el premio de la culpa”.
Tunc sic Aesopus: “Noli coram pluribus // hoc facere canibus, ne nos vivos devorent, // cum scierint esse tale culpae praemium”. //
El éxito de los malvados incita a otros muchos.
Successus improborum plures allicit.


Libro 3, fábula 12
EL POLLO A LA PERLA
PULLUS AD MARGARITAM
Un pollo, mientras buscaba comida, encontró una perla en el basurero.
In sterquilino pullus gallinaceus, // dum quaerit escam, margaritam repperit. //
“¡Preciosa, dijo, estás en un lugar indigno! Si alguien ávido de tu valor te hubiese visto, hace tiempo hubieses vuelto a tu máximo esplendor. Pero te he encontrado yo, que prefiero el alimento, y ni yo te soy útil a ti ni tú para mí vales nada”.
“Iaces indigno quanta res, inquit, loco! // Hoc si quis pretii cupidus vidisset tui, // olim redisses ad splendorem maximum. // Ego quod te inveni, potior cui multo est cibus, // nec tibi prodesse nec mihi quicquam potes”. //
Esto lo cuento a aquellos que no me entienden.
Hoc illis narro qui me non intelligunt.



Libro 4, fábula 3
SOBRE EL ZORRO Y LA UVA
DE VULPE ET UVA
Empujado por el hambre, un zorro intentaba coger la uva en la alto de una parra, saltando con todas sus fuerzas.
Fame coacta vulpes alta in vinea // uvam appetebat, summis saliens viribus. //
Ya que no pudo alcanzarla, al irse dijo: “Todavía no está madura; no quiero cogerla verde”.
Quam tangere ut non potuit, discedens ait: // “Nondum matura est; nolo acerbam sumere”. //
A quienes desprecian lo que no logran hacer, se deberá aplicar esta fábula.
Qui facere quae non possunt verbis elevant, // ascribere hoc debebunt exemplum sibi.


Libro 4, fábula 10
SOBRE LOS VICIOS DE LOS HOMBRES
DE VITIIS HOMINUM
Júpiter nos impuso dos alforjas: una llena de nuestros vicios nos la puso en la espalda, otra cargada de los ajenos nos la colgó en el pecho.
Peras imposuit Iuppiter nobis duas: // propriis repletam vitiis post tergum dedit, // alienis ante pectus suspendit gravem. //
Por este motivo no podemos ver nuestros defectos; pero apenas los otros yerran, los criticamos.
Hac re videre nostra mala non possumus; // alii simul delinquunt, censores sumus.



Libro 4, fábula 23
LA MONTAÑA PARTURIENTA
MONS PARTURIENS
La montaña estaba de parto, profiriendo monstruosos gemidos, y había en el mundo gran expectación de qué iba a parir. Pero ella dio a luz un ratón.
Mons parturibat, gemitus immanes ciens, // eratque in terris maxima expectatio // quod ille pareret. // At ille murem peperit.
Esto fue escrito para ti, que aunque proyectas grandes cosas, no concluyes nada.
Hoc scriptum est tibi, // qui, magna cum minaris, extricas nihil.

viernes, 24 de junio de 2016

Francisco Javier Éder: La misión en armas

Seguramente todos nosotros recordamos la película “La Misión” (The Mission, Reino Unido 1986), Óscar a la mejor fotografía, Globo de Oro a la mejor música (Ennio Morricone) con una gran actuación de Robert de Niro (capitán Rodrigo Mendoza) y Jeremy Irons (Padre Gabriel), y la batalla final en que la misión es destruida. De ese modo esta película representa lo que históricamente fue el dramático final de las 7 “misiones Orientales” jesuitas: en 1750 el Tratado de Madrid puso bajo control portugués dicho territorio; en 1754 los jesuitas abandonan las misiones pero los indígenas se niegan a obedecer; en febrero de 1756 un ejército español-portugués arrasa la oposición y los indios son dispersados o subyugados.

Imágenes de la escena final de "La Misión" (Reino Unido, 1986)

Pero los indios no siempre perdieron. Entre 1620 y 1638 esa misma región ya fue azotada por los traficantes de esclavos. En 1638 dos sacerdotes jesuitas equiparon y organizaron militarmente a miles de indios que se enfrentaron con éxito y repelieron a los traficantes. A finales de 1640 los traficantes volvieron con una expedición más numerosa y mejor equipada, dispuestos a castigar las misiones, pero fueron derrotados de modo decisivo en varios enfrentamientos (febrero - marzo 1641) en torno a la misión de Asunción de Acaraguá y Mbororé (hoy La Cruz, Corrientes, Argentina) por un ejército de indios dirigidos por varios sacerdotes jesuitas y una docena de soldados españoles.
En la región de los Moxos (Beni, Bolivia), los indios también sufrieron el mismo flagelo. Algunos enclaves portugueses en el Mato Grosso estaban en el cruce de una importante red de tráfico de esclavos, que no dudaba en adentrarse en territorio bajo dominio español. Eso ocurría porque España nunca dio mucha importancia a la región amazónica, la cual además era de difícil acceso y estaba habitada exclusivamente por tribus indómitas (aparte de los misioneros). Por todo ello, tanto indios como misioneros estaban abandonados a su suerte, pues rara vez las autoridades enviaban algún pequeño puñado de soldados para repeler a los intrusos.
El jesuita F. J. Éder, del cual ya hablamos en la entrada del mes de marzo (si quieres ver su biografía y las peripecias de su valiosa obra, mira aquí), también nos ha transmitido el relato de la victoria de una tribu amazónica sobre los traficantes de esclavos.

Indio con armas. Dibujo de Bender a partir de los esbozos de Éder. Foto de Gallica BNF.
Éder primero nos describe a los llamados “mamelucos”, que era el tipo de traficante de esclavo que tuvo más presencia en su región.

Éder, Descriptio Provinciae Moxitarum in Regno Peruano, Budae 1791.
Los mamelucos, o paulistas, llamados así por la ciudad de Sao Paulo en territorio portugués, generados de promiscuas uniones entre indios y africanos, están divididos en varias tribus, que llaman castas, y esparcidos en gran número por todo Brasil. Siempre fueron muy dados a revueltas y motines, hasta el punto que a los reyes mismos, que intentaban reprimir su audacia por medio del ejército, les obligaron, más de una vez por las armas, a hacer la paz con ellos
Mameluci, alias paulistae, ab urbe Sancti Pauli iuris lusitanici adpellati, e connubiis cum indis ac aethiopibus promiscue initis progeniti, in varias tribus, castas vocant, divisi perque omnem late Brasiliam sparsi. Tumultibus ac seditionibus tantopere semper erant dediti, ut reges ipsos, qui audaciam ope militum coercere adtentabant, ad pacem secum componendam armis non semel compulerint.
Pero entre ellos se dividían por tantos odios que actualmente no hay esperanza de calmarlos; de hecho apenas pasa un día sin asesinatos; y no es un hombre solo que ataca a otro, sino la tropa de familias enteras que se atacan mutuamente.
Inter se autem ipsos tantis scindebantur odiis, ut iis sedandis spes nulla hodiedum suppetat; vix ulla certe praeterit dies absque caedibus; non vir modo virum invadit, sed in aciem familiae integrae contra se mutuo educuntur.
Muchos de ellos, para escapar de la vigilancia y justo castigo de los prefectos, se refugiaron en la frontera de Brasil, y pusieron sus bases en las colonias de portugueses, que eran casi vecinas a los Moxos. Un fortín del Mato Grosso, distante a catorce días de camino de nuestra parroquia, era el refugio de la mayoría.
Complures eorum, ut praefectorum vigilantiam aut justam vindictam effugerent, ad fines Brasiliae se se receperunt, et sedes [p. 278] in lusitanorum coloniis, quae moxitis pene confines erant, collocarunt. Mattogrosso, a nostri paroecia dierum quatuordecim itinere sejunctum, oppidum erat plerorumque receptaculum.
Pero el gobernador, encolerizado por sus crímenes, expulsó a todos ellos de su nido, bajo pena de muerte al que intentase volver.
Verum gubernator sceleribus hominum irritatus e nido illo suo omnes expulit, poena capitis proposita, siquis reverti adtentaret.
Por eso errantes y vagabundos comenzaron a sembrar e incluso a cultivar campos alrededor del río Guaporé. Pero cambiaron solo la localidad, no la actitud.
Quare errones et vagabundi circa fluvium Guapure, immo agros etiam colere, ac sementem facere inceperunt. Sed locum mutarunt, non ingenium.

Después de describir su vida en asentamientos “sin ley ni religión”, narra cómo esta escoria de la sociedad se dedica al tráfico de esclavos:
.... De noche rodearon sus chozas, mataron a los que osaron resistir, a los demás, tras robarles y saquear su casas, cargados de cadenas, los llevaron consigo; a algunos los retuvieron para su servicio, el resto lo vendieron en subasta como ganado en Mato Grosso.
[p. 279] ..... Cinxerunt de nocte eorum tuguria, resistere ausos interemerunt, ceteros, direptis rebus et exustis casis, catenis oneratos, secum abduxerunt; quosdam suis usibus retinuerunt, reliquos in Mattogrosso tanquam pecudes sub hasta vendiderunt.

Tras relatar otro ardid para capturar indios (se vestían de jesuitas para ganarse su confianza), Éder pasa a referir la victoriosa defensa de una tribu contra estos traficantes:

Pero el pillaje de los malvados no siempre se libró del castigo.
At non cessit nefariis praedatio semper e sententia.
La tribu salvaje de los caturí era más numerosa que las otras y por ello más llena de valor y audacia; ella, al oír la desgracia de los vecinos, ya que no dudaba que también estaba en la mira, fortificó bien su aldea con palos compactos y altos; además cavó profundos fosos alrededor, y con hojas y ramas de los árboles cubrió los hoyos, de modo que no levantaban sospecha de las fosas que yacían abajo; pero también llamó a sus aliados para que le diesen apoyo en el momento oportuno.
Natio erat barbara caturinorum ceteris numerosior ac proinde animis et audacia fidentior; quae strage vicinorum audita, cum se quoque ad ictum designari minime dubitaret, domicilia sua densis ac praealtis palis probe communivit; puteos praeterea circumcirca profundos cavavit, eorumque fauces arborum ramusculis et foliis sic contexit ut nullam fossae subter latentis praeberent suspicionem, sed et socios ad ferendas in tempore suppetias invitavit.
Tras unos días llegaron unos ochenta mamelucos, seguros de sí mismos y de obtener botín. Con gran ferocidad atacan la improvisada empalizada; pero al dispararles una lluvia de flechas, tienen que retroceder.
Aderant post dies aliquot mameluci numero octuaginta, sui atque praedae sicuri. Septa improvisa magna cum ferocia invadunt; sed, effuso repente sagittarum imbre, pedem referre coguntur. [p. 281]
Mientras los caturí se lanzan al ataque, sus aliados, puestos al acecho, salen de la selva vecina y persiguen a los fugitivos: a muchos hieren gravemente, a 17 caídos en el foso los acribillan con lanzas.
Erumpunt interea caturini, emicant ex adsitis silvis socii, in insidiis collocati, instant fugientibus: multos gravissime sauciant, septem et decem in puteum delapsos lanceis contrucidant.
No mucho después, tras recobrar ánimos, los mamelucos volvieron de nuevo y en mayor número.
Collectis animis non multo post iterum redierunt, et majore quidem numero.
Pero los salvajes, atentos a todos sus movimientos, pusieron centinelas en sitios convenientes y advirtieron del peligro oportunamente a las aldeas limítrofes.
Verum barbari in omnes eorum motus intenti excubias locis opportunis disposuerunt, et confines populos de periculo tempestive admonuerunt.
Con la llegada de aquellos [aliados], los mamelucos, ocupados en desmontar las vallas, de tal modo fueron rodeados por todas partes que, tras perder 20 de los suyos y muchos quedar heridos, fueron obligados a salir y huir en desorden.
Quorum adcursu mameluci, vellendis repagulis occupati, sic undique circumventi erant, ut viginti suorum amissis et plerisque sauciatis receptum ferro, sibi coacti fuerint aperire atque palatim diffugere.
Y en lo sucesivo no causaron ningún problema a esa tribu tan belicosa.
Neque genti tam bellicosae ullum deinceps negotium facessiverunt.


Algunas notas:
En el Brasil colonial, la capitanía de Sao Paulo abarcaba desde el Atlántico hasta la actual frontera con Perú y Bolivia. La antigua denominación Mato Grosso indicaba la región que ocupan los actuales estados brasileños de Rondonia, Mato Grosso y Mato Grosso do Soul. El río Guaporé es llamado así hasta hoy en el lado brasileño, mientras que en el lado boliviano se le llama Iténez; este río, a lo largo de más de 900 km., es la frontera entre la actual Bolivia y Brasil. Durante el s. XVII hubieron incursiones y asentamientos portugueses en la región, pero la fundación oficial de ciudades y el nombramiento de autoridades no empieza sino hasta el s. XVIII.
No es lo mismo “Bandeirante”, “paulista” y mameluco”. “Bandeirantes” son los miembros de una “bandeira” o compañía paramilitar que se formaba en las zonas rurales. Originalmente se formaban para la autodefensa de los colonos; más tarde para formar expediciones en busca de oro o esclavizar indios. Estas compañías estaban formados por gente de toda índole y nación, y por lo general encabezadas por criollos portugueses. Paulistas eran los criollos (hijos de portugués e indios) de Sao Paulo; ahí la pobreza y la lejanía del poder central (durante mucho tiempo Sao Paulo fue la única ciudad tierra dentro) creó un sentimiento de independencia y aversión a la Corona y a la Iglesia. Mamelucos eran el fruto del cruce racial entre negros e indios, y muchos vivían de la delincuencia o enrolados en “bandeiras”.

lunes, 30 de mayo de 2016

Historia de la Biblia en latín

Últimamente me han planteado varias preguntas referidas al cambio de escritura en oraciones y textos bíblicos en latín. De hecho, mucha gente imagina que la Biblia ha sido y es algo inmutable. Quizás pueden aceptar que en las traducciones a lenguas modernas haya variaciones, pero se piensa que los textos de la Biblia en latín son algo definitivo y que nunca han variado. Por eso vamos a dar una rápida mirada a la historia de los textos bíblicos en latín, desde su origen hasta hoy. Ojo: no vamos a ver la historia de toda la Biblia, sino solo de la Biblia en latín.
Los libros más antiguos de la Biblia fueron escritos, como es lógico, en lengua hebrea: así se formó la mayor parte de libros del Antiguo Testamento. A causa de diversas guerras, parte de la población hebrea fue desterrada (la primera gran Diáspora fue el a. 586 a. C.) y se fundaron colonias judías fuera de Israel, especialmente en la zona de territorio del imperio babilónico-asirio y en Egipto. Después de las conquistas de Alejandro Magno ( 323 a. C.) todas esas regiones quedaron imbuidas con la cultura helenística y el griego (junto al arameo) se convirtió en una lengua internacional. En este ambiente cultural es cuando en algunas comunidades judías de la Diáspora se escribieron algunos libros del Antiguo Testamento y también se realizó la primera traducción al griego de aquellos libros escritos en hebreo: es la llamada Biblia de los LXX o Septuaginta.(s. III - II a. C.). También hubo pequeñas secciones escritas en arameo.
Cuando surge el cristianismo, aunque los apóstoles y evangelistas eran todos hebreos y hablaban arameo, sin embargo no escribieron en esas lenguas, sino en griego (quizás algo en arameo), en parte porque la cultura helenística dominaba en esa región, en parte porque su propósito era llegar a ese público: así aparecieron todos los libros del Nuevo Testamento (s. I).

Ms ottob. lat. 74 (a. 1014 - 1022). Carta de san Jerónimo al papa Dámaso

Es lógico pensar que a medida que se extendió el cristianismo surgieron traducciones de los textos sagrados al latín (que era la lengua oficial del imperio y dominante en Inglaterra, Galia, Germania, Hispania, Europa oriental y norte de África) y a muchas otras lenguas regionales. En los tres primeros siglos, bajo la amenaza de las persecuciones, la traducción fue un trabajo sin duda entusiasta y sincero pero parcial y de irregular valor: alguno traduciría los salmos, otro los evangelios, alguno lo haría con más devoción que talento, pero también hubo buenas traducciones.
Después del triunfo del cristianismo (s. IV) aumentó el número de ediciones y traducciones de los textos bíblicos, pero al mismo tiempo la Iglesia se encontró con numerosos problemas internos, es decir con herejías o dudas sobre cómo interpretar diversas cuestiones de fe. El problema se agravaba por el hecho que no existía una “lista oficial” que indicase qué libros eran sagrados, ni existía una “edición oficial” de la Biblia. Además la praxis litúrgica también reclamaba uniformidad.
A estas antiguas traducciones latinas se les denomina con el título colectivo de “Vetus latina”. El primero que intentó recopilarlas de modo científico fue el monje benedictino Pierre Sabatier ( 1742). Actualmente un instituto de investigación está recopilando todos los fragmentos de esas antiguas traducciones. Hasta hoy ya han reunido 27 volúmenes.

Fue el ambicioso e inescrupuloso papa Dámaso I ( 384) quien tuvo el mérito de encargar el a. 382 a san Jerónimo ( 420) una edición fidedigna de los Evangelios y los Salmos. San Jerónimo dedicó el resto de su vida a traducir y comentar, no solo esos, sino todos los libros bíblicos. Fruto de todo su esfuerzo fue la llamada Biblia “Vulgata”.
Pero téngase en cuenta que un trabajo tan extenso no debe verse como un todo monolítico: hubo muchos libros en los que san Jerónimo casi mantuvo la misma traducción anterior a él (por ejemplo en el Nuevo Testamento solo hizo una nueva traducción de los Evangelios y una revisión más a fondo de las Cartas de san Pablo), algunos libros no los tradujo (Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Macabeos I - II) y en el caso de los Salmos hizo tres traducciones distintas: la primera (c. 384, llamado Salterio Romano) que fue más bien una revisión de una antigua traducción latina, otra (c. 391, llamado Salterio Galicano) a partir de la versión griega de los LXX, y la tercera (c. 399, llamado Salterio iuxta hebraicum), que él consideró mejor, a partir del texto hebreo.
A partir del s. VII la versión de san Jerónimo se convirtió en la versión dominante que todos siguieron en el mundo latino, en parte gracias a su buena acogida en la praxis litúrgica y en la jerarquía católica latina. En época carolingia se amplificó la difusión del Salterio Galicano, y quedó relegado el Salterio iuxta hebraeos que era el que san Jerónimo había considerado mejor. El texto dominante entonces fue la edición del erudito Alcuino de York. En el s. XIII fue la Universidad de París la que producirá la edición predominante de la Biblia de san Jerónimo.

Prólogo e inicio del libro de Isaías en una biblia carolingia (s. IX). BNF ms lat. 8847

Aunque la obra de san Jerónimo aportó un texto bastante fidedigno y una razonable uniformidad, sin embargo con el paso del tiempo se fue corrompiendo. Ya que en aquella época los libros se escribían a mano, era cosa fácil que el cansancio o el descuido introdujeran erratas en los textos. Era fácil que el siguiente copista repitiese el error y añadiese otros nuevos. Durante los claroscuros de la Edad Media y la decadencia en el conocimiento del latín, las cosas empeoraron, de modo que unos mil años más tarde, en el s. XVI, en tiempos de la Reforma de Lutero y el Concilio de Trento, de nuevo surgió la necesidad de una edición fidedigna de la Biblia y que esta vez tuviese una explícita aprobación oficial.
El 8 de abril de 1546 el Concilio de Trento decretó la revisión de la Vulgata, pero poco se hizo hasta que Pío V lo impulsó en 1569. Tras la muerte de ese papa, de nuevo la obra quedó suspendida. En 1586 de nuevo se volvió al trabajo gracias al impulso del devoto franciscano Felice di Peretto, teólogo y humanista, que con el nombre de Sixto V había sido elegido papa en 1585, y que ya había trabajado en una nueva edición de la biblia griega de los LXX y su traducción latina. Las prisas por publicar una obra tan extensa y compleja le jugaron una mala pasada y cuando publicó su Biblia el 1º de marzo de 1590, fue recibida con numerosas y justificadas críticas debido a que el texto presentaba numerosas y evidentes erratas y omisiones. Sixto V reconoció que se necesitaba una nueva edición pero la muerte (27/agosto/1590) le impidió concluir su proyecto. Siguieron en rápida sucesión tres papas, mientras la pugna entre Francia y España acrecentaban el clima de inestabilidad. En 1592 fue elegido Clemente VIII, que entre sus primeras decisiones ordenó la publicación de la llamada Vulgata Sixto-Clementina o tridentina (9/noviembre/1592). Por las circunstancias, esta edición no fue mejor que la anterior, pero no se quiso mantener una cosa así en suspenso más tiempo, quedando en el aire la idea que más adelante se volvería a realizar una revisión más a fondo. Pequeños retoques se hicieron en 1593 y 1598, pero en los siglos siguientes nadie más tuvo el valor de acometer una obra tan necesaria como dificilísima.

Adán y Eva en la Biblia de Moutier-Grandval (BL Add ms 10546, c. 830-840). Esta Biblia, producida en Tours, sigue el texto revisado por Alcuino de York
Fue recién a principios del s. XX cuando los nuevos problemas planteados por el Modernismo sobre la Biblia impulsaron al papa León XIII a crear la Pontificia Comisión Bíblica y en 1907 el papa Pío X ordenó que se iniciase una revisión crítica de la Biblia en latín. La tarea se encomendó a un grupo de eruditos benedictinos.
Pronto se vio que la tarea era de una magnitud colosal, lo cual se agravó con el estallido de la Primera y después la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo por una serie de dificultades doctrinales que impedían avanzar la obra en la dirección adecuada. Así en marzo de 1945 papa Pío XII apenas podía publicar un nuevo Salterio latino, que no contentó ni a los nostálgicos ni a los impulsores de lo nuevo, y tuvo poca repercusión. La obra prosiguió con lentitud y la comisión de benedictinos solo llegó a publicar a duras penas los libros del Antiguo Testamento.
La nuevas perspectivas en materia bíblica instauradas por el Concilio Vaticano II (1962 - 1965) finalmente despejaron las dificultades doctrinales y en 1965 Pablo VI creó una comisión que reanudase los trabajos con todo el material acumulado. Entretanto muchos estudiosos se adelantaron y sacaron sus propias ediciones, entre las cuales hay que mencionar la edición crítica de la Vulgata (Bibliae sacrae iuxta Vulgatam versionem) dirigida por Robert Weber y publicada en Stuttgart 1969 (quinta edición en 2007), y que hoy es reconocida como la mejor edición científica.
La comisión vaticana publicó en 1969 el Salterio y en 1971 el Nuevo Testamento. Finalmente el 25 de abril de 1979 Juan Pablo II publicó la edición oficial de la “Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum Editio”.
En 1986 se publicó una segunda edición de la Neovulgata latina con algunas correcciones. En 1998 se volvió a reimprimir esta última edición.

El salmo 23 en el ms Vat. lat. 17 (s. XIV), f. 181v

Para mejor visualizar las diferencias entre estas distintas ediciones, veamos el famoso Salmo 23 que en castellano comienza con las palabras “El Señor es mi pastor”.
En la primera columna la versión de la edición científica de R. Weber que es la mejor aproximación al texto original de la traducción de san Jerónimo (iuxta hebraicum). En la segunda columna la versión de la Biblia tridentina que recoge la versión más difundida en la liturgia de la Iglesia, que es traducción de la versión griega de los LXX y revisada por san Jerónimo. En la última columna la versión de la Neovulgata, que es el actual texto oficial de la Biblia católica y que debe usarse también en la liturgia en latín.

Vulgata Weber (Sal 22)
Sixto-Clementina 1592 (Sal 22)
Neovulgata (Sal 23)
1 Canticum David
1 Psalmus David.
1. Psalmus. David.
Dominus pascit me nihil mihi deerit
Dominus regit me, et nihil mihi deerit:
Dominus pascit me, et nihil mihi deerit;
2 in pasculis herbarum adclinavit me super aquas refectionis enutrivit me
2 in loco pascuae, ibi me collocavit. Super aquam refectionis educavit me;
2. in pascuis virentibus me collocavit, super aquas quietis eduxit me,
3 animam meam refecit duxit me per semitas iustitiae propter nomen suum
3 animam meam convertit. Deduxit me super semitas justitiae propter nomen suum.
3 animam meam refecit. Deduxit me super semitas iustitiae propter nomen suum.
4 sed et si ambulavero in valle mortis non timebo malum quoniam tu mecum es virga tua et baculus tuus ipsa consolabuntur me
4 Nam etsi ambulavero in medio umbrae mortis, non timebo mala, quoniam tu mecum es. Virga tua, et baculus tuus, ipsa me consolata sunt.
4 Nam et si ambulavero in valle umbrae mortis, non timebo mala, quoniam tu mecum es. Virga tua et baculus tuus, ipsa me consolata sunt.
5 pones coram me mensam ex adverso hostium meorum inpinguasti caput meum calix meus inebrians
5 Parasti in conspectu meo mensam adversus eos qui tribulant me; impinguasti in oleo caput meum: et calix meus inebrians, quam praeclarus est !
5 Parasti in conspectu meo mensam adversus eos, qui tribulant me; impinguasti in oleo caput meum, et calix meus redundat.
6 sed et benignitas et misericordia subsequetur me omnibus diebus vitae meae et habitabo in domo Domini in longitudine dierum
6 Et misericordia tua subsequetur me omnibus diebus vitae meae; et ut inhabitem in domo Domini in longitudinem dierum.
6 Etenim benignitas et misericordia subsequentur me omnibus diebus vitae meae, et inhabitabo in domo Domini in longitudinem dierum.