lunes, 30 de mayo de 2016

Historia de la Biblia en latín



Últimamente me han planteado varias preguntas referidas al cambio de escritura en oraciones y textos bíblicos en latín. De hecho, mucha gente imagina que la Biblia ha sido y es algo inmutable. Quizás pueden aceptar que en las traducciones a lenguas modernas haya variaciones, pero se piensa que los textos de la Biblia en latín son algo definitivo y que nunca han variado. Por eso vamos a dar una rápida mirada a la historia de los textos bíblicos en latín, desde su origen hasta hoy. Ojo: no vamos a ver la historia de toda la Biblia, sino solo de la Biblia en latín.
Los libros más antiguos de la Biblia fueron escritos, como es lógico, en lengua hebrea: así se formó la mayor parte de libros del Antiguo Testamento. A causa de diversas guerras, parte de la población hebrea fue desterrada (la primera gran Diáspora fue el a. 586 a. C.) y se fundaron colonias judías fuera de Israel, especialmente en la zona de territorio del imperio babilónico-asirio y en Egipto. Después de las conquistas de Alejandro Magno ( 323 a. C.) todas esas regiones quedaron imbuidas con la cultura helenística y el griego (junto al arameo) se convirtió en una lengua internacional. En este ambiente cultural es cuando en algunas comunidades judías de la Diáspora se escribieron algunos libros del Antiguo Testamento y también se realizó la primera traducción al griego de aquellos libros escritos en hebreo: es la llamada Biblia de los LXX o Septuaginta.(s. III - II a. C.). También hubo pequeñas secciones escritas en arameo.
Cuando surge el cristianismo, aunque los apóstoles y evangelistas eran todos hebreos y hablaban arameo, sin embargo no escribieron en esas lenguas, sino en griego (quizás algo en arameo), en parte porque la cultura helenística dominaba en esa región, en parte porque su propósito era llegar a ese público: así aparecieron todos los libros del Nuevo Testamento (s. I).

Ms ottob. lat. 74 (a. 1014 - 1022). Carta de san Jerónimo al papa Dámaso

Es lógico pensar que a medida que se extendió el cristianismo surgieron traducciones de los textos sagrados al latín (que era la lengua oficial del imperio y dominante en Inglaterra, Galia, Germania, Hispania, Europa oriental y norte de África) y a muchas otras lenguas regionales. En los tres primeros siglos, bajo la amenaza de las persecuciones, la traducción fue un trabajo sin duda entusiasta y sincero pero parcial y de irregular valor: alguno traduciría los salmos, otro los evangelios, alguno lo haría con más devoción que talento, pero también hubo buenas traducciones.
Después del triunfo del cristianismo (s. IV) aumentó el número de ediciones y traducciones de los textos bíblicos, pero al mismo tiempo la Iglesia se encontró con numerosos problemas internos, es decir con herejías o dudas sobre cómo interpretar diversas cuestiones de fe. El problema se agravaba por el hecho que no existía una “lista oficial” que indicase qué libros eran sagrados, ni existía una “edición oficial” de la Biblia. Además la praxis litúrgica también reclamaba uniformidad.
A estas antiguas traducciones latinas se les denomina con el título colectivo de “Vetus latina”. El primero que intentó recopilarlas de modo científico fue el monje benedictino Pierre Sabatier ( 1742). Actualmente un instituto de investigación está recopilando todos los fragmentos de esas antiguas traducciones. Hasta hoy ya han reunido 27 volúmenes.

Fue el ambicioso e inescrupuloso papa Dámaso I ( 384) quien tuvo el mérito de encargar el a. 382 a san Jerónimo ( 420) una edición fidedigna de los Evangelios y los Salmos. San Jerónimo dedicó el resto de su vida a traducir y comentar, no solo esos, sino todos los libros bíblicos. El fruto de todo su esfuerzo fue la llamada Biblia “Vulgata”.
Pero téngase en cuenta que un trabajo tan extenso no debe verse como un todo monolítico: hubo muchos libros en los que san Jerónimo casi mantuvo la misma traducción anterior a él (por ejemplo en el Nuevo Testamento solo hizo una nueva traducción de los Evangelios y una revisión más a fondo de las Cartas de san Pablo), algunos libros no los tradujo (Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Macabeos I - II) y en el caso de los Salmos hizo tres traducciones distintas: la primera (c. 384, llamado Salterio Romano) que fue más bien una revisión de una antigua traducción latina, otra (c. 391, llamado Salterio Galicano) a partir de la versión griega de los LXX, y la tercera (c. 399, llamado Salterio iuxta hebraicum), que él consideró la mejor, a partir del texto hebreo.
A partir del s. VII la versión de san Jerónimo se convirtió en la versión dominante que todos siguieron en el mundo latino, en parte gracias a su buena acogida en la praxis litúrgica y en la jerarquía católica latina. En época carolingia se amplificó la difusión del Salterio Galicano, y quedó relegado el Salterio iuxta hebraeos que san Jerónimo había considerado el mejor. El texto dominante entonces fue la edición del erudito Alcuino de York. En el s. XIII fue la Universidad de París la que producirá la edición predominante de la Biblia de san Jerónimo.

Prólogo e inicio del libro de Isaías en una biblia carolingia (s. IX). BNF ms lat. 8847

Aunque la obra de san Jerónimo aportó un texto bastante fidedigno y una razonable uniformidad, sin embargo con el paso del tiempo se fue corrompiendo. Ya que en aquella época los libros se escribían a mano, era cosa fácil que el cansancio o el descuido introdujeran erratas en los textos. Era fácil que el siguiente copista repitiese el error y añadiese otros nuevos. Durante los claroscuros de la Edad Media y la decadencia en el conocimiento del latín, las cosas empeoraron, de modo que unos mil años más tarde, en el s. XVI, en tiempos de la Reforma de Lutero y el Concilio de Trento, de nuevo surgió la necesidad de una edición fidedigna de la Biblia y que esta vez tuviese una explícita aprobación oficial.
El 8 de abril de 1546 el Concilio de Trento decretó la revisión de la Vulgata, pero poco se hizo hasta que Pío V lo impulsó en 1569. Tras la muerte de ese papa, de nuevo la obra quedó suspendida. En 1586 de nuevo se volvió al trabajo gracias al impulso del devoto franciscano Felice di Peretto, teólogo y humanista, que con el nombre de Sixto V había sido elegido papa en 1585, y que ya había trabajado en una nueva edición de la biblia griega de los LXX y su traducción latina. Las prisas por publicar una obra tan extensa y compleja le jugaron una mala pasada y cuando publicó su Biblia el 1º de marzo de 1590, fue recibida con numerosas y justificadas críticas debido a que el texto presentaba numerosas y evidentes erratas y omisiones. Sixto V reconoció que se necesitaba una nueva edición pero la muerte (27/agosto/1590) le impidió concluir su proyecto. Siguieron en rápida sucesión tres papas, mientras la pugna entre Francia y España acrecentaban el clima de inestabilidad. En 1592 fue elegido Clemente VIII, que entre sus primeras decisiones ordenó la publicación de la llamada Vulgata Sixto-Clementina o tridentina (9/noviembre/1592). Por las circunstancias, esta edición no fue mejor que la anterior, pero no se quiso mantener una cosa así en suspenso más tiempo, quedando en el aire la idea que más adelante se volvería a realizar una revisión más a fondo. Pequeños retoques se hicieron en 1593 y 1598, pero en los siglos siguientes nadie más tuvo el valor de acometer una obra tan necesaria como dificilísima.

Adán y Eva en la Biblia de Moutier-Grandval (BL Add ms 10546, c. 830-840). Esta Biblia, producida en Tours, sigue el texto revisado por Alcuino de York
Fue recién a principios del s. XX cuando los nuevos problemas planteados por el Modernismo sobre la Biblia impulsaron al papa León XIII a crear la Pontificia Comisión Bíblica y en 1907 el papa Pío X ordenó que se iniciase una revisión crítica de la Biblia en latín. La tarea se encomendó a un grupo de eruditos benedictinos.
Pronto se vio que la tarea era de una magnitud colosal, lo cual se agravó con el estallido de la Primera y después la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo por una serie de dificultades doctrinales que impedían avanzar la obra en la dirección adecuada. Así en marzo de 1945 papa Pío XII apenas podía publicar un nuevo Salterio latino, que no contentó ni a los nostálgicos ni a los impulsores de lo nuevo, y tuvo poca repercusión. La obra prosiguió con lentitud y la comisión de benedictinos solo llegó a publicar a duras penas los libros del Antiguo Testamento.
La nuevas perspectivas en materia bíblica instauradas por el Concilio Vaticano II (1962 - 1965) finalmente despejaron las dificultades doctrinales y en 1965 Pablo VI creó una comisión que reanudase los trabajos con todo el material acumulado. Entretanto muchos estudiosos se adelantaron y sacaron sus propias ediciones, entre las cuales hay que mencionar la edición crítica de la Vulgata (Bibliae sacrae iuxta Vulgatam versionem) dirigida por Robert Weber y publicada en Stuttgart 1969 (quinta edición en 2007), y que hoy es reconocida como la mejor edición científica de la Vulgata de san Jerónimo.
La comisión vaticana publicó en 1969 el Salterio y en 1971 el Nuevo Testamento. Finalmente el 25 de abril de 1979 Juan Pablo II publicó la edición oficial de la “Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum Editio”.
En 1986 se publicó una segunda edición de la Neovulgata latina con algunas correcciones. En 1998 se volvió a reimprimir esta última edición.

El salmo 23 en el ms Vat. lat. 17 (s. XIV), f. 181v

Para mejor visualizar las diferencias entre estas distintas ediciones, veamos el famoso Salmo 23 que en castellano comienza con las palabras “El Señor es mi pastor”.
En la primera columna la versión de la edición científica de R. Weber que es la mejor aproximación al texto original de la traducción de san Jerónimo (iuxta hebraicum). En la segunda columna la versión de la Biblia tridentina que recoge la versión más difundida en la liturgia de la Iglesia, que es traducción de la versión griega de los LXX y revisada por san Jerónimo. En la última columna la versión de la Neovulgata, que es el actual texto oficial de la Biblia católica y que debe usarse también en la liturgia en latín.

Vulgata Weber (Sal 22)
Sixto-Clementina 1592 (Sal 22)
Neovulgata (Sal 23)
1 Canticum David
1 Psalmus David.
1. Psalmus. David.
Dominus pascit me nihil mihi deerit
Dominus regit me, et nihil mihi deerit:
Dominus pascit me, et nihil mihi deerit;
2 in pasculis herbarum adclinavit me super aquas refectionis enutrivit me
2 in loco pascuae, ibi me collocavit. Super aquam refectionis educavit me;
2. in pascuis virentibus me collocavit, super aquas quietis eduxit me,
3 animam meam refecit duxit me per semitas iustitiae propter nomen suum
3 animam meam convertit. Deduxit me super semitas justitiae propter nomen suum.
3 animam meam refecit. Deduxit me super semitas iustitiae propter nomen suum.
4 sed et si ambulavero in valle mortis non timebo malum quoniam tu mecum es virga tua et baculus tuus ipsa consolabuntur me
4 Nam etsi ambulavero in medio umbrae mortis, non timebo mala, quoniam tu mecum es. Virga tua, et baculus tuus, ipsa me consolata sunt.
4 Nam et si ambulavero in valle umbrae mortis, non timebo mala, quoniam tu mecum es. Virga tua et baculus tuus, ipsa me consolata sunt.
5 pones coram me mensam ex adverso hostium meorum inpinguasti caput meum calix meus inebrians
5 Parasti in conspectu meo mensam adversus eos qui tribulant me; impinguasti in oleo caput meum: et calix meus inebrians, quam praeclarus est !
5 Parasti in conspectu meo mensam adversus eos, qui tribulant me; impinguasti in oleo caput meum, et calix meus redundat.
6 sed et benignitas et misericordia subsequetur me omnibus diebus vitae meae et habitabo in domo Domini in longitudine dierum
6 Et misericordia tua subsequetur me omnibus diebus vitae meae; et ut inhabitem in domo Domini in longitudinem dierum.
6 Etenim benignitas et misericordia subsequentur me omnibus diebus vitae meae, et inhabitabo in domo Domini in longitudinem dierum.


martes, 26 de abril de 2016

La Eliana: Historia de un nombre


La Eliana (en valenciano y oficialmente: L'Eliana) es un pequeño pero simpático pueblo que está a unos 20 km. de Valencia, que se caracteriza por un gran parque, casi en el centro del pueblo, y el gran número y calidad de sus restaurantes, bares, heladerías y cafeterías, que atraen visitantes de toda la comarca.
El nombre de este pueblo, o mejor dicho su etimología, nos ilustra cómo el olvido del latín, que durante siglos formó parte de la cultura de estas tierras, hace que tengamos una visión borrosa de nuestras raíces, o incluso que las perdamos de vista por completo. Y esto no vale solo para Europa, pues el mes pasado vimos que un texto latino (Éder, Descriptio Provinciae Moxitarum) es el más valioso instrumento para conocer una (todavía hoy) remota región de la amazonía boliviana.

Casa de la Juventud y Biblioteca Municipal de L'Eliana. Foto de Bgasco, en Wikimedia.

Volvamos a La Eliana. Cuando en el s. XX este pueblo quiso afianzar su identidad y conocer más sobre su pasado, surgió la pregunta sobre el origen del nombre: ¿era íbero, romano, árabe o latín medieval?
Pedro Sucías Aparicio ( 1917) creyó que venía de la unión de “Elías” y “Ana”, santos patrones de una antigua ermita del pueblo.

El canónigo e historiador José Sanchis y Sivera ( 1937) en su “Nomenclator Geográfico - Eclesiástico de los Pueblos de la Diócesis de Valencia” pensaba que se debía a la devoción que en el pueblo había hacia una imagen de san Elías.
Francesc Almela i Vives ( 1967) veía una conexión entre “Elia Capitolina” y “Helios”, el dios del sol (conexión errónea porque esta “Elia” proviene del nombre del emperador Aelius Hadrianus que la mandó construir), e imaginaba que Eliana deriva de ahí, por el hecho que es un lugar soleado.
Gaspar Jaen Urban en su libro “Aproximación al Municipio de La Eliana” (1979) recogía otras dos explicaciones: una decía que quizás hubo una villa romana y que el propietario (se aseguraba incluso que habría sido un cónsul) tuvo una hija llamada “Helia”, de donde habría dado en llamarse a este lugar Eliana. La otra imaginaba que quizás hubo algún prior carmelita que se llamaba Elías y que fue famoso y que en su recuerdo la villa se llamó Eliana.
Joan Coromines ( 1997) en su monumental “Onomasticon Cataloniae” lanzaba la hipótesis que Eliana fuese la deformación mozárabe de un antiguo nombre latino.

Icono del profeta Elías en el desierto. Museo de Arte de Yaroslavl (Rusia). Foto de Wikimedia. Elías era considerado fundador del monacato.

Josep Montesinos en su artículo “Patrimonio Cultural y Sociedad en L'Eliana”, en L'Eliana: Historia, Geografía y Arte, Universitat de Valencia 2009, expone en p. 254 - 255 las variadas soluciones y se extravía, siguiendo a Coromines, en una imaginaria “villa Lliriana”, que en mozárabe habría tomado la forma de “Leriana” y finalmente “L'Eliana”. Es cierto que no es descabellado pensar que hubo una villa romana en el actual término del municipio (aunque primero habría que descubrirla), pero afirmar además que la villa se llamaba “Lliriana” o que ahí vivía una muchacha llamada “Helia”, es inaceptable pues eso sale directamente del sombrero de un mago o de una bola de cristal.

Más acertado estuvo Joan Carles Membrado Tena, “Análisis y comparación semántica de los nombres de municipio de Valencia y Aragón”, Studium 18 (2012), Zaragoza, p. 38, nota 61, que lo coloca entre los hagiotopónimos, es decir aquellos pueblos que surgieron a partir de un centro religioso y en concreto que L'Eliana deriva del profeta Elías, pero este autor no explica en qué consiste esa conexión. Vemos pues que entre la mayoría todavía reina la incertidumbre respecto al origen de este nombre, y en especial respecto a la conexión entre los carmelitas y Elías.

Para llenar ese vacío escribo este artículo, y mostrar por extenso que los carmelitas creían que el profeta Elías (en latín: Elias/Elia/Helia) era su fundador, y que por ello usualmente aplicaban el adjetivo “elianus, eliana” a su propia orden y a todo lo relativo a ella, llegando a usarse la forma sustantivada “Eliana” para referirse a sus conventos; y que por lo tanto no es ninguna maravilla que el convento que fundaron aquí y el territorio bajo su control se llamó “Eliana”. De hecho, los documentos más antiguos muestran que los carmelitas de Valencia se referían a ella como "nuestra Eliana" o principalmente "L'Eliana" o en castellano "La Eliana".

Azulejo en el Desierto carmelita de las Palmas (Castellón)

Veamos ahora algunos textos que prueban la conexión entre los carmelitas y el profeta Elías y el uso del término "eliana-eliano" para referirse a su orden.
En el s. XV encontramos el testimonio del famoso monje alemán Johannes Trithemius, De Laudibus Ordinis Fratrum Carmelitarum, c. 1494. Entre [] el número de imagen de MDZ Digitale Bibliothek.

Elías, eximio profeta del Señor, de manera correcta y católica es llamado fundador de la Orden Carmelitana, si se examina sin prejuicios sus hechos en el libro de los Reyes. En verdad se lee que él fue el primero que habitó en el monte Carmelo, de donde toman nombre los frailes carmelitas. ........
[14] Helias, propheta Domini eximius, recte et catholice fundator Carmelitane Religionis dicitur, si eius facta ex Regum voluminibus absque inuidia discutiantur. Enimuero ipse montem Carmeli primus inhabitasse legitur, a quo fratres carmelite nominatur. ........
El principal argumento de la fundación eliana es este: el testimonio del pasado .....
[17] Maximum heliane institucionis argumentum est: tertimonium antiquitatis ...
Aunque a las otras órdenes les ajusta por igual el título de eliano, en cuanto implican cambio de vida, sin embargo el nombre del lugar no concuerda.
[19] Aeque autem ceteris ordinibus titulus helianus conuenit, cui etsi conuersatio vite congruat, tamen nomen loci non concordat.

Johannes Palaeonydorus, Liber Trimerestus de Principio et Processu Ordinis Carmelitici, Mainz 1497. Entre [] el número de imagen de Digitale Sammlungen Darmstadt.

Capítulo II: Que la orden eliana o carmelita de los frailes de santa María Madre de Dios, en su desarrollo pasó por tres etapas.
[20] Capitulum II: Quod heliana seu carmelitana religio fratrum beate Dei Genitricis Marie in sua continuacione triplicem habuit statum.
En verdad estos por Elías, su patrón genérico .... justamente son carmelitas y elianos, aunque no sean llamados así ....
[23] Enimuero hi a patrono passiuo Helya ..... veraciter carmelite et helyani sunt, quanquam non ita nominentur ....
Pues no faltan adversarios de la orden eliana o carmelitana, que dicen aquella frase de Aristóteles ....
[33] Non enim desunt helyane siue carmelitane religionis aduersarii, dicentes verbum Aristotelis ...

Daniel a Virgine Maria, en su Vinea Carmeli seu Historia Eliani Ordinis, Antuerpiae 1662, p. 61, cita unos versos del poeta carmelita Baptiste Spagnoli, el Mantovano ( 1516), referidos a su orden:

.... mi familia [religiosa]
es a la vez eliana y mariana.
.... gensque
eliana simul et mariana mea est.

Egidio Leonindelicato, Giardino Carmelitano, Palermo 1600, lo recoge en italiano:

Por muchos fueron llamados frailes elianos, y esto merecidamente por respeto al autor y fundador, nuestro padre Elías ....
[p. 57] Da molti furono chiamati fratri eliani, e questo meritatamente per rispetto dell'autore e fondatore, padre nostro Elia ...

Franciscus Bonae Spei, Historico - Theologicum Carmeli Armamentarium, Antuerpiae 1669, p. 100:

El autor es Tomás de Jesús, un varón ilustre en la orden eliana por su saber y piedad...
Auctor est Thomas a Iesu, vir in eliana familia doctrina ac pietate clarus....

El jesuita Joseph Andres, Decor Carmeli, Zaragoza 1669:
.... los innumerables monasterios de la Tebaida, Palestina, Siria y Egipto, todos los cuales .... fueron [monasterios] elianos.
[p. 330] ... infinita monasteria Thebaidae, Palestinae, Syriae et Aegypti, quae ... omnia eliana fuerunt.
.... [la orden carmelita es] eliana, porque tiene a Elías, profeta santísimo como creador y fundador.
[p. 454] ... eliana, quia Eliam, vatem sanctissimum, institutorem et fundatorem habet.

Emanuel Ortigas, Discursos Predicables en los Triunfos del Carmelo, Zaragoza 1670, lo usa en numerosos pasajes, por ejemplo algunos:
p. 93: religiosamente siguían el Instituto eseno u eliano, que es lo mismo ...
p. 102: ... todos se devan a la Familia eliana esclarecida .....
p. 459: María, Señora nuestra, es fundadora y madre de la Familia eliana ...
p. 489: ... y otros varones insignes de la Religión eliana ...

Lo mismo puede leerse en Francisco María Maggio, Carmelus Marianus sive Carmelitana et Eliana Religio, Neapoli 1677, y en Giuseppe Maria Fornari, Anno Memorabile de Carmelitani, t. 2, Milano 1690, p. 215: “nostra eliana instituzione”.
También el portugués Estevam de s. Angelo, en Jardim Carmelitano, Lisboa 1741, que es traducción de la obra arriba citada de Leonindelicaro, pero que tiene amplias adiciones, en las que el autor usa con frecuencia el término “eliana”: “no anno de 527 padecei na Syria a Ordem Eliana muitas tribulaçoens”.

El profeta Elías es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Fresco en el Monasterio de Rila (Bulgaria). Foto de Edal Anton Lefterov, en Wikimedia.



Tras este recorrido por autores del s. XV al s. XVII podemos entender mejor el valor de estas dos citas del prior carmelita que compró las tierras y mando erigir el convento donde hoy se halla nuestro municipio: Miguel Alfonso de Carranza, Primera Parte del Catechismo y Doctrina de Religiosos Novicios, Professos y Monias, Valencia 1605:
cap. 5, p. 23:
“No será de poco provecho [para el fraile] saber del arte de la labrança, para quando le encomienden la huerta, o la Eliana, donde ha de arar y sembrar los campos y cultivar las viñas”.
cap. 55, p. 405:
“En frente tenía un retablo de figura antigua, al ólio, pero de buena mano, como consta por muchas pieças que han quedado de dicho retablo en la misma capilla; y ay un lindo quadro del mismo retablo en la capilla del Noviciado deste convento y en la capilla que tenemos en nuestra Eliana.”
En el primer caso “Eliana” es sinónimo de convento en medio del campo, en un lugar solitario; en el segundo caso “nuestra Eliana” es una referencia específica al convento que tenían en nuestra población.

Finalmente anotar que otro rastro que hasta hoy ha quedado de la devoción de los carmelitas al profeta Elías, y el uso de estos adjetivos, es el nombre femenino “Eliana”, que en el s. XV ya lo testimonia Francesc Eiximenis, Lo Llibre de les Dones, V, cap. 176 (Wittlin, p. 264): “Legim de Eliana, santa monga, que havia gran pahor de la mort ...”. Actualmente es poco usado pero todavía subsiste en Europa y especialmente en Latinoamérica. Por ejemplo tenemos a la actriz española Eliana Sánchez, a la cantante y presentadora brasileña Eliana Michaelichen Bezerra, la cantante colombiana Eliana Raventos, la pintora francesa Eliana Perinat, la botánica chilena María Eliana Ramírez, la cantante italiana Eliana Valentino, etc., etc., ¿Si vas a tener una niña ya has pensado en el nombre?
Y si quieres leer la historia de L'Eliana en latín mira este enlace: https://la.wikipedia.org/wiki/Eliana
 

jueves, 31 de marzo de 2016

Francisco Javier Éder: Lima del s. XVIII


El año 1751 desembarcaba en el puerto del Callao un joven sacerdote jesuita húngaro. Su destino eran las misiones en la región amazónica sureña del entonces Virreinato del Perú, una región poco conocida, desdeñada por las autoridades españolas (no había minas de oro ni plata), insidiada por los portugueses traficantes de esclavos, llena de peligros por las enfermedades, las fieras y las desconfiadas tribus indígenas. Ahí permaneció casi 17 años y nos ha dejado un valiosísimo testimonio sobre las culturas amazónicas de esa región.
Francisco Javier Éder nació en Banská Stiavnica, en 1727 (entonces parte del Reino de Hungría, hoy en Eslovaquia). Se hizo jesuita a los 15 años y llegó en 1751 al entonces Virreinato del Perú, siendo designado para las misiones en la región de Moxos (hoy Beni, Bolivia).
Estuvo en Lima, de paso hacia la actual Bolivia, y recorrió dos veces el centro y sur del actual Perú, pero sus observaciones más valiosas son sobre la parte amazónica en la actual frontera entre Bolivia y Brasil, donde describe las creencias y costumbres de los distintos grupos indígenas así como las novedosas plantas, insectos y animales que encontró en aquella región.
Éder estuvo en aquella misión hasta que se decretó la expulsión de los jesuitas, y en abril de 1768 tuvo que emprender el viaje de retorno a Europa, a su patria, donde pocos años después murió (Banská Bystrica, 17 abril 1772).
De vuelta en su patria, Éder había empezado a componer, a petición de amigos, su “Descriptio Provinciae Moxitarum in Regno Peruano”, en la que intentó volcar todos sus recuerdos y experiencias de sus años como misionero en tierras americanas.
Pero, por desgracia, la obra de Éder quedó inacabada (muchas secciones, especialmente de la segunda parte, son casi meras anotaciones de temas que seguramente pensaba desarrollar, a veces en desorden) e inédita debido a su repentina muerte.
Mapa de la región de Moxos, dibujado por Binder a partir de un dibujo de Éder, que aparece en la edición de 1791. Imagen de Gallica, BNF.

El jesuita János Molnár tradujo al húngaro y publicó algunos extractos (1783-1804). En 1791 el jesuita Pál Mako publicó en latín una versión abreviada de las secciones que encontró mejor acabadas y que le parecieron más interesantes y políticamente correctas (esta es la edición que puede hallarse en Internet y es la que uso aquí). (Nota agregada el 30/12/2016: ayer he hallado en Internet el manuscrito original del padre Éder y debo decir que la edición de Malko es una pálida sombra de lo que escribió Éder, al menos respecto a esta sección. Pronto espero publicar secciones del manuscrito original).
En 1888 el obispo y estudioso Nicolás Armentia publicó una traducción al castellano de la edición abreviada.
En época actual el historiador Josep Barnadas ( 2014) publicó una traducción al castellano basada en el manuscrito original, con una erudita introducción e índices, pero sin texto latino (Cochabamba, Revista Historia Boliviana, 1985). En 2009 se ha publicado una traducción del original latino al francés por Joseph Laure, por desgracia tampoco presenta el texto latino (Missionnaire en Amazonie. Récit du dix-huitième siècle d'un jésuite au Perou, en Bolivie et dans les réductions indiennes, París, Harmattan). Solo algunos capítulos en latín-francés han sido publicados en la revista Acta Ethnographica Hungarica.

A continuación algunos pasajes que reflejan como quedaron Lima y los limeños retratados en la mente curiosa de este jesuita húngaro. Todos los textos son de la edición de 1791, de la primera parte, capítulo primero. Conservo la ortografía que aparece en esa edición.

El emplazamiento de la urbe limeña es agradable en sí mismo pero le agrega más gracia el verdor de los árboles, huertos y campos existentes, así como por las aguas del río derivadas por medio de canales por todas partes.
Situs limanae urbis tum per sese amoenus est, tum haud parvam consequitur gratiam a virore adsitarum arborum, hortorum et camporum, ab aquis item e fluvio canalium ope quaqua versus derivatis.
Además la cercanía de [otros] poblados, ante todo el puerto del Callao, distante a solo dos leguas, hace que Lima abunde de productos de todo género, no solo americanos, sino incluso europeos.
Vicinitas porro oppidorum, cumprimis autem portus Callao, duabus duntaxat leucis sejuncti, illud efficit ut Lima, non americanis modo, sed etiam europaeis mercibus generum omnium [p. 9] abundet.
Y la tierra no respondería con avaricia al agricultor, si no fuese que toda la energía de sus pobladores se consume únicamente en la minería.
Neque gleba ipsa avare responderet colono, nisi omnis incolarum industria unice in eruendis metallis consumeretur.

Luego enumera dos azotes que flagelan Lima: los terremotos y el “inmenso ejército” de piques (o niguas, una especie de pulga que se introduce bajo la piel, especialmente en los pies).
Luego anota que aunque dentro de sus muros podrían vivir 600 mil habitantes, sin embargo la población no supera las 60 mil personas. Y agrega sobre la diversidad racial:

..... Entre ellos se estima que son unos seis mil los españoles sin ninguna mezcla racial con los indígenas.
[p. 10] .... Hos inter hispani, nulla sanguinis communione cum barbaris permisti, ad sex mille censentur.
Aquellos, que proceden de matrimonios mixtos entre españoles, indios y africanos, forman la restante multitud que es de tal variedad de colores y nombres que es difícil incluso enumerarlos.
Reliquam turbam illi conficiunt, qui e confusis hispanorum, indorum ac aethiopum conjugiis orti sunt, tanta colorum et nominum varietate ut vel enumerare operosum sit.

Luego observa que las casas están hechas de madera a causa de los frecuentes terremotos y que los techos son planos y sin ninguna clase de mortero a causa de la ausencia de lluvias.
Y sobre las calles y el tránsito:

..... Las calles no están adoquinadas; por eso, para evitar el polvo, así como el ardor del sol, y los hostiles insectos, todos, incluso los pobladores poco adinerados, conducen carros que tienen solo dos ruedas y tirados por un mulo.
[p. 11] ... Plateae caementis instratae non sunt; quare ad vitandos pulveres, solis item ardorem, et infesta animalcula, omnes, etiam mediocris fortunae incolae, praejuncto mulo, vectantur essedis, duabus duntaxat rotis instructis.
El número de tales vehículos fácilmente supera los seis mil.
Numerus hujusmodi vehiculorum sex mille facile aequat.

Y sobre el gusto de los limeños por el arte y su generosidad con los artistas extranjeros:

Respecto a la índole de los limeños, ella está inclinada a todo el saber.
Quod ad limanorum indolem adtinet, est ea ad omnem humanitatem informata.
Admirablemente entienden de pintura, música y las demas artes, y en las que ellos ignoran, acogen a los peritos en ellas con peculiar benevolencia, incluso munificencia.
Mire capiuntur pictura, musica ceterisque artibus, quas cum ipsi ignorent, peritos earundem [p. 12] peculiari benevolentia, immo etiam munificentia, complectuntur.
..... En verdad los limeños merecen esta dignísima alabanza: que todos ellos auxilian con empeño a esta clase de forasteros.
..... Habent enim limani hoc laude dignissimum: quod hujusmodi advenis certatim omnes opitulentur.

Luego describe el lujo de las casas y la ostentación que se hace en los convites “in Europa ipsa inaudito”, y la gran cantidad de adornos y objetos de oro y plata, así como las exorbitantes sumas que las mujeres gastaban en arreglarse.
Le sorprende la vivacidad de ingenio de los niños:

...... A menudo son de ingenio precoz, de modo que los niños de cinco o seis años no tienen menos raciocinio que los nuestros de diez años.
[p. 14] .... Ingenio plerumque sunt praecoce, ita ut quinquennes aut sexennes pueri bilustribus nostris usu rationis non cedant.
No es nada raro que los más aventajados acaben las letras y la filosofía a los trece años de edad, e incluso que hagan defensas públicas.
Literas mansuetiores una cum philosophia tertio decimo aetatis anno absolvere, ac publice etiam propugnare, res est minime infrequens.

Lamenta el autor que este ingenio se pierda y que todo se consuma en la minería y el comercio.
Por último destaca la atracción hacia lo novedoso:

..... Si algo nuevo se importa de Europa, sean unos cuchillos o unas tijeras más elegantes, sean unas cajitas de una forma todavía no vista, y otras mercaderías de ese tipo, verás a toda la ciudad, como sacudida de sus bases, acudir en masa.
[p. 15] .... Siquid ex Europa advehatur novi, si cultelli vel forficulae politiores, si pyxides formae nondum visae, et aliae idmodi merces, videas urbe tota, veluti sedibus emota, concursari.
Nadie se siente contento si no ha obtenido, al precio que sea, alguno de aquellos objetos deleitables.
Nemo se felicem reputat sine rebus hujusmodi ludicris, quantovis pretio, redimendis.
Este autor vio un cofrecito, hecho de cartón, y que entre nosotros sería de poquísimo valor, que fue adquirido al precio de ciento sesenta florines.
Vidit autor noster pyxidem, e papyro confectam, ac apud nos vilissimam, redemtam fuisse pretio florenorum centum sexaginta.