lunes, 16 de julio de 2012

Necromancia o invocación de los muertos


Para compensar el febril relato del Malleus maleficarum, que vimos hace unas semanas y sepamos que existieron voces que intentaron abordar el tema de la magia con un poco de cabeza fría veamos un texto del valenciano Benito Pereira (Valencia 1535 - Roma 1610), jesuita, profesor de filosofía y teología.
En sus escritos se advierte ese esfuerzo racionalizador, que será uno de los sellos característicos de la enseñanza jesuita en los siglos siguientes. Se ocupó en especial de física y meteorología desde el punto de vista de la filosofía aristotélica, y es notable su énfasis en la importancia de la experimentación y la razón en el estudio de la naturaleza. Además escribió un tratado De Magia, sobre el cual veremos un fragmento.
Puede parecer extraño para los lectores de hoy, pero en la Antigüedad y la Edad Media era habitual conectar esos temas filosóficos con la magia y la astrología. Aunque los filósofos griegos ya habían propuesto que el mundo estaba formado por átomos y se barajaban 4 elementos esenciales (agua, tierra, aire, fuego) los elementos y transformaciones químicas les eran completamente desconocidas. Eso originó las más variopintas teorías sobre fenómenos naturales y los pequeños éxitos de alquimistas, herbolarios, etc., fueron explicados a veces como "magia natural", a veces por la participación de un poder sobrenatural. Está claro que junto a los que entraban en este terreno con espíritu científico, también habían muchos más que entraban por motivaciones esotéricas, creyendo firmemente que los astros o los espíritus podían darles conocimientos y poderes sobrehumanos.
Benito Pereira se esfuerza por separar lo ilusorio y fantástico de lo real y posible. Dice que quiere separar la magia "naturalem et veram, ex occultis rerum naturis et virtutibus profectam" [p. 1] de aquella "daemonumque fraudibus et maleficiis implicatam". Y aunque reconoce que el demonio puede estar detrás de muchos portentos, sin embargo incluso eso trata de delimitarlo pues el recurso al demonio no es una explicación que valga para todo. Dicho de otro modo: no es cierto todo lo que los magos afirman poder realizar, incluso en el caso que tuviesen ayuda del demonio, pues éste también está sometido a las leyes que Dios ha fijado firmemente en el mundo material (razones filosófico-científicas) y en el mundo sobrenatural (razones teológicas).
Saul and the witch of Endor, acuarela de Edward Henry Corbould (1815-1905).  Relatos bíblicos como el de I Sam 28 pusieron en aprietos a los teólogos para dar una explicación coherente sobre la necromancia.


Benito Pereira, Adversus fallaces et superstitiosas artes, id est, de Magia, de observatione somniorum et de divinatione astrologica libri tres, cap. 11 (De necromantia), Ingolstadii, 1591.
[p. 67] Pero no se debe dudar que son ilusorias y falsas todas estas apariciones de muertos, que se hacen por el arte nigromántica: pues es evidente que la mayoría son fingidas por los mismos nigromantes o por otros.
[p. 67] ... Verum has omnes mortuorum, quae arte necromantica fiunt, apparitiones vanas et fallaces esse, non est dubitandum: plerasque enim ab ipsis necromantis aliisve fictas esse compertum est.
Sin embargo si realmente ha ocurrido, en esos casos se debe juzgar que no aparecieron las almas de los difuntos a los vivos, sino que los mismos demonios se manifestaron a los nigromantes o a los que les consultaban, iguales, digo, de vestimenta, aspecto, edad, voz y carácter, que tenían los muertos en otro tiempo, cuando estaban entre los vivos.
Si quae autem revera contigerunt, in his existimandum est, non animas defunctorum apparuisse vivis, sed ipsos daemones tales se ostendisse necromantis, vel eos consulentibus , tales, inquam, habitu, specie, aetate, voce et affectu, quales fuerant olim mortui, cum inter vivos versarentur.
Yo considero esta opinión como indudablemente cierta, [pues] estoy convencido por razones, testimonios y pruebas. Una razón ni oscura ni débil es aquélla por la cual santo Tomás confirma esto mismo en la [Suma Teológica,] primera parte, cuestión 117, artículo 4. El alma separada -dice- por su virtud natural no puede mover ningún cuerpo ...
Hanc ego opinionem ut procul dubio veram putem, rationibus testimoniisque et experimentis adducor. Ratio nec obscura nec sane infirma sit ea, qua S. Thomas prima parte, quaest. 117, art. 4, hoc ipsum confirmat. Non potest, inquit, anima separata, naturali virtute sua, movere aliquod corpus ....
Por eso las almas de los difuntos ni pueden asumir cuerpos ni con ellos presentarse a los vivos. Además, las nigromantes no tienen poder ni autoridad sobre las almas de los difuntos que están en el cielo, ni de los que están en el purgatorio; pues no conviene ni está bien que las almas de los santos estén sometidas a las impías artes de las nigromantes; ni de los que están en el infierno, pues estando allí arrojadas por Dios como en una cárcel, para expiar las penas eternas de sus crímenes, [p.68] luego por ningún poder pueden levantarse ni salir sin el mandato de Dios...
Quare animae defunctorum, nec assumere corpora, nec cum illis ad vivos venire possunt. Deinde, necromantae non habent vim et imperium in animas defunctorum quae sunt in coelo, nec quae sunt in purgatorio; non enim convenit aut decet animas sanctorum, impiis necromantarum artibus subiacere; neque in animas quae sunt in inferno, nam cum illuc sint a Deo tanquam in carcerem detrusae, ut aeternas scelerum suorum poenas luant [p. 68] nulla inde vi possunt efferri, nec nisi Dei mandato egredi ....
No niego que las almas que están en el purgatorio a veces hayan aparecido a los vivos: pues esto san Gregorio en el Cuarto libro de Diálogos lo prueba con algunos ejemplos claros. Y sin duda no niego que también las almas benditas de los mártires o de otros santos bajen a la tierra para traer su apoyo y consuelo a los hombres que imploran su auxilio....
Non inficior, animas quae sunt in Purgatorio, nonnunquam apparuisse vivis: id enim beatus Gregorius in Quarto libro Dialogorum nonnullis et quidem certis probat exemplis. Nec equidem nego, etiam animas beatas vel martyrum vel aliorum sanctorum, descendere in terras hominibus eorum auxilium implorantibus, opem et solatium laturas....

En el s. XVI y XVII las modernas ciencias de la naturaleza dieron sus primeros pasos y se independizaron de la teología y la filosofía y hoy no podríamos entender nuestra vida sin los descubrimientos proporcionados por la física y la química. Sin embargo muchas personas siguen buscando en la magia la seguridad para sus vidas. Quizás ya no buscan allí el filtro de la eterna juventud ni la piedra filosofal, pero siguen esperando ayuda en lo que ni las religiones oficiales ni la ciencia les han podido ofrecer certeza: ¿qué pasará mañana? ¿me amará?: las pequeñas cuestiones de nuestra vida diaria: salud, dinero y amor. Cuestiones intrascendentes pero importantísimas para cada individuo, porque sólo se tiene a sí mismo.

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