lunes, 31 de marzo de 2014

Grandes éxitos medievales: la "Inventio crucis"

En el mundo editorial es frecuente hallarse con los conceptos de “más leídos” y “más vendidos” como dos puertas de acceso al Olimpo editorial hacia las cuales se esfuerzan los pequeños editores, pero que desde hace décadas controlan con orquestadas campañas de publicidad las grandes editoriales que deciden quiénes son los grandes escritores y cuáles son las grandes obras que “deben ser leídas por todos”. Por eso desde muchos sectores se critica y desdeña el valor de esos indicadores, que tienen mucho de “profecía autorealizada”. Además esos factores mensurables parecen dejar de lado otros factores más valiosos, pero más difícil de medir, como “más valor literario” o incluso, saliendo del campo meramente estético, “más edificante” o “comprometido”.
Por otro lado, lo “más leído” no siempre es lo más vendido, pues existen obras que se han impreso y difundido incluso gratuitamente, como el “Libro rojo” (una recopilación de pensamientos de Mao Tse-Tung, cuyo número se estima superior a los 900 millones de ejemplares). Con el auge de Internet también muchos escritores hacen publicaciones gratuitas para ganar más notoriedad (teniendo en cuenta que vende más un mediocre famoso que un brillante desconocido). Naturalmente lo “más vendido” tampoco es equivalente de “mayor valor literario”, pues entre los libros más vendidos encontramos por ejemplo “El libro Guiness de los récords” (empezó a publicarse desde 1955) o la novela policíaca “Diez negritos” de Agatha Christie que han vendido más de 100 millones de ejemplares, y sin embargo solo pueden calificarse de entretenidos.
El Premio Nobel de Literatura tampoco fue creado exactamente para premiar ni la popularidad ni el valor estético. sino, en palabras del testamento de Alfred Nobel: “para la persona que haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada en una dirección ideal”.  Esta “dirección ideal” parece que dentro del contexto de su testamento (“premios para aquellos que, durante el año precedente, hayan alcanzado el más grande beneficio para la Humanidad”) debería entenderse en el sentido de “la que tenga un alto valor moral”, sin embargo los criterios de la Academia Sueca parecen haber sido más amplios y sus decisiones no están libres de críticas y de sospechas de influencias políticas.
En la Edad Media, aunque no existían listas de “top ten”, sin embargo hoy sabemos qué obras fueron más populares por el mayor o menor número de manuscritos y su difusión territorial. Naturalmente que existen muchas diferencias con la época actual y también factores que distorsionaban los resultados, pues entonces los libros eran artículos de lujo que solo podían permitírselo catedrales, monasterios, universidades o la realeza; y por otro lado, la Iglesia, como principal distribuidora (los monasterios fueron los principales centros de copiado de manuscritos) y usuaria, ejercía un control amplio pero pacífico sobre la difusión de textos e ideas. Cuando al final de la Edad Media se abarató la publicación de libros y se amplió el número de usuarios (párrocos, burgueses, baja nobleza, etc.) fue necesario que la Inquisición se ocupase del asunto con técnicas más agresivas.
Entre las obras que tuvieron gran acogida en la Edad Media estuvo la llamada “leyenda del hallazgo de la cruz”: un relato de origen popular en el que un judío llamado Judas Ciriaco ocupa el protagonismo junto con la reina santa Helena en el milagroso hallazgo de la cruz de Cristo. Este relato debió surgir a finales del s. IV y ponerse por escrito en griego a principios del s. V. Rápidamente fue traducido al latín (por lo general bajo el título de “Inventio crucis”) y sus copias se difundieron por toda la cristiandad en Oriente y Occidente, y hasta hoy ha llegado a través de unos doscientos manuscritos.
A partir del s. XIII la leyenda original quedó parcialmente oculta al ser reelaborada por Jacobus de Voragine para incluirla en su “Legenda aurea”, y más tarde simplificada por Petrus de Natalibus para incluirla en su “Catalogus sanctorum”. A partir de entonces la leyenda popular original es suplantada principalmente por las relecturas de estos dos autores y gradualmente cayó en el olvido, siendo solo tema de estudio para teólogos e historiadores. Recién a finales del s. XIX se empezó el estudio científico de esta leyenda y en las últimas décadas se ha resaltado la importancia que tuvo en la devoción y en la literatura de los s. V – X.

Santa Helena encuentra la cruz y sana una enferma. Ciclo de frescos de Agnolo Gaddi ( 1396), Storie della Croce, en la iglesia de la Santa Croce, Florencia. Foto de Web Gallery of Art.
 Aunque ya existen estudios y ediciones (en alemán, inglés y a elevado precio) de esta leyenda, he querido ofrecer a los lectores en lengua castellana una edición con base científica y a la vez que esté al alcance de todos.
(Marzo 2020: Bajo el título: "Hallazgo y exaltación de la santa cruz" acabo de publicar esta leyenda y la de la recuperación de la vera cruz que el monarca persa Cosroes se había llevado de Jerusalén. Más detalles en mi Librería Medieval. También puedes visitar mi página de autor en Amazon: https://www.amazon.com/author/pedro-leon-mescua

Adelanto aquí un fragmento del diálogo entre la reina Helena y Judas:

Mientras estaban diciendo esto, vienen los soldados a ellos diciendo: “Venid, os llama la reina”. Ellos, habiendo ido ante ella, eran interrogados por ella y no querían decir nada cierto.
Haec eis dicentibus, ueniunt milites ad eos dicentes: “Venite, uocat uos regina”. Illi autem cum uenissent ante eam, iudicabantur ab ea et nihil uerum uolebant dicere.
Entonces santa Helena ordenó que se arroje a todos al fuego. Ellos, habiéndose atemorizado, le entregaron a Judas solo diciendo: “Este varón es hijo de un justo y profeta y estudió la Ley con meticulosidad. Este, oh señora, te mostrará diligentemente todo lo que desea tu corazón”.
Tunc beata Helena iussit omnes in ignem mitti. Qui cum timuissent, tradiderunt ei Iudam solum dicentes: “Hic uir iusti et prophetae filius est et Legem nouit cum acriuilia. Hic, domina, omnia quae desiderat cor tuum ostendet tibi diligenter”.
Y, al dar todos testimonio unánime, ella despachó a los otros y retuvo solo a Judas. Y llamándolo, la reina le dijo: “Vida y muerte están puestas ante ti. Elige que quieres para ti, vida o muerte”.
Et, omnium simul testimonium perhibentes, quae dimisit aliis et tenuit Iudam solum. Et aduocans autem eum, dixit ei regina: “Vita et mors propositae sunt tibi. Elige tibi quid uis, uitam aut mortem”.
Judas dijo: “¿Quién estando en necesidad, si se le sirven panes come piedras?”
Iudas dixit: “Et quis in solitudine constitutus panibus appositis lapides manducet?”
Santa Helena dijo: “Si quieres vivir en el cielo y en la tierra, dime dónde está escondido el precioso leño de la cruz de Cristo”.
Beata Helena dixit: “Si ergo uis in caelis et in terra uiuere, dic mihi, ubi absconditum est lignum pretiosum crucis Christi".
Judas dijo: “¿Cómo saber lo que ocurrió? Pues de esto son ya más o menos doscientos años, y siendo nosotros jóvenes ¿cómo podemos saberlo?”
Iudas dixit: “Quemadmodum habetur in gestis? Sunt enim ex hoc iam anni ducenti plus minus, et nos cum simus iuniores, quomodo hoc possumus nosse?”
Santa Helena dijo: “¿Y cómo habiendo ocurrido la guerra en Ilión y Troya antes de esta generación ahora todos la recuerdan? En verdad también por escrito se transmite los que ahí murieron, sus recuerdos y sus tumbas”.
Beata Helena dixit: “Et quomodo ante has generationes cum in Ilio et Troade factum est bellum et omnes nunc commemorant? Nam et qui ibi sunt mortui et monumenta eorum et loca scriptura tradit”.
Y Judas dijo: “Necesariamente, señora, porque estaban escritas; pero nosotros no tenemos estas cosas por escrito”.
Et Iudas dixit: “Necessario, domina, quia conscripta sunt; nos autem non habemus haec scripta”.
Santa Helena dijo: “Aunque no están escritas, hace poco has reconocido que ocurrieron”.
Beata Helena dixit: “Etsi non sunt scripta paulo ante confessus est quia sunt gesta”.
Judas dijo: “Lo he dicho sin certeza”.
Iudas dixit: “In dubio locutus sum”.
Santa Helena dijo: “Tengo la santa voz de los Evangelios sobre el lugar en que Cristo fue crucificado. Solo muéstrame el lugar que se llama Calvario y yo haré limpiar el lugar: quizás encuentre lo que anhelo”.
Beata Helena dixit: “Habeo igitur beatam Euangeliorum uocem in quo loco crucifixus est Christus. Tantum ostende mihi qui uocatur Caluariae locus et ego faciam mundari locum: forsitan inueniam desiderium meum”.
Judas dijo: “No conocí el lugar porque entonces no vivía”.
Iudas dixit: “Neque locum noui quia nec eram tunc”.
Santa Helena dijo: “Por el crucifijo te mataré de hambre si no me dices la verdad”. Y, habiendo dicho esto, ordenó arrojarlo en una cisterna vacía durante siete días, dejándolo sin alimento.
Beata Helena dixit: “Per crucifixum fame te interficiam nisi dixeris mihi ueritatem”. Et, cum haec dixisset, iussit eum mittere in lacum siccum usque in septem dies, sine cibo manentem.
Habiendo transcurrido siete días, Judas clamó desde la cisterna diciendo: “Os lo ruego, sacadme y os mostraré la cruz de Cristo”.
Cum autem transissent septem dies, clamauit Iudas de lacu dicens: “Obsecro uos, educite me et ego ostendam uobis crucem Christi”.

martes, 4 de febrero de 2014

Horacio: Sapere aude. Incipe



Quinto Horacio Flaco ( 8 a. C) es un poeta romano que siempre ha gozado de popularidad: fue apreciado entre prestigiosos autores romanos como Ovidio y Quintiliano, en la Edad Media se valoró las vehementes llamadas a la virtud de sus Epistulae, en el Renacimiento Petrarca lo tomó como modelo de poeta, y en los siglos siguientes sus ediciones se multiplicaron y muchos de sus versos se han convertido en slogan populares, como el famosísimo “carpe diem” (Odas 1, XI 7).

Cada época parece haber encontrado en la poesía de Horacio algo en que reflejarse. El poeta cristiano Prudencio ( c. 413) no dudaba en considerar a Horacio una especie de “cristiano anónimo” y las burguesías occidentales han creído identificar su “aurea mediocritas” (Odas 2, X, 5) con una vida apartada de la política o por lo menos de “los extremismos”, mientras que los fascistas y gobiernos militaristas estaban encantados con su “dulce et decorum est pro patria mori” (Odas 3, II, 13). Esto es posible en gran parte por culpa (o mérito) del mismo Horacio que tuvo un pensamiento ecléctico. Mientras que el poeta Lucrecio era un ferviente apóstol del epicureísmo y cada verso de su obra proclama su fe, no ocurre lo mismo en Horacio. Aunque estudió en Grecia y conoció bien las dos corrientes rivales y de moda, el estoicismo y el epicureísmo, sin embargo no llegó a optar abiertamente por ninguna. En sus escritos hallamos guiños a ambas corrientes, aunque en sus últimas obras su preferencia parece inclinarse más claramente hacia el epicureísmo. De todos modos Horacio siempre se detiene en los aspectos comunes (la exhortación a la virtud, la crítica a las pasiones, el elogio a la vida sobria del sabio) y evita entrar en las cuestiones cosmológicas, antropológicas y teológicas que dividían ambas corrientes.
"Horacio". Oleo de Adalbert von Rössler ( 1922)
A continuación, para saborear algo de su estilo directo un pasaje de uno de sus famosos poemas: la dirigida al joven Lolio Máximo (Epístolas 1, 2, vv. 32-54).

Vehemente exhortación a la virtud
Para matar a un hombre se alzan de noche los ladrones;
¿para cuidarte a ti mismo, no te despiertas? Pero si no quieres correr sano, correrás hidrópico, y si no pides antes que amanezca un libro y una lampara, si no vas a dirigir tu empeño a los estudios y acciones honestas, la envidia y la pasión te torturarán despierto. Pues ¿por qué te apresuras a remover lo que molesta a los ojos, si lo que está en el alma, difieres la hora de curarlo de año en año?
Ut iugulent hominem surgunt de nocte latrones; [32]
ut te ipsum serues, non expergisceris? Atqui
si noles sanus, curres hydropicus, et ni
posces ante diem librum cum lumine, si non [35]
intendes animum studiis et rebus honestis,
inuidia uel amore uigil torquebere. Nam cur,
quae laedunt oculos, festinas demere, siquid
est animum, differs curandi tempus in annum?
Quien empieza, tiene la mitad de la obra; ¡atrévete a saber! ¡Empieza! Quien retrasa la hora de vivir rectamente, espera como el rústico mientras el río fluye: pero este, rápido, corre y correrá por todos los siglos. Dimidium facti, qui coepit, habet; sapere aude!
Incipe! Uiuendi qui recte prorogat horam, [41]
rusticus expectat dum defluat amnis: at ille
labitur et labetur in omne uolubilis aeuum.
Inutilidad de las ambiciones
Se busca plata y para procrear niños una fértil
esposa y se someten los bosques incultos con el arado:
a quien le toca lo suficiente, que no desee nada más.
Ni la casa ni la finca, ni los montones de bronce y oro apartan la fiebre del cuerpo enfermo del amo, ni las cuitas del alma: es necesario que el dueño tenga salud, si piensa gozar felizmente de los bienes acumulados.
Quaeritur argentum puerisque beata creandis
uxor et incultae pacantur uomere siluae: [45]
quod satis est cui contingit, nihil amplius optet.
Non domus et fundus, non aeris aceruus et auri
aegroto domini deduxit corpore febrem,
non animo curas: ualeat possessor oportet,
si conportatis rebus bene cogitat uti. [50]
Al que arde en deseo o teme, la casa y los bienes le valen tanto como las pinturas al legañoso, los paños tibios al gotoso, las cítaras a las orejas afligidas por la suciedad acumulada. Si el recipiente no es puro, todo lo que metes, se agria.
Qui cupit aut metuit, iuuat illum sic domus et res
ut lippum pictae tabulae, fomenta podagram,
auriculas citharae collecta sorde dolentis.
Sincerum est nisi uas, quodcumque infundis acescit.
El texto completo puedes leerlo en este enlace: https://sites.google.com/site/magisterhumanitatis/filosofia/horacio-epistolas-primer-libro/2-a-lolio-maximo


“Si no quieres correr sano, correrás hidrópico”. La sabiduría y la virtud no son elementos opcionales o decorativos en la vida humana que impunemente podemos dejar a un lado. La vida misma se encarga de “castigar” al necio, pues la vida es una carrera que debemos correr: o lo haremos bien, con sabiduría y virtud, y por tanto con felicidad; o lo haremos mal, con necedad y vicios y por tanto desgracia e infelicidad. Esa es la primera gran verdad que Horacio quiere hacer notar, casi gritar, al joven Lolio.
“Para matar a un hombre se alzan de noche los ladrones ¿Para cuidarte a ti mismo, no te despiertas?”. Durante la niñez y la juventud se vive como en un sueño, del cual hay que despertar a prisa, si no quieres que la vida te triture. Todo ser humano que ha llegado a este mundo cuando alcanza la juventud se encuentra en una encrucijada: dejarse arrastrar por el camino ancho de los pasiones o asumir los trabajos del camino estrecho de la virtud.
Si no pides antes que amanezca un libro y una lampara, si no vas a dirigir tu empeño a los estudios y acciones honestas, la envidia y la pasión te torturarán despierto”. Desde Sócrates y Platón toda la filosofía griega ha hecho una ecuación entre saber y virtud: mientras más conocimientos tuviese una persona, más virtuosa sería, pues tenían la convicción que el que obra mal, en el fondo siempre obra por ignorancia; para ellos es extraño el concepto judeo-cristiano de una “gracia y una sabiduría” infundida y revelada externamente desde Dios para alcanzar la perfección. En el caso del epicureísmo este imperativo de “conocer”, adoptaba un carácter más cosmológico, en la medida que a diferencia de las otras corrientes filosóficas, su visión era completamente revolucionaria: el universo estaba formado por átomos que se regían por sus propias leyes, también este mundo, las plantas, animales y el ser humano seguían estas leyes, en las cuales nada tenían que ver los dioses, que vivían apartados e indiferentes a la incesante fragua creadora y destructora de universos, entre cuyo oleaje brevemente el hombre aparece para intentar ser feliz antes de volver a ser engullido por la naturaleza. Solo el que obtiene este saber, según Epicuro, podrá librarse de las angustias de la mente, del miedo a los dioses y a la muerte, y llevar una existencia plena y feliz, en cuanto nos es posible, viviendo solos en un mundo extraño y hostil.
"¡Atrévete a saber! ¡Empieza!" (= sapere aude! Incipe!). Es imperativo que el joven se ponga pronto manos a la obra, que tenga el coraje de empezar a enterarse de cómo son realmente las cosas, empezar a leer y a saber. Y no quedarse boquiabierto ante la vida, como el necio que pierde las horas mirando el río pasar con la absurda esperanza que en algún momento dejará de fluir.
A quien le toca lo suficiente, que no desee nada más.” En esta otra sección Horacio empieza enumerando los pilares de la economía romana: comercio, familia y agricultura (no menciona la conquista) y condena como locura el consagrar todas las fuerzas y el tiempo a “buscar plata”. Pues la ambición y la avaricia suelen consumir el tiempo, el alma y la salud de quienes se hacen sus esclavos, víctimas de una sed insaciable, encadenados a una rueda que no deja nunca de girar. El sabio es el que sabe decir “basta”, sabe qué es lo necesario para vivir, sabe apreciar el valor de las cosas y sabe disfrutar de ellas; se sirve de las cosas, no es esclavo de las cosas. Entonces disfruta y es feliz con lo que tiene, obtiene la dulzura de todas las cosas; en cambio el necio, aunque sea rico, siempre está hambriento, inquieto, disgustado: destruye las cosas y finalmente no obtiene nunca el placer que esperaba. El sabio lo observa y se ríe, porque sabe que “si el recipiente no es puro, todo lo que metes se agria.”

miércoles, 22 de enero de 2014

San Vicente mártir, patrón de Valencia


Con razón entre los valencianos es muy popular el nombre Vicente (= victorioso), pues la ciudad tiene como santo patrono a Vicente diácono y mártir ( c. 304), cuya fiesta, cada 22 de enero, es día no laborable en Valencia capital (también tienen otro Vicente, este nacido en Valencia, san Vicente Ferrer, que fue famosísimo en la Europa del s. XIV-XV, y actualmente es patrón de la Comunidad Valenciana).
En diciembre presentamos la hagiografía de santa Bárbara, un personaje que no aparece en ninguno de las antiguas listas de santos y mártires, cuyos rasgos son más legendarios que históricos. En cambio en el caso del martirio del diácono Vicente existen testimonios fidedignos desde el s. IV (Prudencio, Paulino de Nola, Agustín de Hipona) y su culto está atestiguado en los más antiguos martirologios.
Todos los documentos también coinciden en las líneas básicas del relato: en tiempos de la persecución de Diocleciano, Galerio y Maximiano (el primer edicto fue dado en febrero del 303 en Oriente y gradualmente se aplicó también en Occidente e iba dirigido principalmente contra la jerarquía, y no pretendía tanto su exterminio sino la apostasía) fueron apresados en Zaragoza el obispo Valerio y su diácono Vicente. Ambos fueron cargados de cadenas y llevados a Valencia, donde fueron encarcelados rigurosamente (técnicas habituales para agotar al reo antes del juicio, aislarlo de sus potenciales seguidores y conseguir su colaboración). El comportamiento reservado del obispo ante el tribunal del gobernador Daciano le valió solamente la pena de destierro (también se ha especulado a partir de su nombre que quizás pertenecía a la ilustre gens Valeria, por lo cual habría sido tratado con más indulgencia). En cambio el fogoso discurso del joven Vicente produjo que fuese sometido a tortura para doblegar su voluntad. Parece seguro que se le sometió a tres tipos de tortura habitual. Primero el ecúleo (equuleus = caballito) una especie de potro primitivo en el que por medio de pesas y cuerdas se descoyuntaba los miembros de la víctima (el aspa con la que suele representarse a san Vicente es una variante de esto). Luego, si el reo permanecía obstinado, se clavaba en los costados ganchos y una especie de peines o rastrillos de púas afiladas para arrancarle poco a poco la piel y la carne. Por último a Vicente se le aplicó algún tipo de tortura con aplicación de objetos candentes (que era muy variada, según la imaginación sádica de los verdugos y la fortaleza de la víctima). Es muy probable (tal como atestiguan los relatos del martirio) que no fue torturado hasta la muerte, sino que fue llevado de vuelta a prisión y ahí falleció por las heridas sufridas.
El poeta Aurelio Prudencio ( c. 413), su compatriota (Tarragona, Zaragoza y Calahorra afirman ser su cuna), fue el primero en componer un poema en honor a san Vicente (Liber Peristephanon, carmen 5) en el cual ya se delinean todos los elementos característicos del héroe: habla sonriendo en medio de los tormentos, el furor demencial del gobernador romano, la tenebrosa celda que se ilumina y llena de flores y cantos, el cuervo que protege su cadáver, el mar que lo devuelve a la playa, etc. Más tarde san Agustín hace eco de varios detalles de la pasión de san Vicente en sus sermones en la fiesta del mártir (Sermón 274, 275, 276 y 277). A partir de estos la fantasía de los escritores medievales solo tuvieron que completar algunos datos biográficos, añadir más diálogos, componer datos sobre milagros y reliquias, y por supuesto agudizar todavía más los tormentos.
El gusto medieval por hacer padecer al santo héroe, llevarlo hasta límites increíbles de sufrimiento para luego salir triunfante, no nos debe extrañar pues algo similar todavía consumimos en los modernos Rocky, Rambo, la Novia de Kill Bill, Jackie Chan, por mencionar algunos, pues en general estamos habituados que todo héroe sea indefinidamente golpeado, tiroteado, apuñalado, y aún así corra kilómetros sin cansarse, haga malabarismos y mantenga intacta su capacidad de combate, todo esto sin despeinarse ni perder la sonrisa.
De todos modos los barnices dorados de la imaginación medieval no puede hacernos olvidar el terrible sufrimiento y el genuino heroísmo del joven Vicente, cuyo recuerdo desde el s. IV y por toda la Edad Media puso el nombre de Valencia en la memoria colectiva europea.
Maurits Cornells Escher ( 1972): Il Corvo Nero, Italia 1925, (xilografía sobre el cuervo que defendió el cuerpo del mártir san Vicente), en National Gallery of Art, Washington.
A continuación el relato del martirio de san Vicente tal como aparece en el "Catalogus sanctorum" de Petrus de Natalibus († c. 1405), cuya obra aunque de poco rigor histórico, gozó de amplia popularidad. Su versión es un relato abreviado de otro más largo.
 
Petrus de Natalibus, Catalogus sanctorum, lib. 2, cap. 111 (ms. Ott.lat. 225, f. 39r-v)

De san Vicente, diácono y mártir. Cap. 111
De sancto Uincentio, leuita et martire. Cap. CXI.
Vicente, eclesiástico y mártir, hispano de nación, de la ciudad de Zaragoza, fue engendrado por Euticio, su padre, hijo del nobilísimo ex-cónsul Agrestio, y su madre Enola. El cual desde la niñez era erudito en las Sagradas Escrituras y destacaba por su conducta y sabiduría siendo Valerio obispo de Zaragoza. Por ello, siendo aún joven, es ordenado archidiácono, y el obispo, ya que era tartamudo, le había encargado predicar en su lugar, pues carecía de talento oratorio.
Uincentius, leuita et martir, genere yspanus, de ciuitate caesaraugustana, patre Euticio, Agrestis olim nobilissimi et consulis filio, matre Enola, progenitus est. Qui a pueritia Sacris Litteris eruditus erat, et sub Ualerio caesaraugustano episcopo moribus et sapientia clarebat; a quo et adhuc iuuenis archidiaconus eius ordinatur; cui episcopus, quia impeditioris linguae fuerat, praedicandum uices suas commiserat, ipse uero orationi uacabat.
Así pues en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, habiendo entrado en la ciudad de Zaragoza el impiísimo Daciano, gobernador de Hispania, para obligar con tormentos a los cristianos a sacrificar, y oyese la elogiosa fama de Vicente, hizo que él con el obispo Valerio fuesen detenidos en la cárcel.
Tempore igitur Diocletiani et Maximiani imperatorum, cum Dacianus, yspaniarum praeses, nequissimus ciuitatem caesaraugustanam esset ingressus, ut christianos ad sacrificia tormentis compelleret, et Uincentii laudabilem famam audiret, fecit eum una cum episcopo Ualerio in carcere detineri.
Luego prosiguiendo a Valencia, los trajo consigo atados con cadenas en cuello y manos, y los tuvo ahí en durísima prisión, y por varios días los mortificó con hambre y privaciones, y después cuando se los presentaron, ya que no los vio para nada afligidos, reprendía a los carceleros, pensando que los reconfortaban en el calabozo.
Deinde pergens Ualentiam, cathenis uinctos in collo et manibus post se trahi, ipsosque ibidem custodiae durissime mancipari, et fame ac inopia diebus pluribus macerari, quos postmodum sibi praesentatos, cum in nullo conspexisset afflictos, custodes redarguebat, putans quod ipsos in ergastulo refouissent.
Y enfurecido preguntó a Valerio por qué osaba actuar contra las leyes de los emperadores. Habiendo este, rudo e inhábil para hablar, respondido casi con un murmullo, Vicente pidió al obispo permiso para responder. Una vez obtenido, con voz libre e inalterable afirmó que los dioses de los paganos eran demonios y dijo que nunca renegarían de Cristo nuestro Señor.
Et iratus Ualerium interrogauit cur contra praecepta principum agere praesumpsisset. Qui cum linguae rudis et imperitus quasi sub murmure responderet, Uincentius ab episcopo licentiam petiit respondendi. Qua obtenta, libera et constantissima uoce deos gentium daemonia esse asseruit et Christum Dominum se nunquam abnegaturos expressit.
Entonces el gobernador furioso mandó al exilio al obispo, donde tiempo después descansó en paz. Pero a Vicente, como joven rebelde y temerario, lo mandó torturar con terribles tormentos.
Tunc praeses iratus episcopum in exilium misit, ubi et post tempus in pace quieuit. Uincentium uero uti rebellem et iuuenem temerarium grauissimis tormentis cruciari mandauit.
Y primero lo hizo colocar sobre un ecúleo, le dislocó los miembros y le descoyuntó todo el cuerpo. Ya que preguntó cómo notaba su cuerpo lastimado, y aquel sonriendo decía que siempre había deseado eso y que el gobernador plenamente se ajustaba a sus deseos, furioso Daciano azotaba a los verdugos porque fracasaban en torturarlo, rugiendo con rechinar de dientes al expresar sus órdenes, como si él fuese torturado más que el mártir de Dios.
Et primo quidem illum fecit in eculeo leuari et membris [col.] distendi totoque corpore dissipari. Interrogans cum ubinam corpus suum miserabile cerneret, qui cum subridendo diceret hoc sempre optasse et praesidem suis uotis optime concordare, iratus Dacianus tortores flagellabat, eo quod ipsum in torquendo deficiebant, stridore dentium fremens, ac quasi se magis quam Dei martirem torqueri, nutibus ostendens.
En verdad los verdugos clavaron hondamente peines y ganchos de hierro en los costados de modo que la sangre brotaba de todo el cuerpo y rotas las junturas se veían las entrañas. Y cuando cansados los verdugos cesaron, él ya se mostraba invicto en todo.
Carnifices uero pectines et ungulas ferreas usque ad intima costarum fixerunt ita ut de toto corpore sanguis efflueret et solutis compagibus uiscera interna paterent. Et cum ministri lassi deficerent, ipse iam inuictus in omnibus apparebat.
Tras esto, por orden del gobernador, se le baja del ecúleo y se le lleva al patíbulo del fuego. Él censuraba la tardanza de los verdugos e iba con gozo al tormento. Así pues subiendo sobre la parrilla ardiente, ahí es asado, quemado e incinerado, y se le clava en todos los miembros ganchos de hierro: la llama se baña de sangre, las heridas se renuevan con las heridas. Además se echa sal en el fuego, para que saltando al cuerpo llagado dañe y queme más cruelmente con las violentas llamas, y los chispas ya no van a los miembros sino a la vísceras expuestas, y las mismas entrañas se deslizan fuera de su cuerpo.
Post haec, iubente praeside, eculeo deponitur et ad ignis patibulum ducitur. Qui moras carnificum arguebat et ad poenam alacriter properabat. Craticulam igitur candentem ultro conscendens, ibidem assatur, exuritur et crematur, membrisque omnibus uncinis ferreis infigitur: flamma sanguine conspergitur, uulnera uulneribus instaurantur. Sal insuper in ignem mittitur, ut in corpus uulneratum insiliens, stridentibus flammis crudelius flagellatur et comburatur, iamque non ad artus sed ad nudata uiscera tela iaciuntur, ipseque fibrae de eius corpore extra labuntur.
En medio de esto él permanece inmóvil y, alzando los ojos al cielo, oraba al Señor. Cuando esto fue comunicado a Daciano ordenó que fuese encerrado en la más horrible celda, que ahí se amontonase agudísimos trozos de ladrillo, que se pusiese sus pies en el cepo, y que lo dejasen echado sobre los ladrillos.
Inter haec manet immotus et, erectis in caelum oculis, Dominum precabatur. Cumque haec Daciano nuntiata fuisset, iussit eum in carcere teterrimo recludi, et ibi testas acutissimas congeri, pedesque eius in ligno configi, et extensum super testas relinqui.
Cuando se cumplió todo esto, el castigo se transforma en gloria, pues las tinieblas de la cárcel son ahuyentadas por una abundante luz divina, la aspereza del cascote cambia por la suavidad de las flores, los pies son liberados y el mártir del Señor es consolado por el dulce canto de los ángeles.
Quae cum adimpleta fuissent, poena mutatur in gloriam, nam tenebre carceris diuina superfusa luce fugantur, testarum asperitas in florum suauitatem mutatur, pedes soluuntur et martir Domini angelorum dulci modulatione consolatur.
Los guardias que vieron esto por las rendijas se convirtieron. Pero algunos avisaron de esto al gobernador. Pero este viéndose vencido, ordenó trasladar al mártir a un lecho y abrigarlo con suaves mantas, pensando que lo haría más glorioso, si moría entre tormentos. Así, habiendo reposado apenas en el lecho, orando emitió su espíritu.
Quae custodes per rimas aspicientes, conuersi sunt. Quidam uero haec praesidi nuntiarunt. At ille se uictum reputans, iussit martirem ad lectum transferri et mollibus stramentis foueri, reputans eum magis gloriosum faceret, si deficeret in tormentis. Cum ergo in lectulo paululum quieuisset, orans emisit spiritum.
Al saber esto Daciano se disgustó, y al que no pudo vencer vivo, pensó vencerlo al menos muerto. Así pues ordenó llevar el cuerpo al campo y dejarlo para ser devorado por las aves y fieras. Y al instante un cuervo, celosamente dedicado a custodiar el cuerpo, echó otras aves más grandes que él con el ímpetu de sus alas y ahuyentó al lobo con picotazos y graznidos. Y ante el sagrado cuerpo se le veía inmóvil, pues admiraba ahí la custodia de los ángeles.
Quod audiens Dacianus doluit, et quem non ualuit uincere uiuum, putauit uincere uel defunctum. Iussit igitur corpus in campum deduci, et auibus ac feris deuorandum exponi. Statimque coruus ingluuie deditus corpus custodiens, alias aues se maiores impetu alarum abegit, et lupum morsibus et clamoribus effugauit. Et in conspectu sacri corporis fixus cernitur, utpote qui ibi angelorum custodiam mirabatur.
Entonces por orden del gobernador, que supo esto, se ata al cuerpo una inmensa muela y lo arrojan mar adentro, para que al menos sea pasto de los peces. Pero antes que los marineros que habían afondado el cuerpo en el mar volviesen a la costa, el cadáver liberado es llevado por las olas a la playa. El cual es hallado, por revelación de él mismo, por una matrona viuda, y ella junto con algunos fieles lo entierran en una pequeña iglesia.
Tunc iussu praesidis haec audientis, ingens mola corpori alligatur et in pelagus proicitur, ut saltem piscibus in pastum daretur. Sed antequam nautae qui corpus in mare demerserant, ad litus deuenirent, cadauer solutum in litus a fluctibus deductum est. Quod a quadam matrona uidua, ipso reuelante, repertum est, et ab ipsa una cum quibusdam fidelibus in modica basilica sepultum est.
En verdad una vez cesó la persecución, el cuerpo es llevado a la ciudad de Valencia y enterrado honoríficamente junto a las murallas. El mártir de Cristo fue sacrificado el 11º día antes de las calendas de febrero.
Cessante uero persecutione, [39v] corpus ad ciuitatem Ualentiam deducitur, et iuxta muros honorificentius tumulatur. Passus est autem Christi martyr XI kal. februarii.


Sigo el texto del ms. ott.lat.225 redactado en 1408 y que es uno de los más antiguos ejemplares de esta obra. Por desgracia la copia digital es antigua y de calidad muy baja, Por ello uso de forma subsidiaria la edición príncipe de Vicenza 1493 (p. 90-91). El texto subrayado está tomado de 1493. Las peculiaridades ortográficas están puestas en cursiva. También he tenido a la vista el "acta ex plurimis ueteribus manuscriptis" editada por los bolandistas en las Acta Sanctorum ianuarii, t. 3, p. 7-10.