miércoles, 22 de enero de 2014

San Vicente mártir, patrón de Valencia


Con razón entre los valencianos es muy popular el nombre Vicente (= victorioso), pues la ciudad tiene como santo patrono a Vicente diácono y mártir ( c. 304), cuya fiesta, cada 22 de enero, es día no laborable en Valencia capital (también tienen otro Vicente, este nacido en Valencia, san Vicente Ferrer, que fue famosísimo en la Europa del s. XIV-XV, y actualmente es patrón de la Comunidad Valenciana).
En diciembre presentamos la hagiografía de santa Bárbara, un personaje que no aparece en ninguno de las antiguas listas de santos y mártires, cuyos rasgos son más legendarios que históricos. En cambio en el caso del martirio del diácono Vicente existen testimonios fidedignos desde el s. IV (Prudencio, Paulino de Nola, Agustín de Hipona) y su culto está atestiguado en los más antiguos martirologios.
Todos los documentos también coinciden en las líneas básicas del relato: en tiempos de la persecución de Diocleciano, Galerio y Maximiano (el primer edicto fue dado en febrero del 303 en Oriente y gradualmente se aplicó también en Occidente e iba dirigido principalmente contra la jerarquía, y no pretendía tanto su exterminio sino la apostasía) fueron apresados en Zaragoza el obispo Valerio y su diácono Vicente. Ambos fueron cargados de cadenas y llevados a Valencia, donde fueron encarcelados rigurosamente (técnicas habituales para agotar al reo antes del juicio, aislarlo de sus potenciales seguidores y conseguir su colaboración). El comportamiento reservado del obispo ante el tribunal del gobernador Daciano le valió solamente la pena de destierro (también se ha especulado a partir de su nombre que quizás pertenecía a la ilustre gens Valeria, por lo cual habría sido tratado con más indulgencia). En cambio el fogoso discurso del joven Vicente produjo que fuese sometido a tortura para doblegar su voluntad. Parece seguro que se le sometió a tres tipos de tortura habitual. Primero el ecúleo (equuleus = caballito) una especie de potro primitivo en el que por medio de pesas y cuerdas se descoyuntaba los miembros de la víctima (el aspa con la que suele representarse a san Vicente es una variante de esto). Luego, si el reo permanecía obstinado, se clavaba en los costados ganchos y una especie de peines o rastrillos de púas afiladas para arrancarle poco a poco la piel y la carne. Por último a Vicente se le aplicó algún tipo de tortura con aplicación de objetos candentes (que era muy variada, según la imaginación sádica de los verdugos y la fortaleza de la víctima). Es muy probable (tal como atestiguan los relatos del martirio) que no fue torturado hasta la muerte, sino que fue llevado de vuelta a prisión y ahí falleció por las heridas sufridas.
El poeta Aurelio Prudencio ( c. 413), su compatriota (Tarragona, Zaragoza y Calahorra afirman ser su cuna), fue el primero en componer un poema en honor a san Vicente (Liber Peristephanon, carmen 5) en el cual ya se delinean todos los elementos característicos del héroe: habla sonriendo en medio de los tormentos, el furor demencial del gobernador romano, la tenebrosa celda que se ilumina y llena de flores y cantos, el cuervo que protege su cadáver, el mar que lo devuelve a la playa, etc. Más tarde san Agustín hace eco de varios detalles de la pasión de san Vicente en sus sermones en la fiesta del mártir (Sermón 274, 275, 276 y 277). A partir de estos la fantasía de los escritores medievales solo tuvieron que completar algunos datos biográficos, añadir más diálogos, componer datos sobre milagros y reliquias, y por supuesto agudizar todavía más los tormentos.
El gusto medieval por hacer padecer al santo héroe, llevarlo hasta límites increíbles de sufrimiento para luego salir triunfante, no nos debe extrañar pues algo similar todavía consumimos en los modernos Rocky, Rambo, la Novia de Kill Bill, Jackie Chan, por mencionar algunos, pues en general estamos habituados que todo héroe sea indefinidamente golpeado, tiroteado, apuñalado, y aún así corra kilómetros sin cansarse, haga malabarismos y mantenga intacta su capacidad de combate, todo esto sin despeinarse ni perder la sonrisa.
De todos modos los barnices dorados de la imaginación medieval no puede hacernos olvidar el terrible sufrimiento y el genuino heroísmo del joven Vicente, cuyo recuerdo desde el s. IV y por toda la Edad Media puso el nombre de Valencia en la memoria colectiva europea.
Maurits Cornells Escher ( 1972): Il Corvo Nero, Italia 1925, (xilografía sobre el cuervo que defendió el cuerpo del mártir san Vicente), en National Gallery of Art, Washington.
A continuación el relato del martirio de san Vicente tal como aparece en el "Catalogus sanctorum" de Petrus de Natalibus († c. 1405), cuya obra aunque de poco rigor histórico, gozó de amplia popularidad. Su versión es un relato abreviado de otro más largo.
 
Petrus de Natalibus, Catalogus sanctorum, lib. 2, cap. 111 (ms. Ott.lat. 225, f. 39r-v)

De san Vicente, diácono y mártir. Cap. 111
De sancto Uincentio, leuita et martire. Cap. CXI.
Vicente, eclesiástico y mártir, hispano de nación, de la ciudad de Zaragoza, fue engendrado por Euticio, su padre, hijo del nobilísimo ex-cónsul Agrestio, y su madre Enola. El cual desde la niñez era erudito en las Sagradas Escrituras y destacaba por su conducta y sabiduría siendo Valerio obispo de Zaragoza. Por ello, siendo aún joven, es ordenado archidiácono, y el obispo, ya que era tartamudo, le había encargado predicar en su lugar, pues carecía de talento oratorio.
Uincentius, leuita et martir, genere yspanus, de ciuitate caesaraugustana, patre Euticio, Agrestis olim nobilissimi et consulis filio, matre Enola, progenitus est. Qui a pueritia Sacris Litteris eruditus erat, et sub Ualerio caesaraugustano episcopo moribus et sapientia clarebat; a quo et adhuc iuuenis archidiaconus eius ordinatur; cui episcopus, quia impeditioris linguae fuerat, praedicandum uices suas commiserat, ipse uero orationi uacabat.
Así pues en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, habiendo entrado en la ciudad de Zaragoza el impiísimo Daciano, gobernador de Hispania, para obligar con tormentos a los cristianos a sacrificar, y oyese la elogiosa fama de Vicente, hizo que él con el obispo Valerio fuesen detenidos en la cárcel.
Tempore igitur Diocletiani et Maximiani imperatorum, cum Dacianus, yspaniarum praeses, nequissimus ciuitatem caesaraugustanam esset ingressus, ut christianos ad sacrificia tormentis compelleret, et Uincentii laudabilem famam audiret, fecit eum una cum episcopo Ualerio in carcere detineri.
Luego prosiguiendo a Valencia, los trajo consigo atados con cadenas en cuello y manos, y los tuvo ahí en durísima prisión, y por varios días los mortificó con hambre y privaciones, y después cuando se los presentaron, ya que no los vio para nada afligidos, reprendía a los carceleros, pensando que los reconfortaban en el calabozo.
Deinde pergens Ualentiam, cathenis uinctos in collo et manibus post se trahi, ipsosque ibidem custodiae durissime mancipari, et fame ac inopia diebus pluribus macerari, quos postmodum sibi praesentatos, cum in nullo conspexisset afflictos, custodes redarguebat, putans quod ipsos in ergastulo refouissent.
Y enfurecido preguntó a Valerio por qué osaba actuar contra las leyes de los emperadores. Habiendo este, rudo e inhábil para hablar, respondido casi con un murmullo, Vicente pidió al obispo permiso para responder. Una vez obtenido, con voz libre e inalterable afirmó que los dioses de los paganos eran demonios y dijo que nunca renegarían de Cristo nuestro Señor.
Et iratus Ualerium interrogauit cur contra praecepta principum agere praesumpsisset. Qui cum linguae rudis et imperitus quasi sub murmure responderet, Uincentius ab episcopo licentiam petiit respondendi. Qua obtenta, libera et constantissima uoce deos gentium daemonia esse asseruit et Christum Dominum se nunquam abnegaturos expressit.
Entonces el gobernador furioso mandó al exilio al obispo, donde tiempo después descansó en paz. Pero a Vicente, como joven rebelde y temerario, lo mandó torturar con terribles tormentos.
Tunc praeses iratus episcopum in exilium misit, ubi et post tempus in pace quieuit. Uincentium uero uti rebellem et iuuenem temerarium grauissimis tormentis cruciari mandauit.
Y primero lo hizo colocar sobre un ecúleo, le dislocó los miembros y le descoyuntó todo el cuerpo. Ya que preguntó cómo notaba su cuerpo lastimado, y aquel sonriendo decía que siempre había deseado eso y que el gobernador plenamente se ajustaba a sus deseos, furioso Daciano azotaba a los verdugos porque fracasaban en torturarlo, rugiendo con rechinar de dientes al expresar sus órdenes, como si él fuese torturado más que el mártir de Dios.
Et primo quidem illum fecit in eculeo leuari et membris [col.] distendi totoque corpore dissipari. Interrogans cum ubinam corpus suum miserabile cerneret, qui cum subridendo diceret hoc sempre optasse et praesidem suis uotis optime concordare, iratus Dacianus tortores flagellabat, eo quod ipsum in torquendo deficiebant, stridore dentium fremens, ac quasi se magis quam Dei martirem torqueri, nutibus ostendens.
En verdad los verdugos clavaron hondamente peines y ganchos de hierro en los costados de modo que la sangre brotaba de todo el cuerpo y rotas las junturas se veían las entrañas. Y cuando cansados los verdugos cesaron, él ya se mostraba invicto en todo.
Carnifices uero pectines et ungulas ferreas usque ad intima costarum fixerunt ita ut de toto corpore sanguis efflueret et solutis compagibus uiscera interna paterent. Et cum ministri lassi deficerent, ipse iam inuictus in omnibus apparebat.
Tras esto, por orden del gobernador, se le baja del ecúleo y se le lleva al patíbulo del fuego. Él censuraba la tardanza de los verdugos e iba con gozo al tormento. Así pues subiendo sobre la parrilla ardiente, ahí es asado, quemado e incinerado, y se le clava en todos los miembros ganchos de hierro: la llama se baña de sangre, las heridas se renuevan con las heridas. Además se echa sal en el fuego, para que saltando al cuerpo llagado dañe y queme más cruelmente con las violentas llamas, y los chispas ya no van a los miembros sino a la vísceras expuestas, y las mismas entrañas se deslizan fuera de su cuerpo.
Post haec, iubente praeside, eculeo deponitur et ad ignis patibulum ducitur. Qui moras carnificum arguebat et ad poenam alacriter properabat. Craticulam igitur candentem ultro conscendens, ibidem assatur, exuritur et crematur, membrisque omnibus uncinis ferreis infigitur: flamma sanguine conspergitur, uulnera uulneribus instaurantur. Sal insuper in ignem mittitur, ut in corpus uulneratum insiliens, stridentibus flammis crudelius flagellatur et comburatur, iamque non ad artus sed ad nudata uiscera tela iaciuntur, ipseque fibrae de eius corpore extra labuntur.
En medio de esto él permanece inmóvil y, alzando los ojos al cielo, oraba al Señor. Cuando esto fue comunicado a Daciano ordenó que fuese encerrado en la más horrible celda, que ahí se amontonase agudísimos trozos de ladrillo, que se pusiese sus pies en el cepo, y que lo dejasen echado sobre los ladrillos.
Inter haec manet immotus et, erectis in caelum oculis, Dominum precabatur. Cumque haec Daciano nuntiata fuisset, iussit eum in carcere teterrimo recludi, et ibi testas acutissimas congeri, pedesque eius in ligno configi, et extensum super testas relinqui.
Cuando se cumplió todo esto, el castigo se transforma en gloria, pues las tinieblas de la cárcel son ahuyentadas por una abundante luz divina, la aspereza del cascote cambia por la suavidad de las flores, los pies son liberados y el mártir del Señor es consolado por el dulce canto de los ángeles.
Quae cum adimpleta fuissent, poena mutatur in gloriam, nam tenebre carceris diuina superfusa luce fugantur, testarum asperitas in florum suauitatem mutatur, pedes soluuntur et martir Domini angelorum dulci modulatione consolatur.
Los guardias que vieron esto por las rendijas se convirtieron. Pero algunos avisaron de esto al gobernador. Pero este viéndose vencido, ordenó trasladar al mártir a un lecho y abrigarlo con suaves mantas, pensando que lo haría más glorioso, si moría entre tormentos. Así, habiendo reposado apenas en el lecho, orando emitió su espíritu.
Quae custodes per rimas aspicientes, conuersi sunt. Quidam uero haec praesidi nuntiarunt. At ille se uictum reputans, iussit martirem ad lectum transferri et mollibus stramentis foueri, reputans eum magis gloriosum faceret, si deficeret in tormentis. Cum ergo in lectulo paululum quieuisset, orans emisit spiritum.
Al saber esto Daciano se disgustó, y al que no pudo vencer vivo, pensó vencerlo al menos muerto. Así pues ordenó llevar el cuerpo al campo y dejarlo para ser devorado por las aves y fieras. Y al instante un cuervo, celosamente dedicado a custodiar el cuerpo, echó otras aves más grandes que él con el ímpetu de sus alas y ahuyentó al lobo con picotazos y graznidos. Y ante el sagrado cuerpo se le veía inmóvil, pues admiraba ahí la custodia de los ángeles.
Quod audiens Dacianus doluit, et quem non ualuit uincere uiuum, putauit uincere uel defunctum. Iussit igitur corpus in campum deduci, et auibus ac feris deuorandum exponi. Statimque coruus ingluuie deditus corpus custodiens, alias aues se maiores impetu alarum abegit, et lupum morsibus et clamoribus effugauit. Et in conspectu sacri corporis fixus cernitur, utpote qui ibi angelorum custodiam mirabatur.
Entonces por orden del gobernador, que supo esto, se ata al cuerpo una inmensa muela y lo arrojan mar adentro, para que al menos sea pasto de los peces. Pero antes que los marineros que habían afondado el cuerpo en el mar volviesen a la costa, el cadáver liberado es llevado por las olas a la playa. El cual es hallado, por revelación de él mismo, por una matrona viuda, y ella junto con algunos fieles lo entierran en una pequeña iglesia.
Tunc iussu praesidis haec audientis, ingens mola corpori alligatur et in pelagus proicitur, ut saltem piscibus in pastum daretur. Sed antequam nautae qui corpus in mare demerserant, ad litus deuenirent, cadauer solutum in litus a fluctibus deductum est. Quod a quadam matrona uidua, ipso reuelante, repertum est, et ab ipsa una cum quibusdam fidelibus in modica basilica sepultum est.
En verdad una vez cesó la persecución, el cuerpo es llevado a la ciudad de Valencia y enterrado honoríficamente junto a las murallas. El mártir de Cristo fue sacrificado el 11º día antes de las calendas de febrero.
Cessante uero persecutione, [39v] corpus ad ciuitatem Ualentiam deducitur, et iuxta muros honorificentius tumulatur. Passus est autem Christi martyr XI kal. februarii.


Sigo el texto del ms. ott.lat.225 redactado en 1408 y que es uno de los más antiguos ejemplares de esta obra. Por desgracia la copia digital es antigua y de calidad muy baja, Por ello uso de forma subsidiaria la edición príncipe de Vicenza 1493 (p. 90-91). El texto subrayado está tomado de 1493. Las peculiaridades ortográficas están puestas en cursiva. También he tenido a la vista el "acta ex plurimis ueteribus manuscriptis" editada por los bolandistas en las Acta Sanctorum ianuarii, t. 3, p. 7-10.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

La Leyenda de santa Bárbara


La palabra “leyenda” proviene del término latino legenda (gerundivo neutro plural de legere), que textualmente significa más o menos “lo que se debe leer”. El término adquirió vida propia en la Edad Media, cuando se utilizó en las rúbricas de los textos litúrgicos para indicar cuáles eran las lecturas de la vida de los santos “que se debían leer” cada día. El llamado “Oficio de lectura” era una especie de florilegio de escritos de los santos y vidas de los mártires principalmente, el cual fue introduciéndose en la “Liturgia de las Horas”, que era el ciclo de oraciones que marcaba el ritmo diario de conventos y catedrales (y ellas eran parte esencial en la Europa medieval).
La popularidad de los santos y la humana curiosidad sin duda contribuyeron a que cada vez se diera más espacio a los relatos sobre vidas, milagros y martirios de los santos. Aunque ya en los más antiguos escritores cristianos encontramos relatos sobre algunos mártires, sin embargo fue en Bizancio donde surgió la primera gran “fábrica” de estos relatos, donde la fantasía oriental, hiperbólica por tradición, fue supliendo lo que los datos no ofrecían. Así, a partir de los recuerdos de tantos mártires que sufrieron y murieron bajo las múltiples persecuciones romanas, en donde quizás apenas se recordaba unos nombres y unos pocos datos sobre su muerte, la fantasía popular fue construyendo relatos pormenorizados, con diálogos y diversos personajes. Además se estableció una especie de “competencia del dolor”: más grande o digno parecía el santo que más hubiese sufrido; por lo tanto no bastaba con que la tradición afirmase que había sido decapitado o crucificado: para destacar entre los demás el juglar debía hacer pasar a su santo por una serie de penurias, de modo que a veces debía hacer intervenir a Dios para sanar las heridas o devolver los miembros y que el santo pudiese continuar afrontando los nuevos tormentos que su imaginación dictaba.
Este deseo de magnificar la capacidad de sufrimiento del santo y detenerse en detalles escabrosos produjo que esos relatos adquiriesen un tinte macabro. El relato de una persona que es torturada y asesinada no puede ser plato fácil, sin embargo la literatura cristiana ya tenía el ejemplo de sobriedad de los evangelios al narrar la pasión de Jesucristo, o los escritos de los primeros padres, como leemos en Eusebio de Cesarea: “sería superfluo dar sus nombres, pero has de saber que hombres y mujeres, jóvenes y viejos, doncellas y madres, soldados y civiles, de toda raza y edad, algunos a través de azotes y fuego, otros por la espada, han conseguido la victoria y recibido sus coronas”. (Historia eclesiástica, VII, 11, 20). Pero la sobriedad de los primeros escritores cristianos no fue imitada por aquellos que fraguaban relatos de mártires y solo quería dejar boquiabiertos a sus ingenuos lectores.
Cuando estos relatos llegaron a Europa encontraron rápida y entusiasta acogida, siendo objeto de distintas colecciones, que parecen haber sido escritas en colaboración por Walt Disney y Quentin Tarantino, pues ahí se mezcla los más altos vuelos de ingenua fantasía con actos sangrientos y violentos, ingredientes que a la vez que horrorizan a la audiencia (ayer como hoy) al mismo tiempo la atraen. Estos dos elementos seguramente echan bastante luz sobre algunos aspectos de la cultura y la literatura occidental de los siglos siguientes hasta hoy.

Ilustración del Catalogus sanctorum, f. 4, edición Lugdunum1543.

Todos esos elementos se dan en la leyenda de santa Bárbara, que fue una de las santas más populares en la Edad Media, y su devoción se mantiene muy extendida, incluso en el mundo anglosajón. Al leer su historia comprendemos porque es patrona de los mineros, ingenieros, bomberos y artilleros, y porque se invoca su protección contra los rayos.
A continuación una de las versiones más populares de su historia.

Petrus de Natalibus, Catalogus sanctorum et gestorum eorum, lib. 1, cap. 25, Vicenza 1493 (BDH p. 20)
La virgen Bárbara fue martirizada en la ciudad de Nicomedia, en tiempos del emperador Maximiano bajo el gobernador Marciano. Su padre, llamado Dióscoro, pagano y noble de la ciudad, tras construir una alta torre, encerró ahí a su bellísima hija Bárbara para que no sea vista por los hombres. Y aunque muchos la habían pedido en matrimonio, ella, ya cristiana en el alma, inspirada divinamente negaba su consentimiento.
Barbara uirgo passa est in ciuitate Nicomedie, tempore Maximiani imperatoris sub preside Martiano. Cuius pater, Dioscorus nomine, eiusdem ciuitatis nobilis et paganus, turri excelsa fabricata, filiam pulcherrimam Barbaram intromisit ne ab hominibus uideretur. Cumque plurimi eam in coniugium peterent, illa, iam animo christiana, diuinitus inspirata consensum denegabat.
Y aunque el padre había ordenado a los obreros hacer dos ventanas en las termas que había construido en la torre, cuando él se fue, Bárbara hizo erigir una tercera.
Et dum pater in balneo quod edificabatur in turri, iussisset ab artificibus duas fieri fenestras, eo discedente, Barbara tertia erigi fecit.
Y bajando ella a las termas y pintando en el mármol con el dedo la señal de la cruz, de inmediato apareció en la piedra la señal de la cruz como si hubiese sido esculpida con hierro. De igual modo también en la piedra se imprimieron las huellas de sus pies.
Et descendens in balneum depingensque digito in marmore crucis signum, mox in petra signum crucis apparuit acsi ferro sculptum esset. Similiter in et silicie uestigia pedum illius impressa sunt.
Y entrando la joven en una piscina llena de agua, oró para que se santificase el agua, y sumergiendo su cuerpo, ella misma se bautizó en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Luego, tras salir del agua, subiendo a la torre, escupió al rostro de los ídolos y, mirando al cielo, adoró al Dios verdadero.
Et descendens puella in concam inundantibus aquis, orauit ut sanctificaretur aqua, et submergens corpus se ipsam baptizauit in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Egressa igitur de aqua, turrem conscendens, in idolorum facies conspuit et, respiciens in celum, Deum uerum adorauit.
Luego, al volver el padre e interrogarla de porqué había ordenado hacer tres ventanas en las termas, escuchó de ella: “Porque son tres los que iluminan el mundo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. Al oír eso el padre, tras coger su espada, la persiguió para matarla. Ella al huir y quedar atrapada al pie de una montaña, oró al Señor y, partida la roca, el monte dividido por el medio acogió a la virgen y la arrojó por el otro lado.
Rediens ergo pater et eam interrogans cur tres fenestras in balneo fieri iusserat, audiuit ab ea: “Quia tres sunt qui mundum illuminant, Pater et Filius et Spiritus Sanctus”. Quod audiens pater, arrepto gladio, eam insequitur ut occideret illam. Que dum fugeret et a montis crepidine preclusa artaretur, orauit ad Dominum et, scisso lapide, mons per medium diuisus uirginem suscepit et ad aliam partem eiecit.
Mientras subía el padre hasta ahí, habiendo preguntado a dos pastores que apacentaban sus rebaños, si habían visto a la joven fugitiva, uno de ellos, deseando salvarla, lo negó con juramento; pero el otro, queriendo que muriese, la señaló con el dedo. Y de inmediato él y sus ovejas se convirtieron en piedras, que permanecen ahí hasta el presente.
Quo dum pater ascendens, duos pastores greges pascentes, interrogasset an puellam fugientem uidissent, unus eorum cum iuramento negauit, eam saluare cupiens; alter uero ipsam digito ostendit, eam occidi uolens. Moxque ipse cum pecoribus suis in lapides conuersi sunt, usque in presens ibi manentes.
El padre, tras capturarla, arrastrarla de los cabellos y golpearla duramente, al día siguiente la entregó al gobernador Marciano para que la castigase. Y habiendo ella confesado a Cristo y respondido que los ídolos de los paganos eran demonios, el gobernador ordenó desnudarla y golpearla con nervios crudos y frotar sus heridas con sacos de cilicio. Después fue puesta en la cárcel con los pies sujetos a un cepo; ahí es confortada por el Señor que se le apareció de noche y sus heridas son cerradas.
Quam pater apprehensam et per capillos tractam et durissime cesam, Martiano presidi die sequenti tradidit puniendam. Et dum Christum confiteretur et idola gentium demonia esse contestaretur, iussit eam preses spoliatam et crudis neruis cedi, ac cilicinis saccis plagas eius extergi. Deinde carceri immissam pedibus in ligno constringi; ubi Domino sibi noctu apparente confortatur ipsiusque uulnera consolidantur.
Al día siguiente habiéndola el gobernador confiado a la piedad de los dioses y habiéndose reído la virgen de su locura, ordenó que se la colgase de los pies, se le rasgase los costados con ganchos y se le aplicasen velas ardientes. Además le golpearon la cabeza con martillos hasta que derramó por tierra abundante sangre de la nariz. Luego hizo cortarle los pezones y fue conducida desnuda por la ciudad.
Quod dum die sequenti preses deorum pietati ascriberet et uirgo eius insaniam derideret, iussit eam uersis pedibus suspendi, et latera eius unguibus radi atque ardentes lampades applicari. Insuper et caput malleis contundi donec de naribus ipsius sanguis abunde stillaret in terram. Deinde mammillas fecit precidi ipsamque nudam per ciuitatem circunduci.
Habiendo orado al Señor, mientras era llevada así, un ángel se le apareció, envolvió su cuerpo desnudo con una estola blanca, le devolvió los pezones y sanó todas sus llagas. Cuando el gobernador supo aquello, lleno de una rabia descontrolada, mandó decapitarla.
Conduciéndola su padre al monte donde la había capturado, con sus propias manos le cortó la cabeza, y de inmediato él fue consumido por un fuego celestial.
Dum autem sic ducta orasset ad Dominum, angelus sibi apparens denudatum corpus eius candida stola contexit, et mammillis restitutis plagas omnes sanauit. Quod dum preses cerneret, furore nimio repletus, eam decollari mandauit.
Quam pater ad montem ubi eam comprehenderat adducens, caput eiusdem manibus propriis amputauit, moxque ab igne celesti consumptus est.
El cuerpo de la virgen fue sepultado por Valentiano, un cristiano de Nicomedia, en el segundo día antes de las nonas de diciembre, y pasado el tiempo fue trasladado de ahí a Constantinopla.
Después fue llevado a Venecia por algunos nobles venecianos. Se dice que reposa en la iglesia de Santa María de los frailes crucíferos.
Corpus autem uirginis a Valentiano, quodam christiano Nicomedie, sepultum est, die secundo nonas decembris, indeque temporis processu Constantinopolim translatum.
Postmodum a uenetis quibusdam nobilibus Venetias delatum. Requiescere dicitur in ecclesia Sancte Marie cruciferorum.



viernes, 8 de noviembre de 2013

Savonarola: Infelix ego


El fraile dominico Jerónimo Savonarola (1452 – 1498) es uno de los personajes más polifacéticos del renacimiento florentino. Por un lado fue un hombre de profunda religiosidad y que encendía los corazones de sus oyentes con sus prédicas eficaces que iban desde la tierna devoción a Cristo hasta furibundas visiones apocalípticas y denuncias de la corrupción del clero. Pero no se contentaba con tocar las almas, sino que fustigó las desigualdades sociales y los abusos contra los pobres; y cuando se presentó la ocasión, no dudó en empujar a sus conciudadanos a convertir Florencia en una república cristiana (1494 – 1498) llamada a convertirse en la “Nueva Jerusalén”. Además fue un prolífico escritor y nos han llegado decenas de obras suyas. Su extraordinaria personalidad dejó su huella no solo entre el pueblo simple sino también impresionó a pensadores como Pico della Mirandola y Marsilio Ficino, así como a grandes artistas como Botticcelli y Miguel Angel, y algunos de sus inspirados poemas, musicalizados por grandes músicos como Josquin des Prez, se convirtieron en grandes “éxitos” de la época. Naturalmente la huella más profunda fue en el pensamiento religioso, pues pocas décadas tras su muerte Europa sería transformada para siempre con la Reforma protestante, que se inició recogiendo la bandera de Savonarola de una Iglesia más espiritual.
Mientras que la edición de Juan Poggio lo representa como un hereje engañado por el demonio, en cambio la ilustración de sus meditaciones sobre el Miserere lo muestra como fraile devoto.
El asombroso vuelo de Savonarola terminó de modo brusco y trágico el año 1498. Aunque tenía poderosos enemigos dentro y fuera de Florencia, sin embargo la ocasión surgió de un hecho extravagante: un fraile franciscano retó a Savonarola a caminar a través del fuego para demostrar la veracidad de su misión. El reto fue recogido por un fraile dominico, y se preparó una hoguera ante todo el pueblo como testigo. Finalmente ambos contendientes pusieron múltiples condiciones y la ordalía no se llevó a cabo. El pueblo quedó decepcionado y los enemigos de Savonarola cogieron la ocasión para hacer estallar una revuelta: el fraile fue apresado y puesto en cadenas en el Palazzo Vecchio de Florencia. Sometido a la terrible tortura de la garrucha (la víctima era izada en alto de las muñecas, con las manos atadas a la espalda, para dislocarle los brazos), Savonarola, que era de frágil contextura, no pudo soportarla y aceptó declararse culpable de todo y renegar de su causa.
El acta oficial del proceso, según la edición de Juan Poggio, dice al respecto:
El día 09 del presente mes de abril, el antedicho fray Jerónimo fue interrogado y examinado arriba en el aula Baroncelli, primero con palabras, luego con amenazas, después con tortura; y ese día en dos ocasiones se le sometió 3 veces y medio a garrucha.
Después de esto, los días 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, fue interrogado sobre los mismos temas con palabras y dándole ánimos, sin ninguna tortura ni lesión alguna del cuerpo.
Y aunque todos los días variase en algunos puntos y dijese a veces de una manera y a veces de otra, sin embargo el día 18, interrogado de nuevo con palabras y sin tortura ni lesión corporal, confesó y declaró todo lo que se contiene en el presente atestado.
Die ix presentis mensis Aprilis dictus frater Hieronimus fuit interrogatus et examinatus superius in aula Baroncelli, primo verbis, post minis, postea cum tortura, et habuit dicto die in duabus vicibus tractus iii et medium de fune.
Post hec diebus xi, xii, xiii, xiiii, xv, xvi, xvii fuit singulis examinatus circa easdem res cum verbis et confortationibus, sine aliquo tormento aut lesione aliqua corporis.
Et quamquam in omnibus diebus in aliquibus rebus variasset et diceret quandoque vno, quandoque alio modis, Nihilominus die xviii, interrogatus denuo verbis et sine tortura aut lesione corporis, confessus est et affirmauit quod et quantum in dicto examine continetur.
Contra fratrem Hieronymum heresiarcham libellus et processus, Iohannes Poggius Florentinus, 1498, en la Wolfenbütteler Digitale Bibliothek.


El derrumbe del líder cayó como un jarro de agua fría sobre sus seguidores que todavía esperaban un desenlace maravilloso. Así lo relata en italiano antiguo un testigo presencial:
Y el día 19 de abril de 1498, se leyó en el Consejo, en la sala principal, la confesión de fray Jerónimo, que él había escrito con su puño, el cual pensábamos que era un profeta, y que confesaba no ser profeta, y que no recibió de Dios las cosas que predicaba; y confesó que muchas cosas ocurridas durante el curso de sus prédicas eran lo contrario de lo que nos daba a entender. Y yo estaba oyendo leer tal confesión; y de ello me maravillaba y estaba estupefacto y sorprendido.
E a dì 19 d'aprile 1498, si lese in Consiglio, nella sala grande, el processo di frate Girolamo, ch'egli aveva scritto di sua mano, el quale noi tenevamo che fussi profeta, el quale confessava no'essere profeta, e non aveva da Dio le cose che predicava; e confessò molti casi occorsi nel processo delle sue predicazioni essere el contrario di quello ci dava ad intendere. E io mi trovai a udire leggere tale processo; onde mi maravigliavo e stavo stupefatto e in ammirazione.
Diario Fiorentino dal 1450 al 1516 di Luca Landucci; continuato da un anonimo fino al 1542, editado por Iodoco del Badia, Firenze 1883, p. 173.


En los días siguientes intentó echarse atrás, pero fue incapaz de enfrentar la tortura y ratificó su confesión y fue sentenciado a muerte. Al amanecer del 23 de mayo, en la plaza de la Señoría de Florencia, él y otros dos frailes fueron ahorcados, luego sus cadáveres fueron incinerados y sus cenizas esparcidas en el río Arno.
Cuadro de autor anónimo contemporáneo a los hechos que muestra la ejecución de Savonarola y sus dos compañeros.

En esos primeros días de mayo todavía tuvo tiempo en la cárcel para escribir una meditación titulada “Infelix ego”, sobre el salmo 51(Miserere) y dejó a medias otra titulada “Tristitia obsedit me” (= la tristeza me oprime), sobre el salmo 30.
A continuación les ofrezco el inicio del “Infelix ego”, una memorable pieza religiosa, que expresa con vigor su propia experiencia de desamparo, culpa y confianza en el perdón divino.

Desgraciado de mi, despojado del auxilio de todos,
que he ofendido el cielo y la tierra.
¿A dónde iré? ¿A quién me volveré? ¿En quién
me refugiaré? ¿Quién se apiadará de mí?

Al cielo no me atrevo a alzar los ojos,
porque le he ofendido gravemente.
En la tierra no encuentro refugio,
porque fui escándalo para ella.

¿Qué haré entonces? ¿Perderé la esperanza?
¡De ningún modo!

Misericordioso es Dios, piadoso es mi salvador.
Pues solo Dios es mi refugio.
Él no despreciará su obra;
no rechazará su imagen.

A Ti, pues, piadosísimo Dios,
triste y culpable vengo.
Por que solo Tú eres mi esperanza;
Tú, mi único refugio.

¿Pero qué te diré,
si no me atrevo ni a levantar la mirada?
Derramaré palabras de dolor;
imploraré tu misericordia: [eso] diré.
Infelix ego omnium auxilio destitutus,
qui celum terramque offendi.
Quo ibo? Quo me vertam? Ad quem
confugiam? Quis mei miserebitur?

Ad celum oculos leuare non audeo,
quia ei grauiter peccaui.
In terra refugium non inuenio,
quia ei scandalum fui.

Quid igitur faciam? Desperabo?
Absit !

Misericors est Deus, pius est saluator meus.
Solus igitur Deus refugium meum.
Ipse non despiciet opus suum;
non repellet imaginem suam.

Ad te, igitur, piissime Deus,
tristis ac merens venio.
Quoniam tu solus spes mea;
tu solus refugium meum.

Quid autem dicam tibi,
cum oculos leuare non audeam?
Verba doloris effundam; misericordiam
tuam implorabo: dicam.

Jerónimo Savonarola, Expositio ac meditatio in Psalmum Miserere, folio 3r, Auguste – Froschauer, 1499.