lunes, 26 de enero de 2015

Un Cuento Medieval

Una fría y oscura noche en los Andes un pastor cuidaba su rebaño, acurrucado bajo una enorme peña para protegerse del viento. Se apagaban las brasas del pequeño fuego que había encendido, cuando de improviso se plantó ante él un ladrón armado con un largo machete. Su escopeta estaba demasiado lejos y sabía que antes de robarle el rebaño el forajido le quitaría la vida. Se incorporó a prisa pero su adversario le impedía cualquier posibilidad de fuga. Entonces el pastor grito con voz potente “Orcotunán, zambo al cuello”. El atacante sorprendido vaciló un instante y miró alrededor. El pastor volvió a gritar más fuerte aún: “Orcotunán, zambo al cuello”. El otro ya alzaba el afilado machete para herirlo, cuando en ese instante de entre las sombras saltó con un rugido sordo una sombra que atenazó mortalmente del cuello al ladrón: era “Orcotunan”, el fiel, inteligente y feroz perro guardián del pastor.
Este relato nos lo narraba (y casi escenificaba) mi padre, como ocurrido a su abuelo. Al hacerlo se insertaba en una tradición narrativa milenaria. Si nos fijamos solo en los relatos cortos, podemos destacar en Grecia las “fabulas”, protagonizadas por animales y objetos inanimados que arrojan una enseñanza moral, como las famosas atribuidas a Esopo. Por otro lado la “mitología” y la “épica”, en el umbral entre la fe y lo ficticio, con multitud de relatos cortos sobre las andanzas de dioses y héroes, por lo general para dar una visión cosmológica, o para adoctrinar moralmente. más adelante, en época romana destacaron las “anécdotas” que narrando un suceso básicamente real, pero casi siempre literariamente retocados, resaltan el carácter de un personaje y además suelen contener un mensaje moral (Véase entrada 16/XI/2011; 18/VI/2012;  26/VIII/2014).
Junto a esos géneros del pasado, en la Europa medieval apareció, sobre todo en autores religiosos, el relato “ejemplar”: un supuesto suceso que mostraba el premio a la virtud y el castigo a la impiedad (Véase entrada 30/X/2012; 28/XI/2012). También floreció la hagiografía, en la que mártires, vírgenes y eremitas relevaban la mitología pagana con sus milagros y hazañas sobrehumanas (véase entrada 4/XII/2013; 22/I/2014). Junto a esos relatos de corte religioso o moralizante, surge las múltiples formas del “cuento”: relatos breves cuya función principal es simplemente entretener (haciendo reír, llorar, admirar o temblar) y en el que los demás elementos religiosos, morales, políticos, históricos, ocupan un puesto meramente decorativo. Por ahí pueden desfilar reyes, princesas, guerreros, moros, judíos, papas, monjes, campesinos, demonios, monstruos, asesinatos, traiciones, heroísmo, realidad, ficción, con la única finalidad de mantener atrapada la audiencia. En el cuento se mezcla lo cotidiano con lo maravilloso: un campesino puede llegar a rey, una mujer es elegida papa, en el huerto de casa puede haber un tesoro enterrado, un pillo puede engañar al demonio. Los límites de lo histórico, lo real y lo posible se mezclan y diluyen con lo fantástico
A veces estos relatos perderán su naturaleza inofensiva original y se convertirán en arma para criticar o ensalzar personajes o instituciones, como por ejemplo el relato de la papisa Juana (véase entrada 25/X/2014), que originalmente debió ser un cuento etiológico para ilustrar e impresionar a los peregrinos que visitaban Roma, y que poco a poco saltó de la ficción y se convirtió en una denuncia contra la corrupción del papado. Otras veces un argumento fecundo en manos hábiles se desarrolló hasta convertirse en “galaxias literarias” como ocurrió con los múltiples relatos sobre Arturo, Roldán y Robin Hood, y su larga galería de personajes secundarios.
Conrado II al saber el destino del niño, ordena matarlo. Ilustración en un manuscrito del s. XIV de la “Nuova Cronica” de Giovanni Villani (Wikimedia Commons).

Veamos ahora un cuento inspirado en la sucesión del emperador germánico Conrado II († 1039) por su hijo Enrique III († 1056). En la realidad fue una sucesión pacífica de padre a hijo, pero en la ficción las cosas fueron más interesantes. El cuento tuvo tanto éxito que tiempo después muchos historiadores medievales creyeron que era cierto.

Gotifredus Viterbensis, Pantheon, 34, en MGH, SS, t. 22, p. 243.

El emperador Conrado II no perdonaba a ninguno que quebrase la paz. Por eso el conde Lupoldus, violador de la paz, temiendo que lo matase el emperador, huye a un lejanísimo bosque y ahí solo con su mujer se escondía en una cabaña.
Conradus imperator Secundus nulli uiolatori pacis parcebat. Unde comes Lupoldus, uiolator pacis, timens occidi ab imperatore, fugit in siluam remotissimam, ibique cum uxore sua solus in tugurio latitabat.
Sucedió que el emperador tras una cacería se alojó ahí por casualidad; y aquella noche la condesa dio a luz un niño.
Contigit imperatorem ex uenatione sua fortuito casu illuc diuertisse; et ea nocte peperit comitissa masculum.
Al llorar este, una voz del cielo dijo: “¡Oh emperador! este niño será tu yerno y heredero”.
Quo uagiente, uox de celo ait: “O imperator! infans iste erit tibi gener et heres”.
Tras oír tres veces esa voz, el emperador se alza al amanecer y a dos criados que halló les dijo: “Id y matad aquel infante [y presentadme su corazón]”.
Hac uoce tertia uice audita, surgit imperator diluculo, et inuentis duobus suis famulis, dixit: “Ite et occidite illum infantem [et cor ipsius representate michi]”.
Aquellos van, cogen al infante, pero apiadados de él, no lo matan, sino que lo ponen sobre un árbol y lo abandonan. En cambio al rey le presentan el corazón de una liebre en vez del corazón del infante. Y el rey los recompensó.
Qui euntes, accipiunt infantem, sed miserti ipsius, non occidunt, set super arborem ponunt atque relinquunt. Regi autem representant cor leporis pro corde infantis. Rex autem eos remunerauit.
Más tarde un duque que pasaba por ahí, encuentra el niño, se lo lleva y lo adopta como hijo.
Transiens postea inde dux quidam, inuenit et deportat infantem, et adoptat eum in filium
Mucho tiempo después el emperador ve en casa del duque al muchacho, y sospecha que sea aquel que mandó matar, y lo toma como vasallo.
Imperator longe post in domo ducis uidet puerum, et habet suspectum ne sit ille quem precepit occidi, et assumit eum quasi pro cliente.
Y le ordena que lleve a la reina una carta suya , en la que ordenaba a la reina que, una vez leída la carta, lo hiciese matar.
Et precipit ut ad reginam litteras suas portet, in quibus precipiebat regine ut, uisis litteris, faciat eum occidi.
El muchacho lo hace ignorando el asunto, y se hospeda en casa de un sacerdote que, mientras él dormía, le sustrajo la carta y la abrió.
Puer autem rem ignorans pergit, et in domo sacerdotis hospitatur qui, ei dormienti, litteras subripuit et aperuit.
Y vista ahí la muerte del muchacho, escribió otra carta de este modo: “Cuando veas a este muchacho, oh reina, de inmediato dale nuestra hija en esposa, si amas tu vida”. Y esta carta la volvió a poner en la bolsa del muchacho.
Et uisa ibi morte pueri, alias litteras scripsit in hunc modum: “Cum uideris hunc puerum, o regina, statim da ei filiam nostram in uxorem, sicut diligis uitam tuam”. Et istas litteras reposuit in marsupium pueri.
El muchacho partió sin saber nada; y así de inmediato le fue entregada la hija del rey.
Puer nescius abiit; et ita filia regis statim tradita est ei.

En otra versión el final es narrado con más detalle.

Martinus Oppaviensis, Chronicon Pontificum et Imperatorum, en MGH, SS, t. 22, p. 467
Y después de cierto tiempo el rey lo envió con un carta a la emperatriz, escribiéndole que ella, bajo pretexto de darle una gracia, el día que el joven llegase ante ella, lo estrangulase en secreto.
Et post aliquod tempus misit eum cum litteris ad imperatricem, scribens ut ipsa, sub optentu gracie sue, eo die quo ipse iuuenis ad ipsam ueniret, ipsum occulte suffocaret.
Pero mientras el joven iba de camino, al reposar en casa de un presbítero, mientras él dormía, el presbítero rebuscando su llamativa bolsa, vio la carta del emperador y abriéndola con cuidado la cambió para bien.
Sed iuuene iter agente, cum in domo cuiusdam presbiteri quiesceret, presbiter ipso dormiente curiosam ipsius bursam pertractans, litteras imperatoris conspexit et illas caute aperiens, illi feliciter conmutauit.
Pues borrando “que ese mismo día muera “, puso “que ese mismo día se case con mi hija”.
Nam abraso “ipso die moriatur”, reposuit “ipso die filia mea tradatur”.
Lo cual fue hecho, aunque con gran sorpresa de la emperatriz, a causa de tan imprevisto y sorprendente mandato.
Quod et factum est, licet cum magna ammiracione imperatricis propter tam subitum et stupendum mandatum.
Al saber eso el emperador se quedó atónito. Pero después que averiguó que su verdadero padre, al que el creía campesino, había sido un noble conde, se mitigó su dolor.
Quod imperator percipiens obstupuit. Sed postquam inuestigauit illum uerum ipsius patrem nobilem comitem fuisse, quem rusticum credebat, dolor ipsius mitigatus est.
Este Enrique, después que sucedió a Conrado, construyó un gran monasterio en el lugar de su nacimiento.
Qui Henricus, postquam Conrado successit, in loco natiuitatis sue magnum construxit monasterium.




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