miércoles, 28 de septiembre de 2011

San Agustín y los gladiadores

Los combates de gladiadores aunque fueron criticados por pensadores paganos (como Séneca) y cristianos (como Tertuliano y Agustín) arrastraban a las multitudes de todas las clases sociales, incluso después que el a. 380 el cristianismo fuese declarado religión oficial del Imperio. Varios emperadores publicaron leyes contra los combates de gladiadores pero parece que no llegaron a erradicarse casi hasta mitad del s. V, aunque las venationes (lucha contra animales) quizás continuaban en tiempos de Justiniano, pues éste recoge en C. 3, 12, 9,1, una ley que prohibía su realización (ferarum lacrimosa spectacula) los domingos.
La pasión y adicción que producía este espectáculo está bien descrito por san Agustín en su obra Confesiones. Allí narra la experiencia de un amigo y discípulo suyo llamado Alepio, cuando ambos pertenecían a la secta de los maniqueos. El joven Alepio había jurado no volver a ser atrapado por la pasión de los combates, pero estando en Roma le ocurrió lo siguiente:
San Agustín, Confesiones, VI, 8, 13.
Alipio arrastrado por la cruel pasión por el circo
Alypius cruenta circensium voluptate abreptus.
Sin abandonar la vía terrenal, inculcada por sus padres, [me] precedió a Roma, para estudiar derecho, y allí fue increíblemente arrastrado por una increíble pasión por los juegos de gladiadores.
Non sane relinquens incantatam sibi a parentibus terrenam viam Romam praecesserat, ut ius disceret, et ibi gladiatorii spectaculi hiatu incredibili et incredibiliter abreptus est.
Pues aunque evitaba y detestaba tales cosas, unos amigos y condiscípulos suyos, que casualmente encontró cuando venían de comer, no obstante negarse enérgicamente y resistirse, le llevaron con amigable violencia al anfiteatro en unos días en que se celebraban crueles y funestos juegos, mientras él decía: "Aunque arrastréis mi cuerpo a aquel lugar y le retengáis allí, ¿podréis acaso obligar a mi alma y a mis ojos a que mire tales espectáculos? Estaré allí como si no estuviera y así triunfaré sobre ellos y sobre vosotros".
Cum enim aversaretur et detestaretur talia, quidam eius amici et condiscipuli, cum forte de prandio redeuntibus pervium esset, recusantem vehementer et resistentem familiari violentia duxerunt in amphitheatrum crudelium et funestorum ludorum diebus haec dicentem: "Si corpus meum in locum illum trahitis et ibi constituitis, numquid et animum et oculos meos in illa spectacula potestis intendere? Adero itaque absens ac sic et vos et illa superabo".

Después de escuchar esas cosas de todos modos le llevaron consigo, tal vez deseosos de averiguar si podría cumplirlas.
Quibus auditis illi nihilo setius eum adduxerunt secum, id ipsum forte explorare cupientes utrum posset efficere.
Cuando llegaron y se colocaron en los sitios que pudieron, todo el anfiteatro hervía ya en salvajes deleites. Alipio, habiendo cerrado las puertas de los ojos, prohibió a su alma asomarse a tanta maldad. ¡Ojalá se hubiese tapado también los oídos! Porque en un lance de la lucha fue tan grande y vehemente el clamor de la muchedumbre, que, vencido por la curiosidad y creyéndose preparado para despreciar y vencer lo que viera, fuese lo que fuese, abrió los ojos y fue herido en el alma con una herida más grave que la que recibió en el cuerpo aquél a quien había deseado ver; y cayó más miserablemente que éste, cuya caída había causado aquel griterío, que entrando por sus oídos, abrió sus ojos para que más debilitada aquella alma, más audaz que fuerte, fuese herida y derribada, y en vez de presumir de sí, confíe en Ti.
Quod ubi ventum est et sedibus quibus potuerunt locati sunt, fervebant omnia immanissimis voluptatibus. Ille clausis foribus oculorum interdixit animo, ne in tanta mala procederet. Atque utinam et aures obturavisset! Nam quodam pugnae casu, cum clamor ingens totius populi vehementer eum pulsasset, curiositate victus et quasi paratus, quidquid illud esset, etiam visum contemnere et vincere, aperuit oculos et percussus est graviore vulnere in anima quam ille in corpore, quem cernere concupivit, ceciditque miserabilius quam ille, quo cadente factus est clamor; qui per eius aures intravit et reseravit eius lumina, ut esset, qua feriretur et deiceretur audax adhuc potius quam fortis animus et eo infirmior, quo de se praesumpserat, qui debuit de te.
Pues al ver aquella sangre, bebió con ella la crueldad y no la apartó de sí, sino que fijó la mirada, y sin darse cuenta le invadió un delirio furioso y se deleitaba con esa lucha criminal, y se embriagaba con tan sanguinario placer.
Ut enim vidit illum sanguinem, immanitatem simul ebibit et non se avertit, sed fixit aspectum et hauriebat furias et nesciebat et delectabatur scelere certaminis et cruenta voluptate inebriabatur.
Ya no era el mismo que había venido, sino uno de la turba, con los que se había mezclado, y verdadero compinche de los que le habían llevado allí.
Et non erat iam ille, qui venerat, sed unus de turba, ad quam venerat, et verus eorum socius, a quibus adductus erat.
¿Qué más [pasó]? Miró, gritó, se enfureció, desde entonces llevó una locura que le incitaba a volver no solo con aquéllos por quienes fue arrastrado primero, sino incluso sin ellos y llevando a otros.
Quid plura? Spectavit, clamavit, exarsit, abstulit inde secum insaniam, qua stimularetur redire non tantum cum illis, a quibus prius abstractus est, sed etiam prae illis et alios trahens.
Sin embargo también de ahí Tú lo sacaste con mano poderosísima y misericordiosísima y le enseñaste a tener confianza no en sí mismo sino en Ti, pero [eso pasó] mucho tiempo después.
Et inde tamen manu validissima et misericordissima eruisti eum tu et docuisti non sui habere, sed tui fiduciam, sed longe postea.




El árbitro contiene al vencedor de un duelo de "equites" (combatientes a caballo) a la espera del veredicto del "editor" de los juegos; mientras los músicos suenan sus instrumentos, entre los cuales una mujer toca un órgano hidráulico. Mosaico de la Villa Zliten (Dar Buc Ammera), Libia.
La penetrante agudeza psicológica de san Agustín nos lleva a pensar en lo vulnerable que es el espíritu humano ante la llamada de la violencia. Aunque en el caso de Alepio debemos decir que años más tarde también se convirtió al cristianismo y murió como obispo de Tagaste.

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