miércoles, 22 de enero de 2014

San Vicente mártir, patrón de Valencia


Con razón entre los valencianos es muy popular el nombre Vicente (= victorioso), pues la ciudad tiene como santo patrono a Vicente diácono y mártir ( c. 304), cuya fiesta, cada 22 de enero, es día no laborable en Valencia capital (también tienen otro Vicente, este nacido en Valencia, san Vicente Ferrer, que fue famosísimo en la Europa del s. XIV-XV, y actualmente es patrón de la Comunidad Valenciana).
En diciembre presentamos la hagiografía de santa Bárbara, un personaje que no aparece en ninguno de las antiguas listas de santos y mártires, cuyos rasgos son más legendarios que históricos. En cambio en el caso del martirio del diácono Vicente existen testimonios fidedignos desde el s. IV (Prudencio, Paulino de Nola, Agustín de Hipona) y su culto está atestiguado en los más antiguos martirologios.
Todos los documentos también coinciden en las líneas básicas del relato: en tiempos de la persecución de Diocleciano, Galerio y Maximiano (el primer edicto fue dado en febrero del 303 en Oriente y gradualmente se aplicó también en Occidente e iba dirigido principalmente contra la jerarquía, y no pretendía tanto su exterminio sino la apostasía) fueron apresados en Zaragoza el obispo Valerio y su diácono Vicente. Ambos fueron cargados de cadenas y llevados a Valencia, donde fueron encarcelados rigurosamente (técnicas habituales para agotar al reo antes del juicio, aislarlo de sus potenciales seguidores y conseguir su colaboración). El comportamiento reservado del obispo ante el tribunal del gobernador Daciano le valió solamente la pena de destierro (también se ha especulado a partir de su nombre que quizás pertenecía a la ilustre gens Valeria, por lo cual habría sido tratado con más indulgencia). En cambio el fogoso discurso del joven Vicente produjo que fuese sometido a tortura para doblegar su voluntad. Parece seguro que se le sometió a tres tipos de tortura habitual. Primero el ecúleo (equuleus = caballito) una especie de potro primitivo en el que por medio de pesas y cuerdas se descoyuntaba los miembros de la víctima (el aspa con la que suele representarse a san Vicente es una variante de esto). Luego, si el reo permanecía obstinado, se clavaba en los costados ganchos y una especie de peines o rastrillos de púas afiladas para arrancarle poco a poco la piel y la carne. Por último a Vicente se le aplicó algún tipo de tortura con aplicación de objetos candentes (que era muy variada, según la imaginación sádica de los verdugos y la fortaleza de la víctima). Es muy probable (tal como atestiguan los relatos del martirio) que no fue torturado hasta la muerte, sino que fue llevado de vuelta a prisión y ahí falleció por las heridas sufridas.
El poeta Aurelio Prudencio ( c. 413), su compatriota (Tarragona, Zaragoza y Calahorra afirman ser su cuna), fue el primero en componer un poema en honor a san Vicente (Liber Peristephanon, carmen 5) en el cual ya se delinean todos los elementos característicos del héroe: habla sonriendo en medio de los tormentos, el furor demencial del gobernador romano, la tenebrosa celda que se ilumina y llena de flores y cantos, el cuervo que protege su cadáver, el mar que lo devuelve a la playa, etc. Más tarde san Agustín hace eco de varios detalles de la pasión de san Vicente en sus sermones en la fiesta del mártir (Sermón 274, 275, 276 y 277). A partir de estos la fantasía de los escritores medievales solo tuvieron que completar algunos datos biográficos, añadir más diálogos, componer datos sobre milagros y reliquias, y por supuesto agudizar todavía más los tormentos.
El gusto medieval por hacer padecer al santo héroe, llevarlo hasta límites increíbles de sufrimiento para luego salir triunfante, no nos debe extrañar pues algo similar todavía consumimos en los modernos Rocky, Rambo, la Novia de Kill Bill, Jackie Chan, por mencionar algunos, pues en general estamos habituados que todo héroe sea indefinidamente golpeado, tiroteado, apuñalado, y aún así corra kilómetros sin cansarse, haga malabarismos y mantenga intacta su capacidad de combate, todo esto sin despeinarse ni perder la sonrisa.
De todos modos los barnices dorados de la imaginación medieval no puede hacernos olvidar el terrible sufrimiento y el genuino heroísmo del joven Vicente, cuyo recuerdo desde el s. IV y por toda la Edad Media puso el nombre de Valencia en la memoria colectiva europea.
Maurits Cornells Escher ( 1972): Il Corvo Nero, Italia 1925, (xilografía sobre el cuervo que defendió el cuerpo del mártir san Vicente), en National Gallery of Art, Washington.
A continuación el relato del martirio de san Vicente según la versión de Petrus de Natalibus, que aunque nos parezca largo, en realidad es un relato abreviado de otro más largo.

De san Vicente, diácono y mártir. Cap. 111
De sancto Vincentio, leuita et martyr. Cap. CXI.
Vicente, eclesiástico y mártir, hispano de nación, de la ciudad de Zaragoza, fue engendrado por Euticio, su padre, hijo del nobilísimo ex-cónsul Agrestio, y su madre Enola. El cual desde la niñez era erudito en las Sagradas Escrituras y destacaba por su saber y conducta siendo Valerio obispo de Zaragoza. Por ello, siendo aún joven, es ordenado archidiácono, y el obispo, ya que era tartamudo, le había encargado predicar en su lugar, pues él carecía de talento oratorio.
Vincentius, leuita et martyr, genere hispanus, de ciuitate Cesaraugustana, patre Eutytio, Agrestis olim nobilissimi et consulis filio, matre Enola, progenitus est. Qui a pueritia sacris litteris eruditus erat, et sub Valerio Cesaraugustano episcopo moribus et scientia clarebat. A quo et adhuc iuuenis archidiaconus eius ordinatur; cui episcopus, quia impeditioris lingue fuerat, predicandum uices suas commiserat, ipse uero orationi uacabat.
Así pues en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, habiendo entrado en la ciudad de Zaragoza el impiísimo Daciano, gobernador de Hispania, para obligar con tormentos a los cristianos a sacrificar, y oyese la elogiosa fama de Vicente, hizo que él con el obispo Valerio fuesen detenidos en la cárcel.
Tempore igitur Diocletiani et Maximiani imperatorum, cum Dacianus, hispaniarum preses, nequissimus ciuitatem Cesaraugustanam esset ingressus, ut christianos ad sacrificia tormentis compelleret, et Vincentii laudabilem famam audiret, fecit eum una cum episcopo Valerio in carcere detineri.
Luego prosiguiendo a Valencia, los trajo consigo atados con cadenas en cuello y manos, y los tuvo ahí en durísima prisión, y por varios días los mortificó con hambre y privaciones, y después cuando se los presentaron, ya que no los vio para nada afligidos, reprendía a los carceleros, pensando que los reconfortaban en el calabozo.
Deinde pergens Valentiam, catenis uinctos in collo et manibus post se trahi, ipsosque ibidem custodie durissime mancipari, et fame et inopia diebus pluribus macerari, quos postmodum sibi presentatos, cum in nullo conspexisset afflictos, custodes redarguebat, putans quod ipsos in ergastulo refouissent.
Y enfurecido preguntó a Valerio por qué osaba actuar contra las leyes de los emperadores. Habiendo este, rudo e inhábil para hablar, respondido casi con un murmullo, Vicente pidió al obispo permiso para responder. Una vez obtenida, con voz libre e inalterable afirmó que los dioses de los paganos eran demonios y dijo que nunca renegarían de Cristo nuestro Señor.
Et iratus Valerium interrogauit cur contra precepta principum agere presumpsisset. Qui cum lingue rudis et imperitus quasi sub murmure responderet, Vincentius ab episcopo licentiam petiit respondendi. Qua obtenta, libera et constantissima uoce deos gentium demonia esse asseruit et Christum Dominum se nunquam abnegaturos expressit.
Entonces el gobernador furioso mandó al exilio al obispo, donde tiempo después descansó en paz. Pero a Vicente, como joven rebelde y temerario, lo mandó torturar con terribles tormentos.
Tunc preses iratus episcopum in exilium misit, ubi et post tempus in pace quieuit. Vincentium uero uti rebellem et iuuenem temerarium grauissimis tormentis cruciari mandauit.
Y primero lo hizo colocar sobre un ecúleo, le dislocó los miembros y le descoyuntó todo el cuerpo. Ya que preguntó cómo notaba su cuerpo lastimado, y aquel sonriendo decía que siempre había deseado eso y que el gobernador plenamente se ajustaba a sus deseos, furioso Daciano azotaba a los verdugos porque fracasaban en torturarlo, rugiendo con rechinar de dientes al expresar sus órdenes, como si él fuese torturado más que el mártir de Dios.
Et primo quidem illum fecit in equuleo leuari et membris distendi totoque corpore dissipari. Interrogans cum ubinam corpus suum miserabile cerneret, qui cum subridendo diceret hoc sempre optasse et presidem suis uotis optime concordare, iratus Dacianus tortores flagellabat, eo quod ipsum in torquendo deficiebant, stridore dentium fremens, ac quasi se magis quam Dei martyrem torqueri, nutibus ostendens.
En verdad los verdugos clavaron hondamente peines y ganchos de hierro en los costados de modo que la sangre brotaba de todo el cuerpo y rotas las junturas se veían las entrañas. Y cuando cansados los verdugos cesaron, él ya se mostraba invicto en todo.
Carnifices uero pectines et ungulas ferreas usque ad intima costarum fixerunt ita ut de toto corpore sanguis efflueret et solutis compagibus uiscera interna paterent. Et cum ministri lassi deficerent, ipse iam inuictus in omnibus apparebat.
Tras esto, por orden del gobernador, se le baja del ecúleo y se le lleva al patíbulo del fuego. Él censuraba la tardanza de los verdugos e iba con gozo al tormento. Así pues subiendo sobre la parrilla ardiente, ahí es asado, quemado e incinerado, y se le clava en todos los miembros ganchos de hierro: la llama se baña de sangre, las heridas se renuevan con las heridas. Además se echa sal en el fuego, para que saltando al cuerpo llagado se queme más cruelmente con las violentas llamas, y los chispas ya no van a los miembros sino a la vísceras expuestas, y las mismas entrañas se deslizan fuera de su cuerpo.
Post hec, iubente preside, equuleo deponitur et ad ignis patibulum ducitur. Qui moras carnificum arguebat et ad penam alacriter properabat. Craticulam igitur candentem ultro conscendens, ibidem assatur, exuritur et crematur, membrisque omnibus uncinis ferreis infigitur: flamma sanguine conspergitur, uulnera uulneribus instaurantur. Sal insuper in ignem mittitur, ut in corpus uulneratum insiliens, stridentibus flammis crudelius comburatur, iamque non ad artus sed ad nudata uiscera tela iaciuntur, ipseque fibre de eius corpore extra labuntur.
En medio de esto él permanece inmóvil y, alzando los ojos al cielo, oraba al Señor. Cuando esto fue comunicado a Daciano ordenó que fuese encerrado en la más horrible celda, que ahí se amontonase agudísimos trozos de ladrillo, que se pusiese sus pies en el cepo, y que lo dejasen echado sobre los ladrillos.
Inter hec manet immotus et, erectis in celum oculis, Dominum precabatur. Cumque hec Daciano nunciata fuisset, iussit eum in carcere teterrimo recludi, et ibi testas acutissimas congeri, pedesque eius in ligno configi, et extensum super testas relinqui.
Cuando se cumplió todo esto, el castigo se transforma en gloria, pues las tinieblas de la cárcel son ahuyentadas por una abundante luz divina, la aspereza del cascote cambia por la suavidad de las flores, los pies son liberados y el mártir del Señor es consolado por el dulce canto de los ángeles.
Que cum adimpleta fuissent, pena mutatur in gloriam, nam tenebre carceris diuina superfusa luce fugantur, testarum asperitas in florum suauitatem mutatur, pedes soluuntur et martyr Domini angelorum dulci modulatione consolatur.
Los guardias que vieron esto por las rendijas se convirtieron. Pero algunos avisaron de esto al gobernador. Pero este viéndose vencido, ordenó trasladar al mártir a un lecho y abrigarlo con suaves mantas, pensando que lo haría más famoso si fracasaba con la tortura. Así, habiendo descansado apenas en el lecho, orando emitió su espíritu.
Que custodes per rimas aspicientes, conuersi sunt. Quidam vero hec presidi nunciarunt. At ille se uictum reputans, iussit martyrem ad lectum transferri et mollibus stramentis foueri, reputans eum magis gloriosum facere, si deficeret in tormentis. Cum ergo in lectulo paululum quieuisset, orans emisit spiritum.
Al saber esto Daciano se disgustó, y al que no pudo vencer vivo, pensó vencerlo al menos muerto. Así pues ordenó llevar el cuerpo al campo y dejarlo para ser devorado por las aves y fieras. Y al instante un cuervo, dedicado con avidez a custodiar el cuerpo, echó otras aves más grandes que él con el ímpetu de sus alas y ahuyentó al lobo con picotazos y graznidos. Y ante el sagrado cuerpo se le veía inmóvil, pues admiraba ahí la custodia de los ángeles.
Quod audiens Dacianus doluit, et quem non ualuit uincere uiuum, putauit uincere uel defunctum. Iussit igitur corpus in campum deduci, et auibus ac feris deuorandum exponi. Statimque coruus ingluuie deditus corpus custodiens, alias aues se maiores impetu alarum abegit, et lupum morsibus et clamoribus effugauit. Et in conspectu sacri corporis fixus cernitur, utpote qui ibi angelorum custodiam mirabatur.
Entonces por orden del gobernador, que supo esto, se ata al cuerpo una inmensa muela y lo arrojan mar adentro, para que al menos sea pasto de los peces. Pero antes que los marineros que habían afondado el cuerpo en el mar llegasen a la costa, el cadáver liberado es llevado por las olas a la playa. El cual es hallado, por revelación de él mismo, por una matrona viuda, y ella junto con algunos fieles lo entierran en una pequeña iglesia.
Tunc iussu presidis hoc audientis, ingens mola corpori alligatur et in pelagus proiicitur, ut saltem piscibus in pastum daretur. Sed antequam naute qui corpus in mare demerserant, ad littus peruenirent, cadauer solutum in littus a fluctibus deductum est. Quod a quadam matrona uidua, ipso reuelante, repertum est, et ab ipsa una cum quibusdam fidelibus in modica basilica sepultum.
En verdad una vez cesó la persecución, el cuerpo es llevado a la ciudad de Valencia y enterrado honoríficamente junto a las murallas. El mártir de Cristo fue sacrificado el 11º día antes de las calendas de febrero.
Cessante uero persecutione, corpus ad ciuitatem Valentiam deducitur, et iuxta muros honorificentius tumulatur. Passus est autem Christi martyr XI Kal. februarii.


Petrus de Natalibus, Catalogus Sanctorum et Gestorum eorum, lib. 2, cap. 111, Vicenza 1493 (BDH p. 90).

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