viernes, 24 de junio de 2016

Francisco Javier Éder: La misión en armas


Seguramente todos nosotros recordamos la película “La Misión” (The Mission, Reino Unido 1986), Óscar a la mejor fotografía, Globo de Oro a la mejor música (Ennio Morricone) con una gran actuación de Robert de Niro (capitán Rodrigo Mendoza) y Jeremy Irons (Padre Gabriel), y la batalla final en que la misión es destruida. De ese modo esta película representa lo que históricamente fue el dramático final de las 7 “misiones Orientales” jesuitas: en 1750 el Tratado de Madrid puso bajo control portugués dicho territorio; en 1754 los jesuitas abandonan las misiones pero los indígenas se niegan a obedecer; en febrero de 1756 un ejército español-portugués arrasa la oposición y los indios son dispersados o subyugados.

Imágenes de la escena final de "La Misión" (Reino Unido, 1986)

Pero los indios no siempre perdieron. Entre 1620 y 1638 esa misma región ya fue azotada por los traficantes de esclavos. En 1638 dos sacerdotes jesuitas equiparon y organizaron militarmente a miles de indios que se enfrentaron con éxito y repelieron a los traficantes. A finales de 1640 los traficantes volvieron con una expedición más numerosa y mejor equipada, dispuestos a castigar las misiones, pero fueron derrotados de modo decisivo en varios enfrentamientos (febrero - marzo 1641) en torno a la misión de Asunción de Acaraguá y Mbororé (hoy La Cruz, Corrientes, Argentina) por un ejército de indios dirigidos por varios sacerdotes jesuitas y una docena de soldados españoles.
En la región de los Moxos (Beni, Bolivia), los indios también sufrieron el mismo flagelo. Algunos enclaves portugueses en el Mato Grosso estaban en el cruce de una importante red de tráfico de esclavos, que no dudaba en adentrarse en territorio bajo dominio español. Eso ocurría porque España nunca dio mucha importancia a la región amazónica, la cual además era de difícil acceso y estaba habitada exclusivamente por tribus indómitas (aparte de los misioneros). Por todo ello, tanto indios como misioneros estaban abandonados a su suerte, pues rara vez las autoridades enviaban algún pequeño puñado de soldados para repeler a los intrusos.
El jesuita F. J. Éder, del cual ya hablamos en la entrada del mes de marzo (si quieres ver su biografía y las peripecias de su valiosa obra, mira aquí), también nos ha transmitido el relato de la victoria de una tribu amazónica sobre los traficantes de esclavos.

Indio con armas. Dibujo de Bender a partir de los esbozos de Éder. Foto de Gallica BNF.
Éder primero nos describe a los llamados “mamelucos”, que era el tipo de traficante de esclavo que tuvo más presencia en su región.

Éder, Descriptio Provinciae Moxitarum in Regno Peruano, Budae 1791.
Los mamelucos, o paulistas, llamados así por la ciudad de Sao Paulo en territorio portugués, generados de promiscuas uniones entre indios y africanos, están divididos en varias tribus, que llaman castas, y esparcidos en gran número por todo Brasil. Siempre fueron muy dados a revueltas y motines, hasta el punto que a los reyes mismos, que intentaban reprimir su audacia por medio del ejército, les obligaron, más de una vez por las armas, a hacer la paz con ellos
Mameluci, alias paulistae, ab urbe Sancti Pauli iuris lusitanici adpellati, e connubiis cum indis ac aethiopibus promiscue initis progeniti, in varias tribus, castas vocant, divisi perque omnem late Brasiliam sparsi. Tumultibus ac seditionibus tantopere semper erant dediti, ut reges ipsos, qui audaciam ope militum coercere adtentabant, ad pacem secum componendam armis non semel compulerint.
Pero entre ellos se dividían por tantos odios que actualmente no hay esperanza de calmarlos; de hecho apenas pasa un día sin asesinatos; y no es un hombre solo que ataca a otro, sino la tropa de familias enteras que se atacan mutuamente.
Inter se autem ipsos tantis scindebantur odiis, ut iis sedandis spes nulla hodiedum suppetat; vix ulla certe praeterit dies absque caedibus; non vir modo virum invadit, sed in aciem familiae integrae contra se mutuo educuntur.
Muchos de ellos, para escapar de la vigilancia y justo castigo de los prefectos, se refugiaron en la frontera de Brasil, y pusieron sus bases en las colonias de portugueses, que eran casi vecinas a los Moxos. Un fortín del Mato Grosso, distante a catorce días de camino de nuestra parroquia, era el refugio de la mayoría.
Complures eorum, ut praefectorum vigilantiam aut justam vindictam effugerent, ad fines Brasiliae se se receperunt, et sedes [p. 278] in lusitanorum coloniis, quae moxitis pene confines erant, collocarunt. Mattogrosso, a nostri paroecia dierum quatuordecim itinere sejunctum, oppidum erat plerorumque receptaculum.
Pero el gobernador, encolerizado por sus crímenes, expulsó a todos ellos de su nido, bajo pena de muerte al que intentase volver.
Verum gubernator sceleribus hominum irritatus e nido illo suo omnes expulit, poena capitis proposita, siquis reverti adtentaret.
Por eso errantes y vagabundos comenzaron a sembrar e incluso a cultivar campos alrededor del río Guaporé. Pero cambiaron solo la localidad, no la actitud.
Quare errones et vagabundi circa fluvium Guapure, immo agros etiam colere, ac sementem facere inceperunt. Sed locum mutarunt, non ingenium.

Después de describir su vida en asentamientos “sin ley ni religión”, narra cómo esta escoria de la sociedad se dedica al tráfico de esclavos:
.... De noche rodearon sus chozas, mataron a los que osaron resistir, a los demás, tras robarles y saquear su casas, cargados de cadenas, los llevaron consigo; a algunos los retuvieron para su servicio, el resto lo vendieron en subasta como ganado en Mato Grosso.
[p. 279] ..... Cinxerunt de nocte eorum tuguria, resistere ausos interemerunt, ceteros, direptis rebus et exustis casis, catenis oneratos, secum abduxerunt; quosdam suis usibus retinuerunt, reliquos in Mattogrosso tanquam pecudes sub hasta vendiderunt.

Tras relatar otro ardid para capturar indios (se vestían de jesuitas para ganarse su confianza), Éder pasa a referir la victoriosa defensa de una tribu contra estos traficantes:

Pero el pillaje de los malvados no siempre se libró del castigo.
At non cessit nefariis praedatio semper e sententia.
La tribu salvaje de los caturí era más numerosa que las otras y por ello más llena de valor y audacia; ella, al oír la desgracia de los vecinos, ya que no dudaba que también estaba en la mira, fortificó bien su aldea con palos compactos y altos; además cavó profundos fosos alrededor, y con hojas y ramas de los árboles cubrió los hoyos, de modo que no levantaban sospecha de las fosas que yacían abajo; pero también llamó a sus aliados para que le diesen apoyo en el momento oportuno.
Natio erat barbara caturinorum ceteris numerosior ac proinde animis et audacia fidentior; quae strage vicinorum audita, cum se quoque ad ictum designari minime dubitaret, domicilia sua densis ac praealtis palis probe communivit; puteos praeterea circumcirca profundos cavavit, eorumque fauces arborum ramusculis et foliis sic contexit ut nullam fossae subter latentis praeberent suspicionem, sed et socios ad ferendas in tempore suppetias invitavit.
Tras unos días llegaron unos ochenta mamelucos, seguros de sí mismos y de obtener botín. Con gran ferocidad atacan la improvisada empalizada; pero al dispararles una lluvia de flechas, tienen que retroceder.
Aderant post dies aliquot mameluci numero octuaginta, sui atque praedae sicuri. Septa improvisa magna cum ferocia invadunt; sed, effuso repente sagittarum imbre, pedem referre coguntur. [p. 281]
Mientras los caturí se lanzan al ataque, sus aliados, puestos al acecho, salen de la selva vecina y persiguen a los fugitivos: a muchos hieren gravemente, a 17 caídos en el foso los acribillan con lanzas.
Erumpunt interea caturini, emicant ex adsitis silvis socii, in insidiis collocati, instant fugientibus: multos gravissime sauciant, septem et decem in puteum delapsos lanceis contrucidant.
No mucho después, tras recobrar ánimos, los mamelucos volvieron de nuevo y en mayor número.
Collectis animis non multo post iterum redierunt, et majore quidem numero.
Pero los salvajes, atentos a todos sus movimientos, pusieron centinelas en sitios convenientes y advirtieron del peligro oportunamente a las aldeas limítrofes.
Verum barbari in omnes eorum motus intenti excubias locis opportunis disposuerunt, et confines populos de periculo tempestive admonuerunt.
Con la llegada de aquellos [aliados], los mamelucos, ocupados en desmontar las vallas, de tal modo fueron rodeados por todas partes que, tras perder 20 de los suyos y muchos quedar heridos, fueron obligados a salir y huir en desorden.
Quorum adcursu mameluci, vellendis repagulis occupati, sic undique circumventi erant, ut viginti suorum amissis et plerisque sauciatis receptum ferro, sibi coacti fuerint aperire atque palatim diffugere.
Y en lo sucesivo no causaron ningún problema a esa tribu tan belicosa.
Neque genti tam bellicosae ullum deinceps negotium facessiverunt.


Algunas notas:
En el Brasil colonial, la capitanía de Sao Paulo abarcaba desde el Atlántico hasta la actual frontera con Perú y Bolivia. La antigua denominación Mato Grosso indicaba la región que ocupan los actuales estados brasileños de Rondonia, Mato Grosso y Mato Grosso do Soul. El río Guaporé es llamado así hasta hoy en el lado brasileño, mientras que en el lado boliviano se le llama Iténez; este río, a lo largo de más de 900 km., es la frontera entre la actual Bolivia y Brasil. Durante el s. XVII hubieron incursiones y asentamientos portugueses en la región, pero la fundación oficial de ciudades y el nombramiento de autoridades no empieza sino hasta el s. XVIII.
No es lo mismo “Bandeirante”, “paulista” y mameluco”. “Bandeirantes” son los miembros de una “bandeira” o compañía paramilitar que se formaba en las zonas rurales. Originalmente se formaban para la autodefensa de los colonos; más tarde para formar expediciones en busca de oro o esclavizar indios. Estas compañías estaban formados por gente de toda índole y nación, y por lo general encabezadas por criollos portugueses. Paulistas eran los criollos (hijos de portugués e indios) de Sao Paulo; ahí la pobreza y la lejanía del poder central (durante mucho tiempo Sao Paulo fue la única ciudad tierra dentro) creó un sentimiento de independencia y aversión a la Corona y a la Iglesia. Mamelucos eran el fruto del cruce racial entre negros e indios, y muchos vivían de la delincuencia o enrolados en “bandeiras”.

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