jueves, 28 de enero de 2016

La leyenda de la Papisa Juana (IV): redención


Este es el cuarta (y última) entrada que dedicamos a la leyenda de la Papisa Juana. Hemos visto los testimonios escritos más antiguos que se conservan y su multiforme desarrollo a lo largo del s. XIV, cuando alcanzó su máximo auge. No repasaremos las primeras voces críticas en el s. XV y las primeras refutaciones formales del s. XVI y su reaparición en el mundo protestante.


Ilustración del “De Claris Mulieribus” de G. Boccaccio, f. 73v, Berna 1539 (E-rara).
Para este última entrada he escogido una versión de la leyenda que aparece en una hoja agregada a un manuscrito del s. XIV, según dice el editor del Chronicon de Martín de Opava: “haec leguntur alia manu conscripta in schedula assuta in cod. 8” (i. e. biblioth. regiae Berolinensis, mss. lat. 4, n. 70, f. 141v - 224v, s. XIV).
Lo peculiar de esta versión de la leyenda es que aquí Juana no muere en el parto, sino que entra a un convento donde vive en penitencia, afirmando el autor que en su tumba se obran muchos milagros, y que incluso su hijo llegó a ser obispo.
Es el más sorprendente desarrollo de la leyenda y (creo yo) expresión genuinamente popular. Aquí el final de castigo es reemplazado por la redención: el oyente no quiere el final trágico y desesperado de la heroína; es más agradable pensar que ella se arrepintió y pudo ver a su hijo convertido en obispo, e incluso que Dios la perdonó, prueba de lo cual son los milagros obrados en su tumba: engañó a todo el mundo, destacó en sabiduría, ocupó el papado, y al final también logró evitar el castigo divino: es el encumbramiento del ingenio, de nuestra ingenua fe que de algún modo, sea lo que sea que hagamos o nos ocurra, al final siempre nos libraremos y todo saldrá bien. Nos gusta condenar enfáticamente el mal, y se espera que tras el delito llegue un castigo, pero cuando el gusto popular detecta que el delito consiste básicamente en tomarle el pelo a los ricos, sabios, santurrones y poderosos, en el fondo simpatiza con la heroína y quiere que viva y triunfe.

Interpolación (fin del s. XIV o principios del XV) en el Chronicon de Martín de Opava, en MGH, SS, t. 22, p. 428-429.
Aquí no se debe olvidar que Juan, el inglés, maguntino de cuna, se sentó [en la sede papal] ... años, 5 meses y 4 días; y [después la sede] estuvo vacante 1 mes y 3 días.
Hic pretermittendum non est quod Iohannes Anglicus, nacione maguntinus, sedit annis ...., mensibus 5, diebus 4; et cessauit mense 1, diebus 3.
Ella, siendo una muchacha, fue llevada a Atenas por un amante suyo. Ahí vistió ropa de hombre de modo que todos la creyeron varón.
Hec, puella existens, a quodam suo amasio Athenis ducta. Ibi in habitu hominis conuersa ita quod ab omnibus masculus crederetur.
De tal modo progresó en las artes liberales y en el estudio de las ciencias que no tenía igual en ningún saber.
In arcium liberalium studio et aliis scienciis sic profecit quod parem in omni sciencia non inueniebat.
Y, viniendo a Roma, enseñaba de modo tan egregio la tercera parte del trivio que los maestros de retórica de Roma se consideraban discípulos de él entre todos los filósofos.
Romamque ueniens, triuii partem terciam sic egregie legebat quod, inter philosophos, urbis Rome rethorice magistri sibi discipuli censebantur.
Y en el cuadrivio mostraba su excelencia no solo de palabra sino por la realización de muchas maravillas. Por su arte y consejo muchos prodigios se hacían en Roma.
In quadriuio uero non tantum sermone sed plurium mirabilium opera se excellentem monstrabat. Cuius arte et concilio multa de mirabilius Rome fiebant.
Finalmente este, elegido papa por unanimidad, superaba a sus predecesores en saber, conducta y obras.
Hic tandem unanimiter in papam electus, sciencia, moribus et gestu predecessoribus preminebat.
Pero al fin, vencida por la fragilidad femenina, fue preñada por cierto diácono, secretario suyo.
Tandem tamen, fragilitate feminea deuicta, a quodam dyacono, secretario suo, impregnata est.
Y ya que ignoraba el tiempo del parto, mientras venía del Laterano hacia San Pedro, en la vía que lleva al Coliseo, asaltada por los dolores del parto, parió en medio del camino.
Et cum ignorasset tempus partus, ueniendo de Laterano uersus Sanctum Petrum, in uia que ducit ad Colliseum, angustiis partus correpta, in media uia peperit.
En memoria de lo cual hasta hoy permanece una inscripción en piedra, y aquella vía se llamó “calle de la papisa”.
Cuius memoria in lapidibus sculpta usque hodie manet, uocatusque uicus ille “uicus papisse”.
Ella, tras ser recluida en un convento y tomar los hábitos, vivió tan entregada a la penitencia que su hijo llegó a ser obispo de Ostia.
Ipsa uero, in continenti deposita et religionis habitu suscepto, tam diu sub penitencia uixit, quod filius eiusdem episcopus Hostiensis effectus est.
Ella, viendo en sus últimos días que iba a morir, ordenó que se le enterrase en el lugar que parió.
Que, cum ad dies ultimos se morituram uidisset, precepit se in eo loco quo peperit, sepeliri.
Pero su hijo, no queriendo tolerar tal cosa, trasladando su cuerpo a Ostia, la enterró de modo honorífico en la iglesia mayor. Y por los méritos de ella hasta el día de hoy Dios opera muchos milagros.
Quod tamen filius eius nolens tolerare, corpus eius, apud Hostiam deferens, in maiori ecclesia honorifice tumulauit. Cuius meritis Deus usque in hodiernum diem plurima operatur miracula.
Pero ya que la genealogía de las mujeres no se inscribe en la historia sagrada, por eso en las crónicas ella no es enumerada entre los papas.
Sed quia mulierum genealogia in sacra scriptura non texitur, ideo in cronicis inter papas non enumeratur.

La vida de la papisa Juana tachado en un ejemplar de la historia papal de Plátina. Hasta ese punto llegó el celo de algunas autoridades eclesiásticas. Pero una leyenda no se puede borrar así.

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