lunes, 31 de marzo de 2014

Grandes éxitos medievales: la "Inventio Crucis"

En el mundo editorial es frecuente hallarse con los conceptos de “más leídos” y “más vendidos” como dos puertas de acceso al Olimpo editorial hacia las cuales se esfuerzan los pequeños editores, pero que desde hace décadas controlan con orquestadas campañas de publicidad las grandes editoriales que deciden quiénes son los grandes escritores y cuáles son las grandes obras que “deben ser leídas por todos”. Por eso desde muchos sectores se critica y desdeña el valor de esos indicadores, que tienen mucho de “profecía autorealizada”. Además esos factores mensurables parecen dejar de lado otros factores más valiosos, pero más difícil de medir, como “más valor literario” o incluso, saliendo del campo meramente estético, “más edificante” o “comprometido”.
Por otro lado, lo “más leído” no siempre es lo más vendido, pues existen obras que se han impreso y difundido incluso gratuitamente, como el “Libro Rojo” (una recopilación de pensamientos de Mao Tse-Tung, cuyo número se estima superior a los 900 millones de ejemplares). Con el auge de Internet también muchos escritores hacen publicaciones gratuitas para ganar más notoriedad (teniendo en cuenta que vende más un mediocre famoso que un brillante desconocido). Naturalmente lo “más vendido” tampoco es equivalente de “mayor valor literario”, pues entre los libros más vendidos encontramos por ejemplo “El Libro Guiness de los Récords” (empezó a publicarse desde 1955) o la novela policíaca “Diez Negritos” de Agatha Christie que han vendido más de 100 millones de ejemplares, y sin embargo solo pueden calificarse de entretenidos.
El Premio Nobel de Literatura tampoco fue creado exactamente para premiar ni la popularidad ni el valor estético. sino, en palabras del testamento de Alfred Nobel: “para la persona que haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada en una dirección ideal”.  Esta “dirección ideal” parece que dentro del contexto de su testamento (“premios para aquellos que, durante el año precedente, hayan alcanzado el más grande beneficio para la Humanidad”) debería entenderse en el sentido de “la que tenga un alto valor moral”, sin embargo los criterios de la Academia Sueca parecen haber sido más amplios y sus decisiones no están libres de críticas y de sospechas de influencias políticas.
En la Edad Media, aunque no existían listas de “top ten”, sin embargo hoy sabemos qué obras fueron más populares por el mayor o menor número de manuscritos y su difusión territorial. Naturalmente que existen muchas diferencias con la época actual y también factores que distorsionaban los resultados, pues entonces los libros eran artículos de lujo que solo podían permitírselo catedrales, monasterios, universidades o la realeza; y por otro lado, la Iglesia, como principal distribuidora (los monasterios fueron los principales centros de copiado de manuscritos) y usuaria, ejercía un control amplio pero pacífico sobre la difusión de textos e ideas. Cuando al final de la Edad Media se abarató la publicación de libros y se amplió el número de usuarios (párrocos, burgueses, baja nobleza, etc.) fue necesario que la Inquisición se ocupase del asunto con técnicas más agresivas.
Entre las obras que tuvieron gran acogida en la Edad Media estuvo la llamada “leyenda del hallazgo de la cruz”: un relato de origen popular en el que un judío llamado Judas Ciriaco ocupa el protagonismo junto con la reina santa Helena en el milagroso hallazgo de la cruz de Cristo. Este relato debió surgir a finales del s. IV y ponerse por escrito en griego a principios del s. V. Rápidamente fue traducido al latín (por lo general bajo el título de “Inventio Crucis”) y sus copias se difundieron por toda la cristiandad en Oriente y Occidente, y hasta hoy ha llegado a través de unos doscientos manuscritos.
A partir del s. XIII la leyenda original quedó parcialmente oculta al ser reelaborada por Jacobus de Voragine para incluirla en su “Legenda Aurea”, y más tarde simplificada por Petrus de Natalibus para incluirla en su “Catalogus Sanctorum”. A partir de entonces la leyenda popular original es suplantada principalmente por las relecturas de estos dos autores y gradualmente cayó en el olvido, siendo solo tema de estudio para teólogos e historiadores. Recién a finales del s. XIX se empezó el estudio científico de esta leyenda y en las últimas décadas se ha resaltado la importancia que tuvo en la devoción y en la literatura de los s. V – X.

Santa Helena encuentra la cruz y sana una enferma. Ciclo de frescos de Agnolo Gaddi ( 1396), Storie della Croce, en la iglesia de la Santa Croce, Florencia. Foto de Web Gallery of Art.
 Aunque ya existen estudios y ediciones (en alemán, inglés y a elevado precio) de esta leyenda, he querido ofrecer a los lectores en lengua castellana una edición con base científica y a la vez que esté al alcance de todos.
Si quieres leer la edición completa, puedes hacerlo en este enlace de mi página web:
https://sites.google.com/site/magisterhumanitatis/escritores-latinos/inuentio-crucis
Adelanto aquí un fragmento del diálogo entre la reina Helena y Judas:

Mientras estaban diciendo esto, vienen los soldados a ellos diciendo: “Venid, os llama la reina”. Ellos, habiendo ido ante ella, eran interrogados por ella y no querían decir nada cierto.
Haec eis dicentibus, ueniunt milites ad eos dicentes: “Venite, uocat uos regina”. Illi autem cum uenissent ante eam, iudicabantur ab ea et nihil uerum uolebant dicere.
Entonces santa Helena ordenó que se arroje a todos al fuego. Ellos, habiéndose atemorizado, le entregaron a Judas solo diciendo: “Este varón es hijo de un justo y profeta y estudió la Ley con meticulosidad. Este, oh señora, te mostrará diligentemente todo lo que desea tu corazón”.
Tunc beata Helena iussit omnes in ignem mitti. Qui cum timuissent, tradiderunt ei Iudam solum dicentes: “Hic uir iusti et prophetae filius est et Legem nouit cum acriuilia. Hic, domina, omnia quae desiderat cor tuum ostendet tibi diligenter”.
Y, al dar todos testimonio unánime, ella despachó a los otros y retuvo solo a Judas. Y llamándolo, la reina le dijo: “Vida y muerte están puestas ante ti. Elige que quieres para ti, vida o muerte”.
Et, omnium simul testimonium perhibentes, quae dimisit aliis et tenuit Iudam solum. Et aduocans autem eum, dixit ei regina: “Vita et mors propositae sunt tibi. Elige tibi quid uis, uitam aut mortem”.
Judas dijo: “¿Quién estando en necesidad, si se le sirven panes come piedras?”
Iudas dixit: “Et quis in solitudine constitutus panibus appositis lapides manducet?”
Santa Helena dijo: “Si quieres vivir en el cielo y en la tierra, dime dónde está escondido el precioso leño de la cruz de Cristo”.
Beata Helena dixit: “Si ergo uis in caelis et in terra uiuere, dic mihi, ubi absconditum est lignum pretiosum crucis Christi".
Judas dijo: “¿Cómo saber lo que ocurrió? Pues de esto son ya más o menos doscientos años, y siendo nosotros jóvenes ¿cómo podemos saberlo?”
Iudas dixit: “Quemadmodum habetur in gestis? Sunt enim ex hoc iam anni ducenti plus minus, et nos cum simus iuniores, quomodo hoc possumus nosse?”
Santa Helena dijo: “¿Y cómo habiendo ocurrido la guerra en Ilión y Troya antes de esta generación ahora todos la recuerdan? En verdad también por escrito se transmite los que ahí murieron, sus recuerdos y sus tumbas”.
Beata Helena dixit: “Et quomodo ante has generationes cum in Ilio et Troade factum est bellum et omnes nunc commemorant? Nam et qui ibi sunt mortui et monumenta eorum et loca scriptura tradit”.
Y Judas dijo: “Necesariamente, señora, porque estaban escritas; pero nosotros no tenemos estas cosas por escrito”.
Et Iudas dixit: “Necessario, domina, quia conscripta sunt; nos autem non habemus haec scripta”.
Santa Helena dijo: “Aunque no están escritas, hace poco has reconocido que ocurrieron”.
Beata Helena dixit: “Etsi non sunt scripta paulo ante confessus est quia sunt gesta”.
Judas dijo: “Lo he dicho sin certeza”.
Iudas dixit: “In dubio locutus sum”.
Santa Helena dijo: “Tengo la santa voz de los Evangelios sobre el lugar en que Cristo fue crucificado. Solo muéstrame el lugar que se llama Calvario y yo haré limpiar el lugar: quizás encuentre lo que anhelo”.
Beata Helena dixit: “Habeo igitur beatam Euangeliorum uocem in quo loco crucifixus est Christus. Tantum ostende mihi qui uocatur Caluariae locus et ego faciam mundari locum: forsitan inueniam desiderium meum”.
Judas dijo: “No conocí el lugar porque entonces no vivía”.
Iudas dixit: “Neque locum noui quia nec eram tunc”.
Santa Helena dijo: “Por el crucifijo te mataré de hambre si no me dices la verdad”. Y, habiendo dicho esto, ordenó arrojarlo en una cisterna vacía durante siete días, dejándolo sin alimento.
Beata Helena dixit: “Per crucifixum fame te interficiam nisi dixeris mihi ueritatem”. Et, cum haec dixisset, iussit eum mittere in lacum siccum usque in septem dies, sine cibo manentem.
Habiendo transcurrido siete días, Judas clamó desde la cisterna diciendo: “Os lo ruego, sacadme y os mostraré la cruz de Cristo”.
Cum autem transissent septem dies, clamauit Iudas de lacu dicens: “Obsecro uos, educite me et ego ostendam uobis crucem Christi”.

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