martes, 20 de agosto de 2013

Laudatio Turiae: el epitafio romano más célebre

El mes pasado mi esposa tuvo que someterse a una operación a causa de una apendicitis aguda, que tardó en ser detectada por malos profesionales. Felizmente otros muy buenos lo remediaron oportuna y felizmente. Los días que pasé acompañándola en el hospital, viendo diferentes experiencias con la enfermedad, la soledad, el temor por los seres queridos, el dolor, me movieron a sacar del cajón un proyecto que hace tiempo tenía pendiente: una edición de la llamada Laudatio Turiae.
(Quienes quieran ver el estudio completo (texto latino, traducción y comentarios) pueden hacerlo en mi página: magisterhumanitatis/escritores-latinos/laudatio-turiae).

Con este nombre se designa la inscripción funeraria más grande (unas 3 toneladas se calcula que debieron pesar las dos planchas de mármol que la formaban) y más extensa (entre 180 - 190 líneas) que nos ha llegado de la Roma antigua. Por desgracia el epitafio no nos ha llegado completo y entre los fragmentos que poseemos no se encuentra ni el nombre de la difunta ni de su marido que lo mando inscribir en su honor.
Se le llama Laudatio Turiae (= Elogio a Turia, o mejor, Curia) porque un estudioso del s. XVIII creyó que algunos acontecimientos relatados en el epitafio tenían semejanza con un relato sobre el cónsul Quinto Lucrecio Vespillo y su mujer Turia, que lo escondió en el falso techo de su habitación

A Quinto Lucrecio, proscrito por los triunviros, su mujer Turia, no sin gran peligro propio, lo mantuvo a salvo de la calamidad inminente, escondido entre el techo y el tejado del dormitorio, sabiéndolo solo una joven criada, y esto lo hizo con tal fidelidad que, mientras los otros proscritos a duras penas huían por tierras extranjeras y hostiles con grandes tormentos de cuerpo y alma, aquel se mantenía a salvo en su dormitorio y en el seno de su mujer.
Q. Lucretium, proscriptum a triumviris, uxor Turia, inter cameram et tectum cubiculi abditum, una conscia ancillula, ab imminente exitio, non sine magno periculo suo, tutum praestitit singularique fide id egit ut, cum ceteri proscripti in alienis et hostilibus regionibus per summos corporis et animi cruciatus vix evaderent, ille, in cubiculo et in coniugis sinu, salutem retineret.
Valerio Máximo, Facta et Dicta Memorabilia, VI, 7, 2

Esta opinión se mantuvo hasta mitad del s. XX, pero actualmente los estudiosos reconocen que en realidad existen pocos elementos para afirmar tal cosa con seguridad. Es verdad que los personajes del epitafio vivieron en la misma época que Turia y su marido, y tuvieron que padecer el trance de la proscripción, sin embargo también es cierto que hay varias divergencias, por lo cual lo más prudente parece ser dejarlos en el anonimato, con la esperanza de algún día encontrar nuevos fragmentos que arrojen más luz sobre este enigma.
La "dextrarum iunctio" era parte culminante del rito nupcial, pero en el arte funerario simboliza la fidelidad de los esposos. Aquí ella aparece coronada por Venus y él apadrinado por el genio de Roma.
Detalle del llamado "Sarcofago dei Fratelli" en el Museo Archeologico di Napoli. Foto de Marie-Lan Nguyen.
Ya que esta pieza oratoria es bastante extensa solo presentaré algunos breves fragmentos para esbozar las ideas principales. Por comodidad llamaré Turia a la desconocida mujer a quien se dedicó este elogio fúnebre.
1) Cuando ella era una joven, poco antes de casarse, sus padres fueron asesinados, seguramente durante las revueltas de la Primera Guerra Civil (guerra entre Julio César y Pompeyo). Con gran valor ella (su marido tuvo que salir de Roma, luchando en el ejército) pide castigo para los culpables y no descansa hasta que lo consigue:

Con tanta industria desempeñaste tu tarea de amor filial, insistiendo y reclamando, que si hubiésemos estado presentes no hubiésemos podido hacer más.
Tanta cvm indvstria mvnere es pietátis perfvncta, efflagitando atqve vindicando, vt si praesto fvissimvs non amplivs potvissemvs.

2) El testamento de su padre dejaba como herederos a Turia y su marido, pero ella incluso quiso compartirlo con su única hermana (que al ya estar casada, según ciertas leyes romanas, ya no tenía derecho al patrimonio familiar). Pero algunos parientes, movidos por la ambición, quieren declarar nulo el testamento y piden ser nombrados tutores de Turia y administradores de sus bienes. De nuevo ella sola debe ir a juicio para defender la voluntad de su padre y compartir con su hermana.

Después fuisteis insidiadas para que el testamento, del cual éramos herederos, se declarase nulo............
Temptatae deinde estis vt testamentvm, qvo nos eramvs heredés, rvptvm diceretvr .........
Cedieron ante tu firmeza y no prosiguieron la causa. Al hacer esto, tú sola concluiste la defensa que asumiste del deber hacia tu padre, del afecto hacia tu hermana y de la fidelidad hacia nosotros.
Cesservnt constantiae tuae neqve amplivs rem sollicitarvnt. qvo facto officii in patrem, pietatis in sororem, fidei in nos, patrocinivm svcceptvm sola peregisti.

3) Poco después de acabar la Primera Guerra Civil, el asesinato de Julio César volvió a dividir Roma: por un lado los conspiradores (aristocracia conservadora) y por otro lado los seguidores de César (encabezados por los triunviros Marco Antonio, Lépido y Octavio). Pronto los triunviros se hicieron con el poder de Roma y se desató una ola de asesinatos y confiscaciones de los sospechosos de haber participado en la conjura contra César. El marido de Turia, que había combatido en las filas de Pompeyo, fue acusado falsamente por algún enemigo y su nombre fue incluido en la lista de proscritos. Entonces fue Turia la que orquestó todo lo necesario para que su marido se ocultase con éxito y finalmente fuese rehabilitado.

Nuestros secretos, planes ocultos y diálogos arcanos, ahora ¿para qué lo revelaré? Cómo, alertado por veloces mensajeros de peligros reales e inminentes, me salvé por tus avisos.
Qvid ego nvnc interiora nostra et recondita consilia sermonesque arcanos érvam? vt, repentinís nvntiis ad praesentia et inminentia pericvla evocatvs, tvís consiliís conservatvs sim.

4) Su matrimonio fue largo y armonioso y el marido lamenta que ella, que era más joven, haya muerto antes que él.
Raros son los matrimonios tan largos, acabados por la muerte, no rotos por el divorcio: pues nos ocurrió a nosotros, que lo llevamos hasta 41 años sin agravios. ¡Ojalá esta vieja unión hubiese mutado por mi parte! Ya que era más justo que yo, el más anciano, sucumbiera al hado.
Rara svnt tam divtvrna matrimonia, finita morte, non divertio interrvpta: nam contigit nobis vt ad annvm xxxxi sine offensa perdvceretvr.
Vtinam vetvsta conivnctio habvisset mvtationem vice mea. qva ivstivs erat cedere fato maiorem.

5) La única sombra en su felicidad fue la falta de hijos. Incluso ella quiso divorciarse para que él pudiera casarse con otra y así tener hijos. Pero él rechazó enérgicamente esa idea: prefería vivir con ella sin hijos, que con hijos pero sin ella.

¿Por qué iba yo a tener tanto deseo o necesidad de tener hijos hasta el punto que por ello faltaría a la fidelidad, cambiaría lo cierto por lo dudoso?
Qvae tanta mihi fverit cvpiditás avt necessitás habendi liberos vt propterea fidem exverem, mvtarem certa dvbiís ?
Pero ¿para qué [decir] más? Cediendo te quedaste junto a mí, pues yo no podía ceder ante ti sin deshonor mío y nuestra común infelicidad.
Sed qvid plvra? cedens mihi mansisti apvt me, neqve enim cedere tibi sine dedecore meo et commvni infelicitate poteram.

6) En las últimas líneas el marido expresa la profundidad de su gratitud por su vida y de su dolor por su pérdida.

El dolor natural arranca las fuerzas a mi firmeza, me hundo en el dolor y me oprimen este luto y disgusto y no resisto a ninguna de las dos. ...........
Natvrális dolor extorqvet constantiae vírés, maerore mersor et qvibvs angor lvctv taedioqve in necvtro mihi cónstó. .......
La conclusión de esta oración será que tú lo mereciste todo, pero no todo me fue bien para dártelo.
Vltvmvm hvivs órationis erit omnia mervisse te, neqve omnia contigisse mihi vt praestarem tibi.

Sin duda ella fue una mujer inteligente, valiente y generosa. Ella entregó a su marido con plena confianza su vida y sus bienes, y él vivió para agradecérselo y pagarle con el mismo amor y fidelidad, pues solo uno que ama de verdad tiene la humildad para decir: "tú lo mereciste todo, pero no todo me fue bien para dártelo".

Los estudiosos de latín habrán notado varias peculiaridades en la escritura: si quieren profundizar al respecto pueden hacerlo en el enlace que he dejado al inicio.