viernes, 29 de junio de 2012

De brevitate vitae


El filósofo Séneca (Lucius Anneus Seneca) está entre los personajes romanos más conocidos y controvertidos. Por un lado tenemos su producción literaria como filósofo de la escuela estoica, con vehementes llamados al cultivo de la razón y una vida frugal y moderada. Pero por otro lado Séneca desarrolló una agitada carrera política, que le condujo desde su Andalucía natal hasta la corte imperial de Roma. Allí se ganó primero la envidia demencial de Calígula y luego la antipatía del desconfiado Claudio.
El viento de la fortuna sopló a su favor cuando Agripina, mujer de Claudio, lo nombró tutor de su hijo, Nerón. Y cuando el joven Nerón con solo 17 años ocupó el trono (a. 54 d.C.), el poder de Séneca fue ilimitado y sus riquezas incalculables: fueron cinco años durante los cuales el mundo romano fue regido por un filósofo.
Su estrella comenzó a declinar a medida que surgía el verdadero carácter de Nerón, el cual se fue rodeando de personajes tan malignos como él, todos ellos envidiosos del poder y riquezas acumuladas por Séneca. Naturalmente era un blanco fácil de criticar un filósofo que predicaba la moderación y que había amasado unas riquezas fabulosas, aunque él conducía su vida privada con sobriedad.
En vano intentó apartarse de la corte imperial e incluso donar sus bienes al emperador: caído en desgracia, nada le libró de las calumnias de sus acérrimos enemigos políticos. El año 65 Nerón le condenó a muerte, pero él, conforme a la doctrina estoica, prefirió suicidarse cortándose las venas.

Ilustración medieval de Platón, Séneca y Aristóteles. En el MS Hunter 231 (U. 3.4), p. 276, del s. XIV. Actualmente en la biblioteca de la University of Glasgow, Reino Unido. Los escritos de Séneca fueron muy apreciados por la Iglesia cristiana.

Entre sus numerosas obras destacan sus 12 Diálogos o tratados morales. El décimo está dedicado a un tal Paulino y se titula Sobre la brevedad de la vida, del cual extraigo un fragmento en el que podemos apreciar su estilo conciso pero cargado de imágenes impactantes.
Para facilitar el análisis a los estudiosos de latín he separado el pasaje en varios párrafos, que en el original forman un solo párrafo.

Ad Paulinum, De brevitate vitae, 8, 5
Nadie recuperará [sus] años, nadie te devolverá de nuevo a ti mismo. La vida seguirá tal como comenzó: ni volverá atrás ni se detendrá. No habrá tumulto, nada [nos] advertirá de su rapidez: se deslizará silenciosa.
Nemo restituet annos, nemo iterum te tibi reddet. Ibit, qua coepit aetas: nec cursum suum aut revocabit aut supprimet. Nihil tumultuabitur, nihil admonebit velocitatis suae: tacita labetur.
Ella no se prolongará más por mandato de un rey ni por el aplauso del pueblo. Transcurrirá tal como se puso en marcha desde el primer día: no se desviará, nunca se retrasará.
¿Qué ocurrirá? Tú estás ocupado, la vida va a prisa: mientras tanto se presentará la muerte, para la cual, quieras o no quieras, hay que tener tiempo.
Non illa se regis imperio, non favore populi longius proferet. Sicut missa est a primo die, curret: nusquam devertetur, nusquam remorabitur.

Quid fiet? Tu occupatus es, vita festinat: mors interim aderit, cui, velis nolis, vacandum est.

Esta constatación de la muerte como destino inexorable del hombre no conduce a nuestro filósofo ni a una visión frenética ni melancólica de la vida: el sabio no busca vivir muchos años sino vivir bien cada día que le regala la vida.

Ad Paulinum, De brevitate vitae, 7, 9:
Pero aquél que destina todo el tiempo a sus necesidades, que organiza cada día como [si fuese] el último, ni anhela ni teme el mañana.
Pues ¿qué es lo que puedes sacar ahora con una hora de nuevo placer? Todo está visto, todo ha sido experimentado hasta la saciedad.
At ille qui nullum non tempus in usus suos confert, qui omnem diem tamquam ultimum ordinat, nec optat crastinum nec timet.
Quid enim est quod iam ulla hora novae voluptatis possis adferre? Omnia nota, omnia ad satietatem percepta sunt.
Del resto que la Fortuna disponga como quiera: la vida ya está a salvo. A éste se le puede añadir [algo], quitarle nada. Y añadir como al que ya está saciado y lleno de un alimento, que ni desea ni le cabe.
De cetero fors fortuna, ut volet, ordinet: vita iam in tuto est. Huic adici potest, detrahi nihil. Et adici sic quemadmodum saturo iam ac pleno aliquid cibi, quod nec desiderat et capit.
Por consiguiente no hay que pensar que alguien ha vivido más por las canas y las arrugas: aquél no vivió más, sino que estuvo más tiempo.
¿Pues acaso piensas que ha navegado mucho aquél al que, [apenas] salido del puerto, una violenta tempestad le arrastró aquí y allá y por las vicisitudes de furiosos vientos contrarios se movió en círculo en el mismo espacio?
Aquél no navegó mucho, sino que fue muy zarandeado.
Non est itaque quod quemquam propter canos aut rugas putes diu vixisse: non ille diu vixit, sed diu fuit.

Quid enim si illum multum putes navigasse, quem saeva tempestas a portu exceptum huc et illuc tulit ac vicibus ventorum ex diverso furentium per eadem spatia in orbem egit ?
Non ille multum navigavit, sed multum iactatus est.


Doble busto (herma) de mármol (s. III), que representa a Séneca y a Sócrates. Perteneció a la Antikensammlung Berlin. Actualmente en el Pergamonmuseum, Berlín.




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