miércoles, 23 de mayo de 2012

Una anécdota de san Gregorio


Entre los personajes más notables entre finales de la Antigüedad e inicios de la Edad Media encontramos al monje Gregorio, más conocido como el papa san Gregorio Magno (¿540 - 604). Nacido en una noble familia romana, ocupó el cargo de prefecto de Roma, pero a la muerte de su padre renunció a la carrera política, convirtió la villa familiar en un monasterio y abrazó la regla de los monjes benedictinos. El año 579 tuvo que dejar su retiro por orden del papa Pelagio II, quien le nombró diácono y le envió a Constantinopla como legado ante el emperador Mauricio. Allí permaneció seis años y a su vuelta fue secretario del papa Pelagio II, al que sucedió el año 590.
Gregorio impulsó el ordenamiento característico de la liturgia occidental, escribió la Regula pastoralis como guía para el trabajo pastoral de los obispos. Él mismo dio ejemplo de humildad firmando en sus documentos oficiales como servus servorum Dei, en lugar de otros títulos papales. También revivió el espíritu misionero de la iglesia, enviando predicadores a Inglaterra que todavía permanecía en el paganismo.
No es de extrañar que un personaje tan notable en una época tan sombría (entonces Europa era azotada por frecuentes epidemias, guerras e invasiones y los últimos lazos con el imperio de oriente se rompían) quedara como punto de referencia para los siglos siguientes y se le atribuyese la autoría de muchos himnos así como la del llamado "canto gregoriano", que en realidad fue inventado un par de siglos más tarde.
A continuación presento una historia sobre Gregorio que es relatada por el monje inglés Beda el Venerable (¿672 - 735) en su obra Historia ecclesiastica gentis anglorum (Historia eclesiástica del pueblo inglés), en la que se explica cómo nace en Gregorio la idea de evangelizar Inglaterra.
Presento el texto tal como aparece en la Patrología Latina (Migne, PL 95):


Y no se debe callar el relato que sobre san Gregorio se ha transmitido hasta nosotros por una tradición de los mayores: a saber, qué causa le motivo a tener tan diligente preocupación por la salvación de nuestro pueblo.
Nec silentio praeterunda opinio, quae de beato Gregorio traditione maiorum ad nos usque perlata est: qua videlicet ex causa admonitus, tam sedulam erga salutem nostrae gentis curam gesserit.
Dicen que cierto día, habiendo llegado hacía poco unos mercaderes, muchos esclavos habían sido congregados en el foro y muchos se habían agolpado para comprar, y el mismo Gregorio había ido con otros y vio entre tantos unos esclavos jóvenes, de cuerpo blanco y de rostro agraciado y con un color de cabello excepcional.
Dicunt quia die quadam, cum advenientibus nuper mercatoribus, multa venalia in forum fuissent collata, multique ad emendum confluxissent, et ipsum Gregorium inter alios advenisse ac vidisse inter alia pueros venales positos, candidi corporis ac venusti vultus, capillorum quoque forma egregia.
Después de mirarlos, interrogó a aquéllos para que le dijesen de qué región o tierra habían sido traídos, y se le dijo que de la isla de Bretaña, cuyos habitantes tienen tal aspecto.
Quos cum aspiceret, interrogavit, ut aiunt, de qua regione vel terra essent allati; dictumque est quod de Britania insula, cuius incolae talis essent aspectus.
De nuevo preguntó si aquellos isleños eran cristianos o estaban atrapados en los errores paganos. Se le dijo que eran paganos. Entonces suspirando desde lo más hondo del corazón: "Oh que dolor", dijo, "que el padre de las tinieblas posea hombres de rostro tan luminoso y que tanta gracia de la apariencia externa contenga un alma vacía de la gracia interior".
Rursus interrogavit utrum iidem insulani essent christiani, an paganis adhuc erroribus essent implicati. Dictum est quod essent pagani. At ille intimo ex corde longa trahens suspiria: "heu proh dolor! inquit, quod tam lucidi vultus homines tenebrarum auctor possidet, tantaque gratia frontis speciei mentem ad internam gratiam vacuam gestat".
Entonces de nuevo preguntó cuál era el nombre de aquel pueblo. Se le respondió que eran llamados "anglos". Y él: "Bien", dijo, "pues también tienen un rostro angelical y conviene que éstos sean coherederos de los ángeles en el cielo. ¿Qué nombre tiene la provincia de la cual éstos han sido traídos ?".
Rursus ergo interrogavit, quod esset vocabulum gentis illius. Responsum est, quod Angli vocarentur. At ille: "Bene, inquit, nam et angelicam habent faciem, et tales angelorum in caelis decet esse coheredes. Quod habet nomen ipsa provincia de qua isti sunt allati ?".
Se le respondió que los de esa provincia eran llamados Deiri. Y él : "Bien", dijo, "Deiri, de la ira arrancados y llamados a la misericordia de Dios. ¿El rey de aquella provincia cómo se llama?". Se le respondió que se llamaba Aella. Y él aludiendo al nombre dijo: "Aleluya, es necesario que se canten en aquellas tierras las loas de Dios creador".
Responsum est quod Deiri vocarentur iidem provinciales. At ille: "Bene, inquit, Deiri, de ira eruti et ad misericordiam Christi vocati. Rex provinciae illius quomodo appellatur?". Responsum est quod Aella diceretur. At ille adludens ad nomen ait: "Alleluia, laudem Dei creatoris illis in partibus oportet cantari".
Dirigiéndose al pontífice de la sede apostólica y romana, pues él todavía no había sido hecho pontífice, le rogó que enviase algunos ministros de la palabra al pueblo de los anglos en Bretaña, por los cuales se convirtiesen a Cristo, y que él mismo estaba listo para realizar esa obra con la ayuda de Dios, si le agradase al papa apostólico que esto se hiciese.
Accedensque ad pontificem Romanae et apostolicae sedis, nondum enim erat ipse pontifex factus, rogavit ut genti Anglorum in Britaniam aliquos verbi ministros, per quos ad Christum converteretur, mitteret; seipsum paratum esse in hoc opus Domino cooperante perficiendum, si tamen apostolico papae hoc ut fieret, placeret.
Lo cual no pudo realizar entonces, porque aunque el pontífice quiso concederle lo que pedía, sin embargo los ciudadanos de Roma no podían permitir que se fuese tan lejos de la Urbe; más tarde cuando ejerció el oficio del pontificado, realizó la obra deseada tanto tiempo: enviando otros predicadores pero él mismo, para que fructifique la predicación, ayudando con sus exhortaciones y preces.
Quod dum perficere non posset, quia etsi pontifex concedere illi quod petierat voluit, non tamen cives Romani, ut tam longe ab Urbe recederet potuere permittere; mox ut ipse pontificatus officio functus est, perficit opus diu desideratum: alios quidem praedicatores mittens, sed ipse praedicationem ut fructificaret, suis exhortationibus ac precibus adiuvans.
Este relato que recibimos de los antiguos, consideramos oportuno insertarlo en nuestra Historia eclesiástica.
Haec iuxta opinionem quam ab antiquis accepimus, Historiae nostrae ecclesiasticae inserere opportunum duximus.

Beda venerabilis, Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum, II, c. 1. (Migne, PL 95, col. 80-81 ).


Mosaico en la Westminster Cathedral, Londres. Representa a  san Gregorio y Agustín de Canterbury con los jóvenes esclavos anglos. La frase non angli sed angeli es un usual resumen de este episodio.
Habitualmente se suele situar esta historia después que Gregorio regresó de Constantinopla, por lo tanto durante el papado de Pelagio II. (579 - 590) y habría sido a éste a quien Gregorio habría solicitado ser enviado a Inglaterra como misionero.
Los anglos eran un pueblo germánico, de una región llamada Angeln (cerca de la actual ciudad de Kiel, en el extremo norte de Alemania) y su significado sería "estrecho" o "angular". Después del derrumbe del imperio romano de occidente invadieron y se asentaron en Inglaterra.
Respecto a Aela, rey de Deira, sabemos que murió el año 588 y que su reino se extendía por el norte de Inglaterra, cerca de la moderna ciudad de York.
Fue el monje benedictino Agustín (¿ - 604), primer arzobispo de Canterbury, quien encabezó el grupo de misioneros que envió Gregorio y el fundador de la iglesia cristiana en Inglaterra.

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